EL ARTE DE ACARICIAR

NO ES IMPRESCINDIBLE LA PASIÓN JUVENIL

El arte de acariciar

Un segundo punto que os parece interesante es que para acariciar no es preciso estar enamorados ni poseídos de un aliento divino, sea su procedencia de Eros o de la pasión más encendida. Generalmente, se ha dado una exagerada importancia a «lo interior», hasta el punto de que una pareja que no se quieren porque «no están enamorados», «porque su amor ha terminado».

Este espejismo viene de una deformación cultural, que consistió en dar prioridad a la pasión sobre el deseo. Sucede con frecuencia que las caricias son reservadas para gente joven, para parejas jóvenes, que están «locas de amor». Y las parejas de años dejan de lado el acariciarse, porque «ven esto ridículo». Nos hemos guiado mucho –como decíamos- por la pasión y muy poco por el deseo, Así, muchos dicen: «Es que no siento ya lo que sentía en otro tiempo. Entonces salía de dentro, pero cuando hay que esforzarse para que eso salga…, malo». He ahí la formulación más clara de este error. La pareja se hace día a día. Hay días en los que los sentimientos surgen espontáneos y hay días –o temporadas- en que los sentimientos se encuentran un poco abotargados. Las caricias son, en tales casos, artífices de los sentimientos..

Así, muchos dicen: «Es que no siento ya lo que sentía en otro tiempo. Entonces salía de dentro, pero cuando hay que esforzarse para que eso salga…, malo». He ahí la formulación más clara de este error. La pareja se hace día a día. Hay días en los que los sentimientos surgen espontáneos y hay días –o temporadas- en que los sentimientos se encuentran un poco abotargados. Las caricias son, en tales casos, artífices de los sentimientos.

Dejar de lado las caricias «porque no salen con naturalidad», es ir dejando una actitud de ternura para acostumbrarse a una monotonía que a muchos lleva a la separación, a la lejanía, a sentirse como extraños. En muchos casos cabría recordar que «el comer y el rascar, todo es empezar». Una cosa que se entiende muy bien. En la erótica y en la ternura esa máxima tiene igual valor.

Con esto no queremos decir que no tenga que haber «algo» que une a dos personas. Nuestra intención es destacar que en las cosas del amor se ha sacrificado todo en aras de los sentimientos, en lugar de centrarse en las actitudes. De ahí que cuando los sentimientos decaen o se oxidan, todo amenace con venirse abajo. En pareja, no son solamente sentimientos. Son sensaciones, sensibilidad, delicadeza, estar juntos, hacer la vida juntos, proyectos, trabajos, etcétera. Hacer la vida juntos es algo más que un sentimiento. Es una actitud básica y fundamental que une. El fomento de esa unión viene por m´s de un polo que el sentimiento.

LA FIDELIDAD, SIN ESCLAVITUD

Muchas parejas pasan tiempos largos sin besarse, sin acariciarse, sin regalarse algo, sin gestos, sin detalles… Dicen que se han acostumbrado. No estamos lejos de comprender que entre ellos no hay capacidad de sorpresa. El «estar locamente enamorados» es algo pasajero y juvenil. Los años dan a la pareja una tonalidad que no es precisamente la de «estar locamente enamorados», sino la de hacer la vida juntos y la de hacerse felices con otros modos que los únicos vividos hasta entonces.

Al lado –o después- de pasados los devaneos primerizos, excitantes y pasionales por su novedad y su sorpresa, viene la actitud de estar el uno con el otro sin las borrascas que dieron los comienzos. En este estar se va haciendo una entrañación más honda, aunque menos percibida en ocasiones. Hay en la costumbre un lado temible, que es la monotonía, y hay un lado encantador, que es la fidelidad, no como esclavitud, sino como valor. De ese dentro sale una ternura nueva. Es el hacerse más pareja en la intensidad y en el tiempo, en el «no pensar ni vivir en solitario». Es el dos en uno.

El arte de las caricias no es ya –por lo común- exacerbado, sino de calma y de sosiego.

Efigenio Amezua

Convivencia (1975)

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