EL ARTE DE ACARICIAR

EDUCAR LOS SENTIDOS Y DESCUBRIR EL PROPIO CUERPO

El arte de acariciar

Lo primero que debe tenerse en cuenta para aprender a acariciar es que haya una persona a la que acariciar y de la cual recibir caricias.

Una pareja, he ahí lo que primero hace falta para el arte de acariciar. Pero sabemos muy bien -por las investigaciones que se han hecho en este campo- que el descubrimiento del propio cuerpo y de las propias potencialidades ayuda a compartir las caricias y a llevarlas a buen término. Es el caso de las mujeres que nunca han visto su cuerpo desnudo, que nunca se han dado cuenta de lo que su cuerpo es para ellas, de las que esperan que todo sea hecho por el otro.

El descubrimiento del propio placer es una ayuda para compartirlo luego en la pareja. La persona que nunca se ha masturbado suele ser pobre en pareja. Es un dato que puede resultar chocante. Pero es algo que está confirmado hoy por las encuestas, por ejemplo, sobre la frigidez. Si todo se hace en pareja, no es menos cierto que cada cual aporta su biografía personal.

Desde pequeñitos sería conveniente que hubiera una iniciación a las propias sensaciones, a tocar, a oler, a gustar, a respirar, a descubrir las sensaciones que el propio cuerpo percibe y provoca, porque eso es –en su base- una educación de la sensibilidad. Reprimir este campo rico del potencial humano lleva a la atrofia y a conflictividades. Potenciarlo y educarlo lleva a una sensibilidad exquisita. Los grandes genios del arte tienen en su biografía situaciones muy elocuentes para esto que nos ocupa.

HEMOS ABUSADO DEL RACIONALISMO

La sexualidad no es «algo aparte», si no, básicamente, un estilo y un modo de ser delicado, sensible y exquisito en la vivencia de la erótica. De ahí la necesidad de este cultivo para un buen arte de acariciar.

Todo cuanto estamos sugiriendo nos lleva a una educación de los sentidos, a una vivencia sensual. El mayor defecto que en esto hemos sufrido es el de haber atrofiado las posibilidades sensoriales, promocionando hasta el exceso el racionalismo y la intelectualidad.

Sería muy bueno –y muy de desear- una educación sensorial para todos desde muy pequeños. Los que no la han tenido pueden hacer una reeducación, una resensibilización. Es un punto que, además, estamos necesitando mucho hoy, ante el ajetreo de la vida actual, hecha de tensiones y de amenazas publicitarias, de ataques comerciales y de consumo. Es, en definitiva, una educación para la creatividad.

La vida en pareja necesita mucho de esto. Por eso creemos bueno señalarlo como un punto básico y general, un clima y un ambiente sin el cual la sexualidad está condenada a ser vivida muy pobremente. Y, por consiguiente, la relación erótica y sexual entre la pareja.

Efigenio Amezua

Convivencia (1975)

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