El contínuo de los sexos

Entre las nociones introducidas por la primera generación de sexólogos una muy interesante es la del continuo de los sexos. Tratando de desentrañar la interacción que se da entre uno y otro sexo, Magnus Hirschfeld estableció una comparación que, de por sí, es visual entre los sexos y los platillos de la balanza con la que se suele representar la idea y la práctica de la justicia.

¿Qué es de un sexo y qué es de otro? ¿Quién tiene más o menos razón? ¿Quién tiene más o menos valor? ¿Quién toma más o menos la iniciativa? El acceso a la igualdad total, tal como ha sido planteado en nuestros días, hace más y más visible esta noción de continuo de los sexos. Alguien sugiere, en este momento, una mayor cercanía planteando la semejanza entre lex y sex. Es una hermosa metáfora que alguien ilustró con diosa de los ojos vendados al fondo.

Pero, más allá de la didáctica que nos trae esta metáfora, está el mismo continuo de los sexos, como un axioma, un principio, una lex de otro orden. Cualquier planteamiento de los sexos por separado, independiente uno de otro, está condenado a la deriva. Dicho de otro modo: cualquier planteamiento fuera de ese continuo puede ser de interés para otros objetivos pero el planteamiento de los sexos como sujetos sexuados es, propiamente hablando, la formulación de un continuo que va de uno a otro.

Para explicar los muchos problemas que se plantean sobre los sexos se suelen usar otros patrones. Por ejemplo el del diálogo entre la biología y la cultura (o de lo biológico y lo social); o el del cuerpo y el alma ( de lo somático y lo psicológico). Muchos de estos planteamientos han tratado de explicar aspectos del sexo o de los sexos.

La novedad más importante de la noción de continuo de los sexos puede hacer pensar que es del orden de lo obvio: cuenta con ambos sexos; parte de los dos. Al establecer como base la idea del continuo de los sexos, renuncia a que uno sea más o menos que otro. Lo que plantea es que ambos son y cuentan por igual. La mayor aportación reside, pues, en la noción misma.

Tras el planteamiento de la superioridad de un sexo sobre otro, se ha planteado el de su igualdad. El que plantea la noción de continuo de los sexos es de otro signo muy distinto. Es algo que solemos saber desde la propia experiencia: la relación sexuada es de este orden.

De lo que se trata, pues, es de poner en juego esa noción. En ocasiones, ante los dramas y las tragedias, el término jugar puede parecer frívolo o molesto. Pero interesa mantenerlo por la misma definición. Si se encuentra otra mejor, sea. Pero hasta el momento no la hemos encontrado.

Los sexólogos han construido una serie de tácticas y estrategias sobre esta noción de juego de los sexos con la base del continuo. Ella sirve para el trabajo de la educación sexual, así como para el asesoramiento y la terapia.

Como toda noción, ésta del continuo de los sexos constituye un plan teórico con dimensiones prácticas. Y, en ocasiones, no se produce una distancia capaz de distinguir los problemas reales que hacen sufrir de lo que estamos llamando juegos que tienen, de por sí, un aire deportivo. Pero, gracias a esa perspectiva, los árboles no impiden ver el bosque; aquellos son parte de éste.

E.Amezúa (“Sexologemas”)

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