¿QUÉ VALORA MÁS EL HOMBRE EN LA MUJER Y VICEVERSA?

ENFERMEDADES VENÉREAS

Realmente, se hace difícil poder responder con precisión a estas preguntas. Lo que sí puede decirse es que en cada época ha habido gustos diferentes. Que cada cultura modela sus códigos eróticos de atracción sexual. La nuestra, por ejemplo, hace que el hombre por lo general, valore mucho la percepción grácil femenina concretada en el pecho y sus caderas, como alicientes físicos. La mujer, por su parte valora el vigor de una corpulencia bien hecha.

Estos rasgos físicos no deben reducirse a pura anatomía, en efecto, si nos damos cuenta, el físico ha sido filtrado por un sinfín de simbolismo. Y de ahí la obsesión por la búsqueda de protección maternal en él entre sus pechos y en la cavidad de la pelvis, así como la búsqueda en ella de una misma protección de otra manera: en el sustento.

La mujer es –en nuestra cultura– acogedora. El hombre protector. Si nos damos cuenta, las dos cosas van por el mismo sitio. Únicamente un matiz las separa. El matiz masculino de vigor y el matiz femenino de delicadeza. Estos son patrones culturales que han sido exagerados –como hemos dicho– y llevados a extremos de lo más variopinto y pintoresco.

Ello no impide constatar que muchos gestos, aparentemente indiferentes, están preñados de esta significación profunda e inconsciente. Así, como por ejemplo, el hombre valorará unos pechos femeninos abundosos (sin exagerar) y la mujer un torso masculino potente y viril. Estos dos detalles no son más que dos ejemplos. Pero todos sabemos que, como esos hay muchos más.

Las preocupaciones machistas en el hombre o timoratas y miedosas en la mujer, no tienen pues, fundamento en cuanto a la anatomía y la fisiología. Queda, como tantas veces, el problema en la significación y alcance que humanamente se le suele atribuir: la idea de miedo por parte de la mujer o de engreimiento o miedo en el hombre.

En las noches de primer contacto sexual suele haber preocupaciones de este tipo. A veces la mujer, timorata, piensa, por lo que ha oído hablar sobre el pene del hombre y siente una enorme curiosidad mezclada de miedo por lo que allí y entonces va a pasar. El hombre, por su parte, imbuido por prejuicios de comidilla tenida con compañeros o amigos, tiene su aprensión ante la posible reacción de la mujer.

Estos y otros muchos detalles que se dan con hasta frecuencia, insistimos, son fruto de una ignorancia y no motivados por lo que naturalmente debería suceder. El acoplamiento natural está bien previsto y bien provisto. El tamaño del pene y la profundidad de la vagina, en circunstancias normales no tienen por qué crear problemas.

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