GENIOS: Los atormentados

Artículos de sexología y sexualidad. Los atormentados

Jean Jacques Rousseau buscó toda su vida un amor más maternal que pasional

Rousseau, el gran teórico de la vuelta a la Naturaleza, el inspirador de la Revolución francesa, ilustra la búsqueda de una sexualidad que nunca llegó a satisfacerle. Y demuestra una conducta paterna poco acorde con sus principios.

Rousseau

(1712-1778), escritor y filósofo francés, abanderado de la nueva moral sexual y del liberalismo social y político. Sus teorías, simples, pero profundamente renovadoras, causaron un impacto extraordinario y contribuyeron decisivamente al nacimiento de una nueva mentalidad. Desgraciadamente, Rousseau era personalmente el menos indicado para dar consejos sobre moralidad.

Artículos de sexología y sexualidad. Los atormentados

Huérfano de madre y prácticamente de padre desde muy niño –fue educado en un internado-, Rousseau nunca se recuperó de esta falta de cariño materno y familiar. Toda su vida parece una peregrinación en busca de una compensación emocional, de un amor más maternal que pasional.

Expulsado del internado por haberse metido en la cama del ama de llaves (que le acogió agradecida), inicia su larga carrera de solitario masturbador. A los veintiún años se convierte en el amante de una señora de treinta y cinco, madame de Warens. Juan Jacobo se deja querer, pero encuentra escaso placer. Hasta tal punto su amante era para él como su madre que, cuando hacían el amor, tenía la sensación de estar cometiendo un incesto.

Más tarde tuvo una serie de experiencias sexuales efímeras. Primero con prostitutas. Luego con dos damas de la alta nobleza, madame D´Epinay y su cuñada la condesa de Houdenot. Pronto las abandonó, las encontraba demasiado delgadas, demasiado jóvenes, poco maternales.

Finalmente, tomó un amante doméstica, una pobre lavandera parisiense, Teresa Le Vasseur. En el fondo, él no la amó nunca. Pero le resultaba útil, pues le cuidaba la casa y le calentaba la cama. Al menos, Juan Jacobo fue claro con ella, ya que le aseguró que nunca la abandonaría, aunque nunca se casaría con ella. No quería que la ley interfiriera en su vida privada. Teresa le dio cinco hijos, todos los cuales fueron a parar a la inclusa, por orden expresa del padre y contra los deseos de la madre.

En sus «Confesiones», Juan Jacobo Rousseau justificaba su poco encomiable conducta con una excusa pintoresca que a nadie convence: «Pensaba obrar como ciudadano y como padre, y me consideraba como un miembro de la República de Platón.»

Edgar Allan Poe

(1809-1849), norteamericano, era hijo de actores ambulantes. Su herencia es triste. Muere su padre, alcoholizado y tuberculoso, a los pocos meses del nacimiento de Edgar. La madre, Elizabeth, también sufre tuberculosis y no tarde en fallecer.

El pequeño es recogido por una rica familia, y le bautizan con su primer apellido, Allan, igual al de su padre adoptivo. Tiene una primera infancia de auténtico niño mimado y ya de muestras de su precocidad. Se educa en Inglaterra y, regresado a Estados Unidos, se enamora de la madre de un compañero de colegio, que muere enferma mental y deja en el ánimo del poeta macabras obsesiones. Su padre adoptivo le matricula en la Universidad de Virginia y allí el muchacho continúa su lista de amores platónicos, al tiempo que se aficiona al alcohol y a las drogas fuertes. Enviciado en el juego, tiene un fuerte altercado con sus protectores, hasta el punto de que los abandona.

Artículos de sexología y sexualidad. Los atormentadosComienza, recién salido de la adolescencia, a publicar poesías, con escasa resonancia. Reconciliado con Allan, consigue que influya para su ingreso en la academia militar de West Point, pero su conducta irregular da lugar a que sea expulsado.

Se refugia en casa de su tía Clemm, en Baltimore, que le proporciona una temporada de auténtico cariño maternal. Dura poco un romance con una atractiva vecina, que le rechaza en el primer día en que lo ve borracho. Gana algún concurso literario y entra como redactor en un periódico. Pero no tarda en dejarse vencer por la desidia y vuelve a la bebida. Se casa a los veintisiete años con su prima Virginia Poe, que sólo tenía trece años.

Publica sucesivamente, con éxito, sus narraciones terroríficas y de misterio («Manuscrito hallado en una botella», «El hundimiento de la casa Usher»).

Su consagración será el tenebroso y fascinante poema «El cuervo», publicado en el diario «Evening Mirrow». Abandona prácticamente a su joven esposa, de salud delicada, y reinicia su vida descontrolada, con amoríos poco felices.

Muere su mujer, Virgina, en 1847. La melancolía, un tanto teatral, embarga de nuevo a Poe. Corteja una mujer anciana, Elmira Royster. Abandona la bebida, tras haber sufrido el «delirium tremens» en una ocasión.

Toma un tren hacia Baltimore y sufre un desmayo. Desaparece y será encontrado, días depués, en estado de coma. Muere en Washington a los cuarenta años.

Precursor de la novela policiaca y de misterio, hombre en continuo estado de exaltación, seguido de profundas crisis depresivas, Edgar Poe es un auténtico caso para el estudio de la psiquiatría.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *