ASÍ SE HACE EL AMOR SEGÚN CADA EDAD

amor

EN LA INFANCIA “LA BUSQUEDA”

En la infancia no se hace el amor, si por tal se entiende la relación sexual completa. Sin embargo, si hay amor. Hemos dicho ya en otras ocasiones que hacer el amor no es unir un pene y una vagina en un acto sexual. Hemos dicho que hacer el amor es hacer la vida en masculino o femenino y en masculino y femenino. Y en relación. Según esto, los niños hacen el amor.

Dicho de otro modo: viven su sexualidad y su erótica. Viven una dimensión de relación. Lo que sucede es que el niño está muy concentrado en sí mismo, y busca el modo –le está creando, haciendo- de descubrir al otro y de contar con él. Esta búsqueda es, si se nos permite, un modo primario y elemental de hacer el amor.

EN LA ADOLESCENCIA “SOLEDAD”

Generalmente, el adolescente no vive la relación sexual completa. Vive la masturbación. Se ha dicho que la masturbación es un acto solitario. Habría que entenderse sobre este punto. De hecho, la masturbación suele estar siempre poblada de imágenes. Y estas imágenes son una forma de comunicarse mediante la fantasía de dialogar y de relacionarse. ¿Es precario? Puede que en muchos casos sea más rico y fecundo que el acto de quien se relaciona, de hecho, con personas reales.

Lo cierto es que –veámoslo como nos parezca- el acto solitario no es tan solitario. Es un preludio, una exigencia de hacer el amor con otra persona, aunque ésta solamente sea imaginaria. Podíamos decir que es un modo de hacer el amor a medias, o de un modo excesivamente individual.

EN LA JUVENTUD “MOMENTO PROPICIO”

La relación entre personas distintas es ya un hecho hacia el fin de la adolescencia, y lo es más –y definitivo- en la edad juvenil. Puede ser calificado este modo como el más rico de hacer el amor. Son dos personas que se quieren, se relacionan, se unen.

Sin embargo, todos sabemos que la inexperiencia y un sinfín de otros factores están condicionando de muchas formas esta relación. De ahí que, aunque sea un momento propicio, no es aun lo que podría ser calificado como pleno y maduro. El vigor juvenil oculta –pero también sustituye- otros grados y formas de relación que irán viniendo con los años.

EN LA MADUREZ “PAREJA

En la etapa adulta las dos personas que forman una pareja, hacen el amor con el mayor número de elementos propicios para que ese amor sea integrador gratificante y feliz.

Podríamos incluso decir, con toda certeza, que esta época de la vida es la más propicia para hacer el amor con la eficacia y para sacarle todo el jugo a esa relación intersexual humana. Es la madurez en todas las dimensiones de la vida. También en la sexualidad.

EN LA EDAD ADULTA “REALIDAD ERÓTICA

Lo curioso y significativo de la edad adulta es que suele empezar a ver las cosas más con la realidad que con la ilusión. Y los registros –cuando decae aquella- se acortan y limitan. La realidad se hace más vulgar y a ras de tierra.

Por eso, esta edad puede tener el encanto propio de la edad madura, tanto como el presagio de la vejez. Entre las dos edades con que limita suele hacerse el amor en ésta, que está mucho más cerca de la anterior que de la siguiente. Los registros humanos están a pleno rendimiento. La realidad erótica es rica. Solamente haría falta un poco más de realismo y un poco menos de pesimismo.

EN LA VEJEZ “DEPENDENCIA DE LA PERSONALIDAD”

La vejez vuelve a sincronizar con la infancia y a revivir muchas realidades parecidas. Pasados los sesenta, la vida sexual –ya en su declive- tiene unas características muy asimilables con todas las edades anteriores. Es tal vez el capricho, más que el encanto, lo que la rige.

Y el capricho puede lindar con el fetiche. Así como en la infancia la sexualidad era zonal, así también en la vejez la sexualidad puede quedar fijada en una serie de comportamientos. Hacer el amor es otra cosa. ¿Cuál? Depende mucho de la concepción vital personal de cada uno y cada una. Lo cierto es que una educación sexual –o una reeducación, como hemos apuntado- puede ser algo fundamental.

 

                Efigenio Amezúa

Convivencia Sexual (1978)

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