De personal sanitario y sexología…… o de cómo mirar para ver lo importante

Natividad Fidalgo Rodríguez

 

Cuando nos encontramos frente a la puerta de un consultorio de enfermería o de medicina, podemos estar haciéndonos una pregunta, justo en ese momento de llamar y abrir para pasar: “¿Me estarán esperando a mí, o un rompecabezas que encajar?”

Pero esa sospecha se corresponde con un miedo que suele estar al otro lado, el del “profesional”, el de quien se siente inseguro y teme ciertas preguntas, porque se cree que debe tener todas las respuestas… En un mundo de etiquetas, las preguntas más temidas son aquellas que tienen que ver con la sexualidad. Por sus múltiples implicaciones.

En el proceso de atención, desde que se abandona la facultad, nos vemos obligados a completar la formación. Necesitamos dar respuesta a situaciones que surgen en el ejercicio diario. Por ejemplo, al enfrentarnos por primera vez a la muerte necesitamos tener una base que nos sirva de referencia, para reestructurarnos frente a ella. Para disponer de herramientas con que brindar apoyo a la familia y paciente en todo momento. Con todos los matices de la vivencia que ese paciente en particular y su familia tienen. Porque nadie siente y vive exactamente igual  que los demás. ¿O sí?

En cualquier campo de actuación esto es así, incluido el de la sexología. Lo que ocurre es que no se nos suele animar a ello ni se nos ayuda. Igual que para otras realidades, necesitaremos modelos que nos sirvan de herramientas, y estas pueden ser muy sencillas. Pero… no siempre nos parece esto fácil. Y nos topamos con nuestros posicionamientos, nuestras actitudes. Que están muy, pero que muy grabadas a fuego en nuestros mensajes. Nos posicionamos, seamos conscientes de ello o no…Siempre en dos polos, el positivo y el negativo. Para algunos profesionales es importante ceñirse a las “normas”, y con el corsé de lo normalrecetan maneras de vivir y vivirse, prohibiendo posibilidades en las que ven anormalidad en lugar de riqueza y opciones personales. Otros son “idealistas”, pero de las suyas. Y son viscerales tanto en su defensa como para pasar al ataque. Otros lo toman todo como algo personal. En ellos hay que tener de tu mano a la suerte, pues para que escuchen y se impliquen la demanda les debe tocar muy de cerca… En caso contrario como quien oye llover… y nos quedamos en sequía de respuestas.

Ninguno de estos modelos sirve, no nos permiten manejarnos. Porque vamos a tomar partido, y nos vamos a implicar demasiado. Habitualmente en el ejercicio profesional no lo hacemos. Si un vegetariano nos plantea cualquier cuestión no entraremos en si es normal o no. Si es lo ideal su forma de relacionarse con los alimentos. Ni nos pondremos en su lugar. Ni haremos juicios de valor con consideraciones éticas ni de cualquier otro tipo. Como personal sanitario nos limitaremos a poner a su servicio nuestros conocimientos sobre nutrición y alimentación. Y resolveremos sus dudas acerca de suplementos vitamínicos, minerales o calóricos, o del tipo que sea su consulta, y dejaremos de su parte la toma de decisión final. Y si no nos vemos capaces de asesorar en todos los aspectos que nos soliciten, sabremos qué profesional más especializado será el que pueda prestar el resto de la ayuda, y le encaminaremos hacia él. Yo podré tener cualquier componente normativista, ideológico o de personalización, pero a la hora de atender la demanda soy un profesional, y como tal no haré ningún tipo de valoración de la demanda, ni moral, ni ética ni religiosa.

¿Por qué no hacer entonces lo mismo con las demandas sobre sexualidad?

Alto es el porcentaje de personal sanitario que no atiende este tipo de demandas. Porque piensan que van a poner en juego situaciones que no van a saber manejar. Por las propias implicaciones y las propias actitudes. Y lo que hacen es huir de ellas. El profesional lo que debe poner en juego son sus conocimientos, y dejar al otro la toma de decisiones. En sexualidad, y en cualquier aspecto de la atención.

Y es que además, huir… no es tan sencillo. La vida se vive entre hombres y mujeres, y esta realidad es innegable y lo envuelve todo. Si el profesional no rehuye el abordaje de la esfera sexual el paciente no oculta su problemática y la expresa como una parte más de su salud. Con naturalidad. Pero si no lo hace, también está transmitiendo mensajes. Fomentando mitos y errores. Debe ser capaz de dejar a un lado sus consideraciones personales para poder asesorar objetivamente, aportar su conocimiento y dejar al otro la total libertad de tomar las decisiones pertinentes. No se debe implicar personalmente en algo en lo que no debe entrar.  Como guía en su actuación necesita tener un referente en el ámbito conceptual. Todo ello bien estructurado en el pensamiento del personal sanitario, o de otro modo la demanda se diluye, dificultando en mucho la búsqueda de soluciones.

