ORGÍAS DE NUESTRO TIEMPO

orgia

Las fiestas comercializadas poco tienen que ver con el hondo sentido de una celebración sexual.

A lo largo de la historia ha habido casos de grandes burgueses o adinerados que han organizado orgías, bajo el apelativo de bacanales romanas. Incluso en nuestros días se dan casos, que a veces salen en la prensa, de organizaciones secretas cuyo fin es el «revoltijo» general. Algunas prostitutas de lujo y de gran «standing» son llamadas para estos menesteres. En algunos casos se mezclan rituales exóticos y esotéricos imitados de pueblos primitivos sobre escenarios de hoy.

Ante estas situaciones es posible que alguien piense que son celebraciones del sexo u orgías rituales. Sería necesario resaltar que hay un factor que deshace en estos casos toda posible relación con el sentido festivo o celebraticio. Este factor e el dinero, que convierte la fiesta en una parodia para beneficio de algunos.

MONTAJE COMERCIAL

El mismo factor –dinero- lleva hoy a algunas empresas a la organización de reuniones o de montajes más o menos apañados, de forma que sus miembros o los que comercialmente son reclutados, encuentren la satisfacción de unos deseos reprimidos por la sociedad reinante. Sería también bueno resaltar en tales casos que el aparato comercial es un elemento que no tiene nada que ver con el sentido festivo de una celebración sexual.

Algunos bailes célebres, dentro de grandes familias de la alta sociedad, han existido siempre para memoria de las auténticas fiestas antiguas. Ni que decir tiene que estas ceremonias no son más que manifestaciones chocantes para muchos, pero nunca pueden ser consideradas con el protagonismo festivo que implica la celebración.

Lo que está revelando estos casos es más una hipocresía de moral doble que una traza de festividad. Personas que públicamente son conocidas como serias y graves, se descubren –o más bien son descubiertas. A veces como participantes de estas orgías compensatorias de su exhibicionismo respetable.

MOVIMIENTOS HIPPYES            

Otro aire sopla en ciertos movimientos juveniles, que han intentado revivir las fiestas del placer en algunos países occidentales. El caso de ritos y festejos que han tenido lugar en California en los años 60, revela una sed y una nostalgia de una vida vivida de otro modo. En algunos casos se ha tratado de intentos llevados a cabo con provocación de escándalo, encaminados a que la gente tome conciencia de la falta de libertad o de la falta de gozo con que el ciudadano de hoy suele vivir aplastado por el peso grisáceo de sus obligaciones.

Intentos de este estilo han ido produciéndose desde la aparición de los movimientos hippyes o similares. Con una buenísima voluntad de lograr un retorno a las fuentes de lo natural en todas las manifestaciones de la vida, incluida, evidentemente, la sexualidad. En algunas grandes ciudades europeas estas acciones han sido seguidas con una intención similar: la de buscar  un nuevo sentido a la vida, entre la danza, el juego  y algunos rituales reinventados.

FIESTAS PAGANAS

Por lo general, estas manifestaciones minoritarias han ido quedando en casos aislados. No cabe duda, sin embargo, que su mensaje –si así se nos permite hablar- queda ahí, por encima de una gran tragedia: la comprobación de que nuestra civilización toca a su fin en una serie de formas y modales, que ha venido manteniendo por inercia o fuerza de las costumbres restrictivas y de una gigantesca inhibición sexual.

Hemos tenido notica también de algunas manifestaciones en nuestra sociedad de cosas similares en la noche de San Juan. La primavera, la música y la danza… con un intento de fiesta pagana en la que el sexo estaba también incluido en el programa. Intentos que, dentro de la buena voluntad, o el snobismo revelan un afán de volver a otras épocas. También –y sobre todo- una sed de buscar esquemas nuevos dentro de la incomodidad y angustia que a veces acecha al hombre de hoy, mecanizado, tecnológico y con una palpable sed de mas..

FANTASÍAS ERÓTICAS

Hay dos muestras en nuestra sociedad que son como gritos y susurros entre ahogados o reprimidos, de este residuo ancestral que es la sed de orgía o la necesidad de fiesta en la sexualidad. Una de ellas son las pintadas que a veces encontramos sobre las paredes, con slogans entre reivindicativos y chocantes. Es el caso del «Viva el orgasmo colectivo», por dar sólo un ejemplo entre muchos. Una incitación, una provocación, un grito que queda ahí, sobre una pared y ante el que cada cual, al pasar, se siente simpatía o repulsión.

Otra manera –más de susurro que de grito, o más bien de grito ahogado- es la manifestación imaginaria de escenas caóticas, a veces en sueños, a veces en estado de vigilia bajo forma de ensoñación. La imaginación resulta en muchos casos en reducto sacrosanto en el que nadie puede entrar, y en el que son posibles todas las celebraciones. Ni que decir tiene que se trata de eso: el reino de la imaginación, como una mitología privada de la que –y en la que- cada cual tiene sus dioses, deseos que nunca serán realidad. Las fantasías eróticas tienen –al menos- una ventaja: la de ser inocuas y no estar amenazadas ni con el internamiento en un psiquiátrico ni con el incumplimiento de la cárcel… son las únicas fiestas de la sexualidad que pueden celebrarse sin alteraciones ni riesgo.

EVASIÓN DE LA DROGA

La droga viene a ser, de este modo, un nuevo ritual sagrado muy similar al culto dionisíaco, al menos en algunos de sus matices. Es la evasión y la huida. Es la excepción. Es el viaje al reino de los dioses, mediante estimulantes bioquímicos, lo mismo que en otros tiempos se hacía mediante ritos o danzas para entrar en estado de trance, en estado psicodélico, que hoy decimos, de una forma sustitutiva o reemplazante de comportamientos de otras épocas. Pero es indudable que la droga no es un medio idóneo para la recreación, y encierra graves riesgos.

Reunirse en pandilla para fumar “petas”, o tomar anfetaminas, tiene mucho de evocación de reuniones mistéricas que han tenido lugar durante todos los tiempos  bajo la imploración de un dios o el patrocinio de una mística secreta. Su carácter catacumbático y clandestino es lo único que separa estas prácticas de ser una fiesta pública. Por el resto, muchas semejanzas podemos encontrar: la evasión de lo cotidiano, la entrada en otro mundo o reino, el carácter temporal o de corta duración que lo sitúa como algo excepcional y separado, etcétera. Todo nos lleva a ver estas manifestaciones como búsquedas –decíamos- de más…

Efigenio Amezúa (Sexólogo)

Convivencia Sexual (1978)

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