DESEO, PASIÓN,TERNURA

Eros es, a veces, deseo; otras, pasión; y, en ocasiones, ternura. Resulta sorprendente cómo, sin cambiar la sustancia de la cosa, ésta se altera y transforma. Todo ello sucede en una misma relación: con una misma persona, a lo largo de la evolución.

Hay parejas que viven sus relaciones de forma tumultuosa; otras, con tranquilidad y sosiego. Cuando seguimos el hilo de Eros vemos sus cambios y nos sorprendemos. A veces creemos que nos amamos más;  y otras,  menos. La gente suele considerar poco el deseo y mucho la pasión. El deseo es como el rescoldo del fuego. A veces se aviva, a veces sigue ahí,  como sucede con las brasas. La ternura y, sobre todo, la entrañación es un plato cocinado a fuego lento. Es decir: requiere evolución y tiempo.

El discurso exterior está acostumbrado a decirnos que el deseo es sólo enamoramiento. Y que el enamoramiento se hace sólo de pasión y fuego: de excitación. La prisa de nuestra sociedad  transmite la idea de que lo que cuenta es el enamoramiento. Y tiene muy poco en cuenta los ingredientes de las sensaciones y afectos diarios. La rutina y la cotidianidad hacen creer que dejamos de amarnos, pero el deseo sigue su curso.

Se habla con mucha facilidad de enamorarse y desenamorarse siguiendo las imágenes de la pasión. Se habla de la falta de interés, de que ya no es lo mismo que en otras ocasiones. Se pierde a veces el hilo de lo que es el sexo entre uno y otro bajo los cambios y las metamorfosis.

Hemos dicho metamorfosis. Es el término que mejor resume las transformaciones del deseo a lo largo de una relación. De Eros y de la sexuación en perpetua interacción.

La prisa y el mercado nos dan una idea trepidante de Eros, sólo como pasión y excitación. Pero la madeja de Eros está hecha de muchas hebras. Algunos confunden el amor con un idilio paradisíaco. Cuando la realidad de la vida introduce elementos sin cesar ese idilio no puede mantenerse. Una relación pasa por fases muy diversas: a veces muy entusiastas, a veces muy confusas.

Hay parejas de muchos años que han elaborado una complicidad, un lenguaje de signos y de muecas con el cual se entienden en un ars amandi a su medida. Nos gustaría ser como ellos pero cada pareja elabora su vida a su manera tejiendo su madeja propia. Es su propio y peculiar ars amandi. Es su arte.

Hay un punto muy desagradable que hace diluirse ese hilo: es la desconsideración, la desatención del otro, la indiferencia. Se habla, en ocasiones, de la falta de respeto y de violencia. Son términos que no casan con el hilo de Eros. Son de otra madeja.

Una relación puede durar mucho. No sabemos cuánto. Nuestro objetivo es que una pareja explore sus distintas formas de relación a partir del hilo de Eros. Y cuando ellos vean y sientan que ha llegado el final, ellos mismos elaboren de forma razonable su separación. Por nuestra parte tratamos de que el hilo de Eros se explore lo más posible: todo lo que éste dé. Nosotros no somos jueces. Acompañamos con este asesoramiento. Y avivamos lo que hay.

E. Amezúa (Sexologemas)

 

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