EROS, AHORA EN SERIO

1. Lo más original

En tiempos revueltos la mirada a los clásicos es una bocanada de aire fresco que reconforta y alienta. Eros, el dios del Amor, el concepto que sedujo con su atractivo a una civilización, vuelve a estar entre nosotros.

La actual exposición de Atenas —Eros: de Hesíodo a la tardo-antigüedad: s. VIII a.C – III d.C— no es una simple o corriente exposición sobre erotismo, oportunista o comercial.

Tampoco es una mezcla de corrientes en litigio ideológico o moral. No se presta a la especulación sobre concepciones distintas del amor y el sexo; ni al tan manido debate entre lo prohibido o permitido por unas u otras normativas.

2. Toda Grecia

Tampoco es una apologética ni una defensa. No hay una sola referencia a la moral cristiana o a sus históricos destrozos, entre otros motivos porque termina antes de que ésta empiece. Es de Grecia y sólo de Grecia a lo largo de diez siglos documentados.

Empieza en las estribaciones de Homero y Hesíodo. Se detiene especialmente en la edad de oro de los siglos V y IV, lo que se conoce como época clásica, y continúa con el período helenístico, tras el tiempo de Alejandro y su reconfiguración del mundo.

El recorrido termina en la Grecia conquistada por Roma que, a su vez —y es muy importante subrayar esto— es seducida por la cultura de aquélla. Fue el romano Horacio el que lo escribió de forma lapidaria: Roma vencedora ha sido ganada por los vencidos. Se refería a sus conocimientos y su arte, a sus ideas y conceptos, y a sus estilos de pensar y de vivir.

3. Paleografía

Otro punto importante de esta exposición es el planteamiento desde la paleo-léxico-grafía griega, rastreando, tal vez sin proponérselo, arqueología sexológica. Se trata de la reconstrucción de Eros a través de sus restos y vestigios encontrados y documentados.

Lo que puede ofrecer este paseo es simplemente sensacional. También aleccionador. Y, sobre todo, sugerente. Se trata de una invitación para ver y conocer lo que quedó de un tesón, de una voluntad de creación, desde la raíz, de cómo esta civilización ideó y fraguó su singular idea del amor.

Eros es ese hilo articulador con el que en filigrana se construye una idea del sexo como valor que le sirve de base. Para llegar a esa idea el camino no fue lineal ni simple sino lleno de curvas, muchas curvas, de ensayos audaces, poco a poco, hasta tomar una forma definida.

4. Arqueología

Esta es, pensamos, la gran idea de fondo a la que conducen las 272 piezas expuestas y comentadas en el Museo Arqueológico de las Cícladas desde diciembre de 1909 a abril de 2010 en el centro de la ciudad de Atenas.

En el libro de la exposición se ofrecen, además, artículos de fondo escritos, a su vez, por grandes expertos para dar una semblanza desde una perspectiva amplia de esos mil años.

Reconstruir a Eros desde los inicios en su mundo es entrar en las raíces de una de las ideas más sorprendentes creadas por el genio griego. Y conocer lo que este legado ha significado hasta los comienzos de otra idea que ha tratado de ponerse en su lugar en nombre de la posterior moral cristiana.

5. Más que una invitación

A partir de ahí Eros se convierte en un objetivo a abatir, quizás un símbolo a derrocar por ser el exponente de una forma de vivir el amor que tantas consecuencias tiene para la vida en la ciudad. Y mirar atrás es sin duda una invitación para los modernos.

Es evidente que Eros constituyó una provocación desde muy distintos órdenes. Y que sigue constituyéndolo. Algunos puntos han sido históricamente fuente de polémica, cuando no de escándalo. El caso de las relaciones eróticas entre los del mismo sexo es bien conocido.

Pero no es el único. El caso de la pederastia puede que hoy sea el más escandaloso para una civilización que ha usado ese nombre para lo que no corresponde ni a su noción ni a los hechos.

6. El Eros pedagógico

Para los griegos la pederastia, sobre todo en la época arcaica, fue un rito social de iniciación o acompañamiento de los menores en sus pasos a la vida adulta. Sobre ello existe una bibliografía abundante. Más tarde, bajo el impulso de algunos bien conocidos maestros del pensamiento, esa institución arcaica se planteó como una noción educativa.

El cambio de una institución social, legal, a una noción educativa constituyó uno de los grandes pasos innovadores de lo que Eros significaba para lo que ellos designaban como paideia (educación) en la organización de polis y dentro de la cual fue planteado lo que Platón definió como Eros pedagógico.

Lo que hoy puede sorprender es que los modernos no hayamos sido capaces de sobrepasar los míseros y manidos recursos a la noción de vicio hasta terminar en el callejón sin salida de la óptica persecutoria y penal. Sin duda este contraste no deja de ser una provocación y un escándalo.

7. El producto

Estas y otras sorpresas pueden hacerse patentes en este paseo por esos diez siglos de cultura erótica en Grecia, esa cultura que, como todos saben, forma parte de las raíces de nuestra civilización. Algunos de sus hallazgos son bien conocidos. Otros, no tanto.

