LA SEXUALIDAD DE LOS GENIOS

Artículos de sexología y sexualidad. LA SEXUALIDAD DE LOS GENIOS

La fuerza impulsora del sexo y su influencia sobre las obras más deslumbrantes del mundo. Como vivieron ellos su sexualidad. Un trabajo sobre el comportamiento de estos grandes genios

La personalidad de los genios ha atraído siempre la admiración y curiosidad de las gentes. Platón los consideraba una minoría superior, como una «raza dorada» en el seno de la humanidad. Y aunque no todos concuerdan en los rasgos esenciales que distinguen al genio, pues se dan tipos muy diferentes, hoy día se reserva el calificativo a aquellos individuos que, por su inteligencia y creatividad, sobresalen de manera excepcional por encima del medio alcanzado por sus contemporáneos.

Si de alguna manera se acepta que existe una relación entre el vigor sexual y el desarrollo psíquico y físico de la persona, una mente simplista podría concluir precipitadamente que los genios han debido destacar también como superdotados en el aspecto sexual. En realidad, esto es cierto sólo en términos generales y siempre refiriéndonos a la sexualidad correctamente entendida.

EL SEXO COMO FUENTE DE CREATIVIDAD

La energía sexual constituye, por supuesto, una de las fuerzas básicas que estimulan la vitalidad y creatividad del individuo, pero actúa en cada uno según las peculiaridades anímicas y físicas de la persona. Como aclaró Freud, la mente humana puede utilizar toda una serie de mecanismos de control de la energía sexual, tales como la represión (rechazándola al subconsciente), la regresión a una forma primitiva, la racionalización y la sublimación (encauzándola hacia una actividad superior). Sólo cuando fallan estos mecanismos de defensa, sobreviene la frustración y la neurosis.

Lo más frecuente en personas de elevada sensibilidad y sólida formación intelectual y moral, como se supone que han de ser los genios, es que mediante un proceso de sublimación encaucen y orienten la enorme fuerza de sus impulsos sexuales hacia actividades artísticas, científicas, humanitarias, políticas o financieras, según las preferencias individuales y de cada colectividad concreta. No obstante, como veremos a lo largo de este estudio, se puede decir que ha habido genios para todos los gustos, desde místicos reprimidos, hipersexuales irreprimibles, pacíficos maridos y amantes, hasta homosexuales e intersexuales declarados.

Para que se advierta la complejidad y riqueza de los ejemplares humanos cuya sexualidad pretendemos analizar, intentaremos en primer lugar una aproximación global a los mismos, antes de descender al detalle biográfico individual.

Uno de los tipos más característicos, el de sexualidad reprimida, ha sido particularmente frecuente en las épocas en qua la moralidad cristiana ha marcado con mayor fuerza nuestra civilización occidental, esto es, desde los comienzos de nuestra era hasta la Revolución Francesa. A la cabeza de estos genios reprimidos figura San Agustín, obispo de Hipona. Este Padre de la Iglesia, que en su juventud pagana había gozado sin medida de los placeres del amor, una vez convertido, propugnó una rígida moralidad, pesimista y puritana. De él procede la doctrina -increíblemente difundida y aceptada hasta tiempos bien recientes- de que el uso del matrimonio por amor, no por procreación, constituye pecado venial. Orígenes de Alejandría, sabio cristiano del siglo II, s.in duda uno de los hombres de más capacidad intelectual y fecundidad literaria que hayan existido, en un arrebato de ascetismo se hizo castrar «por el reino de los cielos», para librarse de las tentaciones de la carne. El carácter reprimido de la sexualidad de Leonardo Da Vinci y de Miguel Angel, los dos mayores genios del Renacimiento italiano, es patente.

HOMOSEXUALIDAD Y BISEXUALIDAD

La homosexualidad ha sido también el tipo de sexualidad de algunos genios. En raros casos se ha tratado de una homosexualidad absoluta; tal vez Schubert, Tchaikovsky y Rimbaud lo fueran. Comúnmente aparece alternada con la heterosexualidad, como en Verlaine, Oscar Wilde y Pasolini. De Julio César, genial político, escritor y estratega romano, escribió su coetáneo Curio que era «marido de todas las mujeres y mujer de todos los maridos». Otras veces, la homosexualidad del personaje ha rozado los límites de la intersexualidad estado intermedio entre macho y hembra, como en los casos de Cristina de Suecia y de Georges Sand.

LOS HIPERSEXUALES

Tampoco faltan entre los genios personajes dotados de una hipersexualidad exacerbada e inextinguible. El ya mencionado Julio César, el emperador Carlomagno (cinco esposas y múltiples concubinas), nuestro dramaturgo Lope de Vega (a pesar de su sacerdocio), Juan Jacobo Rousseau, el marqués de Sade, Napoleón. George Sand, Franz Liszt, Verlaine y Picasso tienen en su haber asombrosas proezas eróticas. A la vista de su incansable actividad sexual uno se pregunta de dónde sacaban el tiempo para sus ocupaciones y tareas profesionales en las que tanto destacaron. No cabe duda de que en sus éxitos, en las artes, las letras o las armas, tuvo mucho que ver su asombrosa vitalidad y su extraordinario vigor sexual.

EL SEXO SUBLIMADO

El grupo más numeroso de genios parece, sin embargo, reducible a la categoría de individuos de sexualidad sanamente vigorosa y agresiva, pero racionalizada y sublimada. La sublimación se produce ya sea a través de la literatura y el arte, como en Dante, Rembrandt, Goya, Dostoyevski, Pablo Neruda y Charles Chaplin; ya sea a través de éxitos militares, sociales o científicos, como en Hernán Cortés, Juan de Austria, Nelson, Marx, Bismarck, Freud, Lenin, Stalin, John F. Kennedv, Einstein, Heming, Kissinger y otros muchos.

La sublimación permite al individuo obtener una gratificación social, artística o científica que actúa como complemento o substitutivo emocional de la satisfacción sexual propiamente dicha. De esta manera, se puede afirmar que, mediante una destacada actuación profesional, tales personas consiguen una compensación «erótica» sumamente estimada y apetecible. Así surge lo que hoy día se ha dado en llamar la «erótica» del poder. En realidad, cabría hablar con el mismo derecho de la «erótica» del arte, de la ciencia, del poder económico o político. En contrapartida, la plena realización personal y profesional y el éxito social potencian en alto grado la virilidad (o femineidad) y el atractivo sexual de la persona. Henry Kissinger, el secretario de Estado americano, lo expresó con toda lucidez cuando afirmó que «el poder es el mayor afrodisíaco».

Damos por supuesto, lógicamente, que no podremos tratar de todos los genios de la historia de la Humanidad. Ni siquiera tendríamos espacio suficiente para mencionarlos. Por lo demás, dentro de los que hemos seleccionados, estamos seguros de que el lector nos agradecerá que nos detengamos más extensamente en aquellos que, además de su eminente talento, presente un curriculum de experiencias sexuales sugestivas o de alguna manera relevantes.

Nuestra galería de genios abarcará desde el Renacimiento (siglo XVI) hasta nuestro días. Sobre los más antiguos remitimos simplemente a lo dicho más arriba. La mayor cercanía a nuestro tiempo y a nuestra mentalidad nos permitirán una observación más fructífera y un análisis más su gerente.

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