LA PEDERASTIA O PAIDOFILIA

Artículos de sexología y sexualidad. LA PEDERASTIA O PAIDOFILIA

A. El factor edad

La peculiaridad de la pederastia tiene su denominación de origen en la Época Clásica de la cultura europea, de ahí su terminología greco-latina: pedé, de paidós: niños; y erastés o filós que significan atracción, deseo, amor.

El factor más destacable de estas atracciones consiste, pues, en la edad o minoría de edad, condición que ha conocido baremos o cifras diversas a lo largo de las épocas así como de las distintas reglamentaciones según los países y sus mentalidades.

El término núbil se ha usado en ocasiones como referencia a la nubilidad (que significa capacidad de contraer matrimonio) por tratarse de matrimonio institucional. Se entiende por edad núbil aquélla en que tiene o puede tener lugar la capacidad de casarse. Por su parte el término púber alude al desarrollo corporal y de sus rasgos púbicos por entender que éstos constituyen los principales índices visibles de dicha capacidad, asociada al ejercicio de la fertilidad o capacidad de engendrar.

B. La erótica y la estética

Pero, desde la Época Clásica el atractivo de los menores o jovencitos ha tenido un componente distinto, entre la estética y la erótica, es decir entre los criterios del deseo erótico y los de la belleza y que ha tratado de ser zanjado mediante elementos externos u objetivables a través de normativas.

La tradición europea tiene muchos testimonios en los cuales estas ambigüedades entre la estética y la erótica constituyen un rasgo ininterrumpido. Es frecuente, por ejemplo, encontrar representaciones plásticas de ángeles y efebos en Iglesias o Palacios.

Estos solapamientos, tanto conceptuales como simbólicos, pueden ser una muestra de las concepciones distintas y sus disputas o debates en un asunto cuyos límites son, de por sí, complejos. De ahí que zanjarlos con claridad haya sido algo difícil.

C. La leyenda negra

En las últimas décadas algunos casos de violencia extremadamente graves sucedidos con menores han sido calificados o categorizados como pederastia o paidofilia, lo que ha contribuido a la difusión de una imagen alarmante por el carácter repulsivo de tales conductas.

Si toda violencia, del orden que sea, es rechazable y condenable, conviene, no obstante, no demonizar y llenar de leyenda negra lo que constituye una peculiaridad erótica que nada tiene que ver con la violencia, so pena de liquidar peculiaridades usando el rodillo del miedo o el terror.

Si el antídoto contra la intolerancia es la virtud del discernimiento, conviene usar ésta para no sumar nuevas formas de intolerancia como es la conocida y extendida tolerancia cero tan usual en estos casos de pederastia. Porque no se trata de tolerancia con el abuso o la agresión sino del valor de una peculiaridad que no tiene que ver ni con el abuso ni con la agresión.

D. Preguntas

Uno de los rasgos que todos conocemos es que las raíces de nuestros conceptos y valores proceden de la cultura grecolatina. De ésta nos viene el término pederastia o paidofilia, lo mismo que el de pedagogía o pediatría. Sócrates y Platón fueron los que fijaron esta figura. Hoy podemos leer series de tratados, generalmente en forma de Diálogos, en los que la pederastia era objeto de toda consideración y valor.

En la Introducción a la versión castellana del Erótico de Plutarco —Biblioteca Clásica Gredos— podemos leer: “ El tratamiento de la pederastia en este Diálogo refleja la realidad de una institución arraigada en diversos ámbitos de la sociedad griega y cuyo rasgo definitorio fundamental era la educación, la pedagogía del joven amado (erómenos) por parte del amante (erastés) adulto. Por más que su situación se hubiera debilitado desde finales de la Epoca Clásica en la misma medida en que se acrecentaba el amor heterosexual, la pederastia gozó de prestigio en toda la tradición filosófica griega (…) como un impulso puro y benéfico”.

Cuando se cierran los ojos a los clásicos y se abren a lo que algunas corrientes han tratado de hacer con sus conceptos y palabras en la actualidad, convirtiéndolos en sinónimo de abusos y agresiones, no se puede dejar de lado una pregunta: ¿Qué ha sucedido? ¿De qué estamos hablando hoy cuando decimos esos términos? ¿Por qué han tratado de ser cambiados sus contenidos de esa forma? ¿Y con qué fin?

Como las respuestas a estas preguntas pueden resultar complejas y requieren más conocimientos, hemos remitido ese debate, junto a otros relativos a la convivencia y violencia entre los sexos, a Educación sexual IV. Mientras tanto, abriremos otro tipo de debate.

2. Notas para un debate

A. La huella de Barba Azul

Buscando una traza en la que se han fundido (y confundido) pederastia y terror en un mismo imaginario aparece un nombre imprescindible: Gilles de Rais. Su historia heroica como uno de los lugartenientes del ejercito de Juana de Arco, se mezcla con otra: la de sus atrocidades de tortura y asesinato de niños en serie y en cuyos rituales fueron incluidos como “depravaciones libidinales contra natura”. Por estos hechos fue condenado a la pena capital por el tribunal de Nantes y ejecutado en 1440. La mayor parte de los estudios hablan de “supuestas reprobaciones” o “chantajes y venganzas”. La historia y la leyenda se han fusionado.

El eco de Gilles de Rais se extendió y sirvió durante mucho tiempo para amenaza de “los niños que no se portan bien”. Inspirado en esos hechos, Perrault lo convirtió en inmortal incluyendo a Barba Azul entre sus célebres cuentos a través del cual pasó al imaginario colectivo y a la simbólica universal del miedo: del miedo y el pánico; del pavor y del horror.

“Ese monstruo sagrado, al que Georges Bataille dedicó sus célebres páginas, ha suscitado desde finales del siglo XVIII toda clase de interpretaciones. Sus detractores han visto en él al perverso absoluto, dechado de maldades sin límite, llevado al suplicio por la aclamación popular; los historiadores y ensayistas del siglo XX han tratado de rehabilitar una figura que, probablemente, no fue sino víctima de una maquinación política y judicial” (Marie-Claire Zimmermann, Prólogo a V. Huidobro, Gilles de Rais, J. Corti, Paris, 1988.

B. Otros datos, otra mirada

Frente a los ataques desatados desde la mítica leyenda negra de la pederastia o paidofilia, he aquí el retrato de un pederasta tipo tal como ha sido expuesto tras el estudio de grupos de sujetos con esta peculiaridad. “El perfil general de los paidófilos estudiados no difiere del perfil medio de la población, excepto en cuanto a su frustración (…). Utilizando el material existente en los grupos de trabajo con paidófilos, éste parece poseer una alegría natural nata. No se deprime fácilmente. Parece capaz de desarrollarse armoniosamente, a pesar de sus problemas. Su generosidad y simpatía se demuestran una y otra vez en el estudio psicodiagnóstico. El sadismo y masoquismo aparecen rara vez en ellos…”

“…Su perfil medio revela una adaptabilidad alta y, en su mayoría, son constantes y perseverantes (…). No es el prototipo del arribista. Sus opiniones suelen ser moderadas (…) ¿Cómo es el retrato robot de un paidófilo? Probablemente tengamos que afirmar que no existe (…). Son personas como tú y como yo”. ( Frits Bernard, La paidofilia: una mirada diferente, Revista Española de Sexología, nº 109, Madrid, 2002, pp.96-97).

Mezclar la pederastia o paidofilia con una cadena de cosas bien distintas, tales como las agresiones o las redes de pornografía infantil, así como la prostitución, etc. no es sino contribuir a una ceremonia de la confusión bien distinta a una información clarificadora. De esta manera lo único que se logra es soliviantar los miedos frente a todo lo sospechoso de maldad o de peligro.

C. Otros modelos

Algunos casos célebres de pederastia o paidofilia pueden contribuir a este debate. En primer lugar, Lewis Carroll (Londres 1850-1885), el autor de Alicia en el país de las maravillas, mantuvo durante toda su vida una especial atracción hacia las chicas de edad impúber, con algunas de las cuales mantuvo relaciones bien profundas y fueron su fuente de inspiración de algunas de sus obras. Por su afición a la fotografía retrató a centenares de niñas de las que formó una valiosa colección. (Véase L. Carroll, Niñas, Edit. Lumen; traducción y edición de J.L. Giménez Frontín y Marta Pesarrodona, Barcelona, 3ª ed. 1980).

Otro caso célebre es Lolita, escrita por el ruso residente en Norteamérica Vladimir Navokov en 1953. Es éste uno de los ejemplos más conocidos de esa otra mirada, llevada a la profundidad de los detalles en una obra de ficción. Se trata de las relaciones de un profesor adulto con una niña-adolescente de 12 años. “En Lolita —escribe el autor como prologuista— no se hallará un sólo término obsceno”. Tampoco descripciones de escenas que puedan herir la sensibilidad.

Y ya como autor, escribe en su autocrítica de 1955: “Hay, al menos, tres temas prohibidos para casi todo editor (y lector) norteamericano: Uno es éste [el que él desarrolla]; los otros dos son: el casamiento entre negro y blanca de éxito completo y glorioso que fructifique en un montón de hijos y nietos, y el ateo total que llevando una vida apacible muere dormido a los 106 años” (p. 340). Lolita es una obra maestra de la literatura universal (Anagrama, 1986, Planeta, 2002). De ella se han hecho varias versiones cinematográficas.