Lo que muestra esta exposición muestra es, sobre todo, el origen y la evolución de esa noción de Eros y de cómo lo elevaron a la categoría de dios (que no era sino la forma de afirmarlo como valor), pero también de cómo se valieron de él para organizar sus relaciones tan importantes en la vida de la polis.

De lo que no cabe duda es del tesón y la voluntad de buscar y de innovar, incluso de arriesgar para explicar y situar de forma razonable por un lado el sexo como valor y, por otro, su producto, ese gran producto que es Eros.

8. Detalles y perspectiva

La prueba mayor del interés excepcional de esta exposición puede que esté fuera de ella, aunque los organizadores se hayan cuidado de no perderla como marco.

Nos referimos a El banquete de Platón que, dos mil quinientos años después, sigue siendo la obra de referencia para el debate sobre Eros, el Amor. Como es sabido, esta célebre obra constituye una recopilación de lo pensado en épocas anteriores para abrirlo al futuro.

Dado el carácter fundamentalmente arqueológico y empírico que sirve como línea a la muestra, no trata, pues, tanto de las ideas sino más bien de los hallazgos de datos, inscripciones, dibujos, joyas y, por supuesto imágenes, estatuas, solas o en conjuntos, etc. que tienen a Eros como protagonista o que aluden a él.

9. Estudios

Se trata, pues, de objetos encontrados en excavaciones a lo largo y ancho de Grecia continental y de su gran cantidad de islas que pueblan el mediterráneo, incluyendo lo que, desde Estrabón, se conoce como Magna Grecia, es decir, la parte meridional de la actual Italia y Sicilia, que la formaban.

Los organizadores de la exposición han sido conscientes de ello y se han cuidado de que ese marco de análisis y pensamiento haya sido bien destacado en los textos de su libro-guía.

Los artículos de fondo ofrecidos en él contribuyen a destacar estos rasgos para los interesados. Dos de ellos pueden ser de especial relevancia para esto: el del Profesor Touratsoglou del Museo Arqueológico Nacional de Atenas y el del Profesor Kalfas, de la Universidad Aristóteles de Tesalónica.

10. El icono

La otra prueba, o más que prueba, su exponente por excelencia es el icono de Eros, el daimon o diosecillo alado de las flechas. Este icono sigue manteniendo la perspectiva de conjunto a pesar de que nos detengamos en los distintos objetos.

Aquí y allá podemos observar la gran variedad de formas de expresar, de decir o de hacer el amor a las que ese icono ofrece su unidad y coherencia. Presentado en medio de este cúmulo de variedades y de diversidad, el arquero con sus flechas sobrevuela por entre todos los detalles procedentes de los sitios más dispares.

¿Qué es lo que ha hecho que ese icono resulte universal? Sea un dios o un daimon, un intermediario entre dioses y mortales; un duende o un niño travieso, capaz de inmiscuirse sin pudor en las intimidades; o un efebo seductor con sus ambigüedades; o tal vez todo a la vez —de todo un poco—, lo cierto es que toca y entra en lo más hondo de las sensibilidades, expresadas en el arte.

11. La epopeya

Ese Eros ha atrapado tanto a todos que se ha convertido en el icono que mejor ha expresado el amor a lo largo de los siglos en todas las situaciones de la vida y en todos los status de nuestra civilización.

Es, pues, ese icono el que ha ofrecido el hilo conductor y la imagen del amor a lo largo de los siglos. Por él han brindado cientos de generaciones y miles de millones de sujetos se han dirigido a él como referencia.

Ahora, recompuesto y restaurado, rescatado de entre las ruinas y destrozos y de los intentos de eliminación, ahí está Eros. Ese es el Eros que hemos visto en esta exposición. El testigo de tantas formas de amar entre los seres humanos. Ha sido una gran epopeya, una gran epopeya.

12. El concepto

El icono de Eros, con ese nombre o con otro —El Cupido de los clásicos latinos, el Amor…—, es ya patrimonio de la humanidad, pertenece a la condición humana. Cuando nos dirigimos a él para invocarlo con gratitud o para sonreír con pena por los desaciertos o fracasos. Incluso para reírse de él abierta y cínicamente.

“Los humanos se han olvidado de su vieja condición”, relataba Aristófanes, uno de los invitados en El banquete con toda su seriedad, aunque disimulada bajo su inconfundible toque de humor. “Antes de ser como ahora somos, seguía diciendo, todos éramos redondos. Y un día nos descubrimos cortados…”.

Cortados, seccionados, en su lengua quería decir sexuados. Y por eso, por ser sexuados, atraídos y a la búsqueda de una unidad que reconforte nuestra precaria situación de heridos, o sea, necesitados unos de otros. “Llamamos Eros a eso que, por ser cortados, nos hace ir a la búsqueda del otro”. La gran epopeya de Eros es la de haber dado nombre y entidad —y forma, es decir concepto— a esta realidad.

