UNA REALIDAD UNIVERSAL CON FORMAS DISTINTAS

Una realidad universal con formas distintas

En todas las culturas se dan formas de celos. Son una manifestación del afán de poseer, y del miedo a perder a la persona querida. Este afán de poseer se reviste de formas muy diversas. Así, en nuestro siglo de oro español podemos encontrar los más asombrosos relatos en defensa de “esa propiedad privada que ha sido la mujer”. Lo mismo puede decirse del invento del cinturón de castidad. Es todo un signo de propiedad y de miedo a que alguien entre en casa de propiedad privada.

Linton ha observado cómo en las islas Martinicas –en donde reina una gran libertad sexual– los indígenas sienten celos cuando están borrachos o “drogados”. Curioso modo –concluye– de ver cómo por debajo de las leyes el incosciente aflora. Y con él el deseo de posesión y de exclusividad. Daniel Lagache, autor de una obra clave en este tema, afirma la universalidad de los celos y lo mismo que la universalidad de la cultura en sus diversas formas.

Los mismos estudiosos de la vida animal dan testimonios de los celos entre animales. ¿Dominio? ¿Propiedad? ¿Posesión? Los ecólogos se refieren cada vez menos a ese tópico común llamado instinto, y cada vez más al aprendizaje psicosocial y cultural. Sistemas de relaciones, modos de comportarse. Leyendo a Lorenz comprendemos que también entre los animales se dan estos mismos fenómenos. Un hecho universal de todas las razas. Para todos los gustos. Y, como hecho cultural, solamente cambian las formas de ser vividos y expresados.

Revista Convivencia (1975)

Efigenio Amnezua

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