ROLLOS, ENAMORAMIENTOS Y PAREJAS

 

Estas tres nociones generan un sinfín de anécdotas y de casuística, solas o entrecruzadas. Y aclararlas y distinguir una de otra no resulta fácil. Cada cual suele distinguirlas en función de la seriedad o compromiso, el interés o la duración. Pero las tres tienen pasarelas que las unen.

La expresión enrrollarse es más usada en términos de frivolidad o superficialidad con relación a algo casual o fortuito. Pero la casuística muestra que se dan relaciones de pareja duraderas a partir de estos rollos.

Si con el rollo se alude, pues, a una experiencia de contacto banal, con el enamoramiento suele tenerse más consideración y se le dota de sentimientos más transcendentes.

Pero tampoco existen lindes claras en muchos de sus contenidos. Se trata, más bien, de una tonalidad dominante. Por eso, en ocasiones, no resulta fácil darle uno u otro nombre con exactitud. Nadie suele estar contento con las denominaciones.

Hablar de relación de pareja no excluye las anteriores denominaciones sino que las supone e introduce un nuevo elemento: el de la duración. Por eso no es de extrañar la perplejidad que, en ocasiones, crea.

Estas dificultades a la hora de situar unos u otros fenómenos puede ser vista desde las dificultades de clarificación. Pero también ofrece la posibilidad de elaborar y el tiempo para aclarar los perfiles propios de cada relación, así como de su maduración y definición que constituyen los criterios de la selección.

Algunos padres cuentan a sus hijos cómo se conocieron, así como una serie de detalles de cómo terminaron siendo una pareja. Dentro de estos detalles algunos son más explícitos y otros más reservados. A veces hablan, o no, de los escarceos y búsquedas que tuvieron cada uno por su lado: de sus rollos.

En ocasiones resumen estas anécdotas con un lenguaje de enamoramiento o amor. En otras, hablan simplemente de relación. Y otras, en fin, con diversos sucesos más o menos íntimos.

 

 

De estos datos sacan los hijos las primeras referencias. En otras ocasiones proceden de recortes de otros casos oídos o vistos, por ejemplo en las películas o en la TV. Todo ello forma un lento pero variado aprendizaje sobre qué es o no una pareja y cómo se hace ésta.

En ocasiones también los propios padres forman una buena pareja a los ojos de los hijos. Pero en otros casos este modelo ha sido accidentado por crisis o problemas diversos, incluso por separaciones en curso o concluidas.

 

¿Qué modelos seguir? Cada vez es de más uso un término recurrente: lo que se llama modelo abierto de pareja por contraposición a uno cerrado. Abierto quiere decir flexible, tolerante, variado, dialogante. Cerrado quiere decir estricto, tajante, inamovible.

El modelo abierto ofrece más ventajas, pero el cerrado también existe y tiene las suyas.

E.A. y N.F.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *