EL SIGNIFICADO AUTÉNTICO DEL HOMOSEXUAL

El significado auténtico del homosexual

La palabra homosexual, tiene solamente algo más de un siglo. Y, muy curiosamente, no significa homosexualidad masculina. El término invita a la confusión. Homo no quiere decir hombre, sino «el mismo». Como homogéneo, por ejemplo. Homo-sexual quiere, pues, decir «del mismo sexo».

Hubo una época –hace ahora unos sesenta años– en que daba mucha vergüenza pronunciar la palabra homosexual. Se tendía entonces a utilizar un sinónimo: homofilia Era el cambio de sexual por filia. Filia quiere decir amistad. Y en aquellos tiempos –todos lo sabemos– también se tenía miedo a usar el adjetivo sexual, incluso tratándose de la heterosexualidad. De entonces viene el hecho de que algunas organizaciones de diversos países, dedicadas o compuestas por homosexuales, se designaran bajo el término de «Homofilia».

Para hablar del fenómeno homosexual en términos culturales suele usarse el término de homoerotismo. Corresponde a una tradición más inspirada en el amor que en el sexo. Suele todavía decirse que homoerotismo y homofilia son menos «hirientes» que homosexualidad. Las diferencias son justificables, pues, por razones de pudor, a pesar de las raíces histórico-culturales en las que aquí no vamos a entrar, a título informativo, puede leerse la obra de Efigenio Amezua, «la erótica española en sus comienzos» (Ediciones Enlace), en la que hemos tratado más directamente este tema, al hablar del homoerotismo griego heredado de Platón…

TODOS SOMOS BISEXUALES

Sin embargo, hay otros calificativos que son ciertamente impropios o inadecuados. Como, por ejemplo, bisexual. No todo homosexual es bisexual. Ni al revés. Todos somos de algún modo bisexuales en la medida en que tenemos algo del otro sexo, tanto endocrinológica como psicológica y socialmente. No debe, pues, aplicarse al fenómeno homosexual cuando quiere hablarse con propiedad.

Otro término impropio es el de sodomita. La sodomía consiste en la práctica del coito anal. Pero un hombre puede practicar la sodomía con una mujer, lo mismo que con un hombre. No es, pues, un término propio para designar la homosexualidad. Aparte de esto, ciertos homosexuales practican la sodomía; otros, no. El nombre de sodomía viene etimológicamente de Sodoma, la ciudad de Palestina condenada por el Dios de Israel al fuego, a causa de sus costumbres licenciosas. La aplicación a la homosexualidad es impropia e inexacta.

Algunos apelativos pueden ser equívocos, como los de invertido, perverso o desviado. Dentro de una perspectiva científica, suelen usarse estos apelativos. Así, Havelock Ellis tituló su obra sobre la homosexualidad «La inversión sexual». Sería muy bueno que en nuestros días encontráramos otra forma de hablar un poco más apropiada. El término homosexual es exacto, y sería el más indicado, si la sexualidad fuera revalorizada y vista como es.

Otros apelativos de uso más o menos populares no solamente son impropios, sino hirientes e insultantes. Son fruto de una sociedad machista, que ha visto en la homosexualidad una desgracia y un insulto más que –por supuesto– un hecho humano. Tales son los nombres de acaponado, sarasa, mariquita, marica, pato, blancanieves, sape y un montón de ellos más, que pueden verse en el «Diccionario secreto» de Camilo José Cela. Todos ellos tienen una enorme dosis de aversión y crueldad. Son obra de picaresca y represión bien netas.

Efigenio Amezua

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