D. Demagogia y razón

La movilización e instrumentalización de las emociones de la demos es un recurso distinto a la consideración respetuosa de los sujetos. Cuando se abusa de esos recursos los debates de la razón se hacen imposibles. Por eso es peligrosa la demagogia con estos temas que afectan a la sensibilidad general.

En la sociedad actual esto ha sucedido con algunos hechos considerados de impacto. Precisamente por estas connotaciones importa el estudio detenido y razonable. La confusión entre erótica y violencia necesita un análisis en profundidad para estirar hasta donde nos sea posible una perspectiva razonable y no se impongan situaciones irracionales.

3. La amenaza neo-con

A. La primera reacción

Diversos analistas han explicado los últimos cambios con respecto a la pederastia o paidofilia aludiendo al puritanismo ascendente de las últimas décadas en Norteamérica y su expansión fuera de ella. La fecha de comienzo de esta ascensión ha solido fijarse en la reacción contra el rumbo de los años sesenta: de su permisividad y tolerancia.

Fue, como es sabido, la época de una serie de movimientos influyentes, algunos de los cuales reciben nombres muy diversos. Es el caso de la revolución sexual, el mayo del 68, los hippies, etc. creadores de una mentalidad abierta y unas costumbres distendidas con relación al sexo, la vida y la sociedad.

B. A varias décadas de entonces

Siguiendo esta explicación, las reacciones iniciales fraguaron en una más organizada en torno a lo que se conoce como neo- puritanismo. Es decir, una forma de pensamiento basada en la rigidez y estrechez de las ideas con sus correspondientes consecuencias en las mores y costumbres.

El avance de este estilo puritano ha traído consigo la imposición de un clima de higiene y limpieza moral cuyo más visible efecto ha sido el ataque a las concepciones tolerantes “en materia sexual”. Por otra parte, aunque este fenómeno ha sido en su origen propiamente norteamericano, sus efectos han sido exportados al exterior a través de algunos grandes temas.

C. Los temas estrella

Los tres temas más visibles, objeto de vigilancia de este puritanismo —o, de sus nuevas formas, conocidas como neo-con o neo-puri—, han sido, en primer lugar, la persecución de la pornografía y, tras la adhesión de los sectores radicales del feminismo, la protección de las mujeres y los menores. Es aquí donde se encuentra la confluencia creada entre el sexo y la violencia. Y donde tiene su origen la asimilación creada entre las diversas manifestaciones del sexo con el abuso y la agresión.

La instrumentación de estos grandes temas, pendientes de nuevos enfoques y no resueltos, ha sido utilizada para justificar una nueva persecución del sexo que, si en otra época se basaba en la moral, ahora, con la transformación de las leyes, ha situado su marco en el código penal. Es lo que suele entenderse como la persecución del sexo en todas sus manifestaciones sospechosas.

D. El doble filo

El doble filo de estas nuevas formas de radicalismo —por un lado con la intención de proteger a las mujeres y a los menores y, por otro, con la incitación a la denuncia sin límites— ha creado una situación en la que el miedo y la amenaza han ocupado el lugar del diálogo y la distensión.

Siguiendo esta escalada, el clima de sospecha ha llegado a crispar de tal manera la vida de relación “en todo lo referente al sexo” que se recurre a explicar cualquier cosa que sucede por la vía de la sospecha como formas de “violencia sexual”, si bien ahora, a su antigua condición de vicio o desviación, se ha añadido el ser “delito sexual”.

El ataque directo al pensamiento

El efecto más notable de este avance del puritanismo norteamericano podría resumirse en un freno al proceso de modernización en el diálogo entre los sexos mediante la demonización de algunos de sus aspectos. Por sus repercusiones, la pederastia o paidofilia se habría situado en esa perspectiva como uno de los grandes temas explotables y delictivizables.

Europa, con una perspectiva distinta, ha considerado esta escalada norteamericana con una cierta distancia. Pero, poco a poco, ha ido entrando en una dinámica cercana a ella, si no por la pornografía, sí por los otros dos grandes temas de la protección a las mujeres y a los menores, usados e instrumentados en este plan global del conservadurismo neo-con.

¿En qué consiste en realidad este plan? Una nota podría ser la más indicativa. Es la elección de la “vía penal” en lugar de la “vía educativa” ante estos fenómenos y que crea, de por sí, más problemas de los que resuelve. De esta forma, recortados los recursos de la educación sexual o limitada ésta a la “salud sexual”, el interés se ha centrado en la aplicación del código penal.

Pensar que las situaciones se arreglan por la vía penal no es sino trasladarlas a un lugar en donde se complican más. La vía penal existe, pero no es ni la preferente ni la primera. Es precisamente la última. Ni el miedo como prevención, ni el castigo como medida, son las vías de la educación. Y cuando éstas adquieren un protagonismo que no las corresponde podemos pensar que esa sociedad necesita otra cosa.

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