¿Olvidar, perdonar, o intentar comprender?

olvidar

En otros tiempos se recurría al duelo para reparar el honor perdido, o a lapidar a la mujer infiel para público escarmiento. Actualmente llegó la hora de podernos entender de otro modo. De entender aquella frase del Evangelio –tan usada y tan poco seguida- que dice: «el que de vosotros esté sin pecado que tire la primera piedra».

Una actitud bastante común: se intenta olvidar sin lograrlo. Se intenta no pensar más en ello. Se intenta borrar y hacer cuenta nueva sin conseguirlo. Es éste el juego cómico de decir que se perdona –por decir algo- y llevar, sin embargo, muy en el fondo, la herida abierta. Esa herida duele continuamente. «Yo la he perdonado, pero lo que no puede pedirme es que me olvide de ello».

Otra actitud: la de olvidarlo en apariencia. «No se hable más de eso aquí». Esto se da en muchas parejas. Es como mentar la soga en casa del ahorcado. Es tocar el tabú cuando algo va por ese lado. Incluso hay, de vez en cuando, indirectas sinuosas que llegan hondo. «Yo bien sé por dónde vas y dónde apuntas». Consiste esta actitud, pues, en hacer como que nada ha pasado, cuando, en realidad, la procesión sigue por dentro. Es, una vez más, hacer la comedia de otro modo.

POR QUE CUESTA TANTO PERDONAR Y OLVIDAR

Tal y como somos, ni perdonar ni olvidar son cosas fáciles. Yo diría, incluso, que es muy explicable que ni se perdone ni se olvide, al menos en profundidad. La razón –por lo que hemos podido observar- es que de nada sirve tratar de olvidar una cosa que ha dolido, si no se pone nada para ello. De nada sirve decirse a sí mismo o decirle al otro que «eso se olvida» o que «como si no hubiera pasado». A un nivel consciente puede explicarse. A un nivel inconsciente, no puede jugarse con esas cartas. Y ahí radica el punto más crucial. En que se olvida que el inconsciente está ahí para bien o para mal. Y se olvida con mucha frecuencia que las relaciones de pareja no van por «la buena voluntad» ni «los buenos propósitos», sino por otro lado. Van –mal que nos pese- por sentimientos. Y los sentimientos tienen su propia ley de juego. No la que queramos imponerles.

EL CAMINO MAS SIMPLE ES SIEMPRE LA SINCERIDAD

Por lo que hemos podido observar, el camino más simple en estos casos –de infidelidad- sería el de no tratar de jugarse la comedia, sino de ver las cosas tal y como son. Sin disimulo. En sinceridad. Cuando una cosa duele, no es degradante reconocerlo. Cuando se siente rabia contra el otro, porque ha hecho una cosa que ha dolido, no es ningún bochorno el sentir rabia. A esto llamamos seguir una actitud sincera, y no seguir la ley de la comedia o del disimulo.

Puede darse una buena voluntad de perdón y, sin embargo, seguir recordando los hechos. Puede, por el contrario, seguirse recordando los hechos y, sin embargo, llegar a verlos con otros ojos. Puede también verse a la otra persona de otra forma, a pesar de lo sucedido. Incluso precisamente por lo sucedido. Para evitarlo es necesario ser capaz de asumir las cosas tal y como son. Difícil tarea, precisamente porque toda la educación que nos ha formado ha seguido la ley del esfuerzo, de la violentación y del disimulo.

ES ABSURDO DECLARAR «MATERIA RESERVADA»

Declarar una cosa «materia reservada» es el modo más cierto y directo de convertirla en «interés intrigante». Es el mejor modo de crear la intriga en torno a ello. Cuando una pareja pone una losa encima de unos acontecimientos, esos acontecimientos salen por resquicios de un modo indirecto. Digámoslo de un modo más claro: el pus y la gangrena brotan por debajo de la opresión. Más gráfico aún: « Cuando no se raja, se encona». De ahí esta sugerencia: mostrar los sentimientos y las reacciones tal y como son.

No se trata de «tratar de superar» ni de «intentar no pensar», ni de «hacer lo que sea por olvidarlo o deshacerse de ello». A todo eso es a lo que se nos ha acostumbrado. De ahí la multitud de resentimientos que surgen por cosas que se han ido guardando y acumulando, y que revientan de modos muy ladinos. Insistimos: no se puede hacer la comedia impunemente.

PERDONAR NO ES LO QUE COMUNMENTE SE PIENSA

Se habla de perdonar con una frecuencia que hace pensar en pura superficialidad. Sería mucho más útil conversar y tratar de comprender. No haciendo esfuerzos, sino simplemente en una actitud de apertura y de aceptación. Esto no quiere decir que «se admira todo», y que «se esté de acuerdo con todo». Quiere, simplemente, decir que hay cosas difíciles de digerir y de comprender, en virtud de sentimientos.

Por supuesto que, en la mayor parte de los casos, hace falta cambiar de criterios y de categorías. Por ejemplo, cambiar el juicio y la sentencia por el diálogo y la comprensión. No se trata -¡ojo!- de una comprensión lastimera o paternalista, tal y como siempre se ha entendido el perdón. En el fondo, es imposible el perdón que no pase por la comprensión.

LA FALSEDAD DEL «COMO SI NO HUBIERA PASADO NADA»

En muchos casos se toma la actitud de «perdonar» y «olvidar» por la vía del «como si no hubiera pasado nada». Una nueva forma –otro más- de hacer comedia y de obrar siguiendo el camino del «como si…». Camino que se ha frecuentado mucho y camino que es muy corto. La actitud del «como si…» es la actitud del avestruz. Es inútil decirse que «ahí no ha pasado nada» cuando, en realidad, «ha pasado algo».

El reconocimiento de lo que ha pasado puede llevar a conocerse mejor y a quererse más, a pesar de lo que ha pasado. El hacer el avestruz es tratar de evitar –por miedo- situaciones que en una pareja pueden ser muy benéficas para los dos. Estas situaciones suelen servir, generalmente, para unir más a los que se quieren, y para separar más a los que no se quieren. Si se tiene esto en cuenta, puede verse que vale la pena no jugar al avestruz, sino ir a la sinceridad. A no ser que los dos sean unos simuladores, en cuyo caso pueden muy bien hacer lo que prefieran, que todo irá por la comedia hasta que ésta se vuelva tragedia.

Efigenio Amezúa (Sexólogo)

Convivencia Sexual (1978)

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