Y es que con el lenguaje apropiado, las cosas se facilitan mucho. Utilizaremos el modelo de Efigenio Amezúa, adaptándolo al ámbito de la consulta de Atención Primaria.

La Sexología nos da un marco que nos guiará muchísimo. El hecho sexual humano tiene tres componentes: modos, matices y peculiaridades.

Los modos son una categoría bipolar, excluyente una de otra: son el sexo. Este concepto procede del latín “sexare”, separar, y divide a la humanidad en mujeres y hombres. Sexo por lo tanto se es… y se siente, con la convicción de una verdad absoluta. Son nuestras estructuras. Tan variadas… ¿Se han fijado alguna vez por la calle cuán diversos somos? No hay dudas en la mayoría de las ocasiones de qué es quién. Si la discreción nos lo permite, podremos ver diferencias incluso entre gemelos idénticos. La sexología le enseñará al personal sanitario que el cuerpo no es algo que vigilar y someter a criterios y análisis para su correcto funcionamiento y cuidado. Que también. Pero le devuelve al cuerpo su capacidad de templo, de residencia de un abanico de posibilidades. Le arranca del ansia descriptivo para abrirle los ojos a la riqueza y comprensión de la hermosura del ser único e irrepetible en el mundo. Y es tan irrepetible, que tras el aquí y ahora… Le espera un mañana cambiante lleno de posibilidades. Que cada una y cada uno tendrá descubrir, pues no podemos vivir en cuerpos prestados.

Es al tomar conciencia de esa realidad cuando se presenta ante nuestros ojos los matices, la sexualidad. La vivencia personal e irrepetible de pertenecer a un sexo, distinta para cada persona. Vivencia necesita de vivir, cada cual su camino, aunque en ocasiones esto dé miedo. No es un tren que podamos dejar pasar o del que podamos bajarnos. Es nuestro estar en el mundo de la manera más especial posible, nuestra manera. Se refiere a los sentimientos y emociones. Desde el yo y para mí. Si alguien me hace confidente de todo esto, con el mayor respeto podré escuchar… y ahí acabará mi papel. Porque la vivencia le pertenece por entero.

Pero somos sociales, y nos relacionamos con el mundo. En sexología se habla de erótica… y ahí nos asaltan los pudores. Será el tercer componente, las peculiaridades. El cómo mi ser y vivirme  en el mundo me lleva a las formas concretas de expresión de la sexualidad, los comportamientos y la erótica… Entendida como lo que es… una dimensión muy rica. Un camino de experiencias que se acumulan en nuestra propia biografía.  A través de todo lo que aprendemos en ese andar por la vida en el que nunca estamos solos. Nuestra biografía. Hablaremos entonces de respuesta sexual, encuentro, relación de pareja, placer, papeles sexuales, muestras de curiosidad, juego como aprendizaje, deseo, fantasía… Lejos de la visión limitadora y reduccionista de que la sexualidad sólo puede ir encaminada a ciertas prácticas, seremos libres de vivirnos y compartirnos desde el placer y no desde la culpa y la obligación. Dándonos permisos para ser felices y respetándonos y respetando a aquellos con los que tengamos la dicha de encontrarnos.

Con este esquema en mente actuaremos como en cualquier campo de la medicina. Podremos analizar el problema y encuadrar la demanda, para después decidir la forma da afrontarlo. Sin él es muy difícil saber por dónde empezar,  cómo orientar la actuación. No sabremos manejar la demanda ni estaremos en situación de derivar.

Y además, todo influye en todo. Porque no somos máquinas a las que cambiar un componente. La vida nos pone a prueba, y tenemos que crecer y salir mejorados de cada experiencia vital. Y no es fácil.

¿Saben cuál ha sido la experiencia que más me ha cambiado? Ser enfermera, detectar que me hacía mucha falta aprender sobre sexualidad humana y atreverme a afrontar ese aprendizaje. Desde entonces sí que soy capaz de ayudar y comprender las realidades que se me confían día tras día. Ahora sí que veo más allá… Porque mi mirada me deja apreciar lo importante. Que no hay otro más otro que el otro del otro sexo. Y que esas diferencias son un mundo por descubrir de lo más divertido.

Cuídense, al mundo le interesa disfrutar del regalo de tenerles aquí  y, sobre todo, quiéranse.

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