13. Eros continúa

Difícil poner en palabras esa realidad y definirla. Difícil conceptualizarla, darla un definición, un nombre, una palabra. Los griegos se aventuraron a ello. Y arriesgaron. No quiere decir que acertaran. Ahí están sus éxitos mezclados con sus fracasos. Las discusiones y debates siguen.

Si algo claro tenían es que todo era objeto de debate. Nada era un dogma cerrado. La verdad es abierta y desbordante. Y lo que hacemos es descubrir y encontrar para seguir buscando.

A nuestra manera de ver, ése es el legado que nos han dejado. Una idea, un concepto y un icono para explicar el amor desde el sexo. Eros desde Sexus, desde el hecho de ser cortados: es decir, sexuados. Y ahí está, en resumen, el resultado de su aportación.

14. En tiempos revueltos

Muchos prefieren hoy otra clase de datos. Y recurren a endorfinas y neurotrasmisores para explicar el sexo y el amor. Por ejemplo, cuando llega el día de los enamorados o cuando se habla del amor surgen en el debate más fisiólogos y neurólogos que estudiosos de conceptos.

Es lógico y también un signo propio de los tiempos que vivimos. Pegados a una realidad efímera y vertiginosa, queremos pruebas rápidas de lo que nos sucede, buscamos certezas y seguridades inmediatas. Y, sobre todo, remedios prácticos. La exposición de Atenas nos recuerda esa otra cara de nuestra historia, no para detenernos sino para seguir adelante.

En esta obsesión por lo práctico, Eros nos invita a una gran dosis de libertad y transgresión. También a la sorpresa y a la creatividad. Y a ese límite que es el otro, al mismo tiempo que horizonte. Es la condición sexuada de los humanos que se buscan sin cesar unos a otros.

15. Esa historia

Desde los griegos hasta hoy, a pesar de los intentos de su desplazamiento o de su conversión en otra cosa, Eros no ha dejado de estar presente en nuestra cultura tan hondamente influida por esas raíces griegas. Esta presencia ha sido muy irregular.

A veces con su nombre o su traducción a distintas lenguas. Incluso con su icono inconfundible de diosecillo de las flechas, auque se haya pretendido convertirlo en un ángel de otro mundo, de otra ideología, de otra moral. Tampoco ha faltado su confusión con la porneia, (o pornografía) tan resbaladizamente cercana y sin embargo tan distinta de su universo.

Los griegos crearon ese icono y ese concepto. Y con él se entendieron y se organizaron. Y sin imponer ese universo, esa cultura, sedujeron con algunas de sus ideas que siguen siendo patrimonio de todos. Eros es una de esas ideas, uno de esos iconos, uno de esos conceptos.

16. Ese atrevimiento

Tras su apariencia desenfadada y festiva, Eros es una realidad importante en la vida de todos. No hay nadie que no esté interesado en el amor. Pero los griegos no se conformaron con ser sólo usuarios. Buscaron la explicación de todo.

Y tal vez sea ese atrevimiento, entre ingenuo y descarado, lo que les llevó a plantear algunas cosas que han servido de guía a los que han venido después. Retomar a Eros y profundizar en él en nuestros días también puede resultar una tarea ingenua y atrevida.

Los millones de turistas que viajan a Grecia en nuestros días buscan cosas muy distintas. También, entre otras, por la seducción de la arqueología y las ruinas. Esos vestigios de los que hoy seguimos siendo herederos ante algunas preguntas que ellos se plantearon y las respuestas que se dieron y, con ellas, las nuevas preguntas que dejaron abiertas.

17. Un ejemplo

Esas preguntas a las que ellos se dieron sus respuestas y que a su vez plantearon nuevas preguntas siguen ahí abiertas como una invitación. También, entre esa ingenuidad y ese atrevimiento o descaro, como una provocación.

Sexus y Eros, pueden ser un ejemplo de ello. Después de ver lo que el mundo moderno ha frivolizado y comercializado a Eros hasta juntarlo con la porneia, resulta interesante y reconfortante detenerse en esta arqueología sexológica de los griegos.

El escándalo al que nos hemos referido resulta en este caso estimulante para repensar y replantear el tan divulgado dilema de Thanatos y Eros, cuanto otro de mayor interés que es Sexus y Eros.

18. Revisión

Sexus y Eros (más que Thánatos y Eros) son sin duda los conceptos más creativos de la época clásica cuando se plantearon el amor. De paso, no estaría de más revisar otro manido estereotipo, tan extendido como es la idea del llamado amor platónico.

Este tópico ha venido a significar algo así como un sinónimo de sublimidad, ajeno a los deseos y a la realidad. Las variedades de Eros no son reductibles a un una. Y, menos aún, sin revisar, a su vez, el posterior dualismo reductor.

Esta acumulación de tópicos reductores ha sido tan grande que la exposición y sus datos resultan una bocanada de aire fresco y reconfortante. Luego, y más despacio, se puede ver que la tarea es grande. Sin duda una gran tarea, también ardua y apasionante, como toda reconstrucción.

Efigenio Amezúa

Eros dormido

eros

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