LOS AMBIGUOS

Artículos de sexología y sexualidad. Los ambiguos

Leonardo da Vinci, ¿homosexual, o absolutamente reacio a las mujeres?

Miguel Angel, erotismo en su obra, pero no en su vida privada.

Equívocos, misóginos, reprimidos, sobre los ambiguos se cierne la duda histórica. Su sexualidad presenta a veces rasgos peculiares. Pero sus obras parecen desmentir esta característica.

Leonardo da Vinci

(1452-1519), genial pintor, arquitecto, escultor, humanista y hombre de ciencia italiano, encarna eminentemente los rasgos y virtudes esenciales del Renacimiento, a la vez que presenta las vacilaciones y contradicciones propias de una época de profundas modificaciones espirituales.

Artículos de sexología y sexualidad. Los ambiguos

Leonardo, hijo natural de un notario rural y de una labriega, fue privado desde niño de la presencia y afecto de su madre. Tal vez a causa de ello, su afectividad se vio siempre afectada por una invencible timidez sexual, por cierto grado de impotencia y posiblemente de homosexualismo.

Por un lado, consta su misoginia absoluta, pues ni se casó ni se le conoce ningún amorío. Por otro lado, sufrió una denuncia por «pecado sodomítico» acusación de la que finalmente fue absuelto. Para el l1istoriador moderno, sin embargo, la duda subsiste. Freud se ocupó largamente del caso.

Sea cual fuere el tipo de sexualidad de Leonardo, lo cierto es que, superando sus limitaciones, logró sublimar sus instintos eróticos en una creatividad portentosa del más alto valor artístico y humanístico. Su repertorio pictórico no excluye los temas eróticos, menos afines a su sensibilidad, como el de Leda, desnuda y lasciva; la desbordante femineidad de la Gioconda, los dibujos anatómicos sobre el acto sexual. Otros cuadros representan figuras andróginas (San Juan, San Juan Bautista) con una finura de rasgos levemente femenina. Los expertos pretenden ver en estos casos la manifestación por parte del artista de una «perturbadora represión de la libido».

Leonardo se encontró, pues, dividido entre la exaltación de la carne que exigía el espíritu de los tiempos y la represión feroz a que le inclinaba su propia emotividad. Sólo su extraordinaria capacidad para sublimar sus instintos le permitió desarrollar su asombrosa actividad creadora. De ahí también que todas sus obras transparenten una energía interior y una intensidad espiritual nada comunes.

Miguel Angel Buonarrotti

(1475-1564), pintor, escultor, arquitecto y poeta, es otra de las figuras máximas del Renacimiento italiano. Temperamento ardiente, se entregó a la creación artística con una energía casi sobrehumana, buscando por ese camino un sedante para su espíritu sensible y atormentado.

Artículos de sexología y sexualidad. Los ambiguosNo contrajo matrimonio ni consta que negara a tener relaciones sexuales con ninguna mujer. Sus enemigos, en cambio, le atribuyeron ambiguas amistades masculinas. Se citan los hombres de Febo di Poggio, Gherardo Perini y, sobre todo, Tommaso de Cavalieri. Parece probable que se tratara únicamente de rumores malévolos. Miguel Angel, desde luego, no se preocupó de desmentirlos. Su conducta sexual siguió siendo hasta el fin de sus días objeto de conjeturas y sospechas.

Bien cumplidos los cincuenta, Miguel Angel se relacionó asiduamente con la noble poetisa Vittoria Colonna. Se hicieron amigos y confidentes, hasta un grado de intimidad que no nos es posible precisar, pero que casi con toda certeza excluía la relación física. No obstante, su mutuo afecto fue profundo y sirvió a ambos de consuelo, estímulo e inspiración.

Pese al carácter enigmático de la sexualidad del artista, su obra es un canto poderoso a la belleza del cuerpo humano, órganos sexuales incluidos. Todas sus figuras hacen un alarde ostentoso de su masculinidad o de su femineidad. Se atrevió incluso a representar a Jesucristo, a la Virgen y a los santos del Juicio final, de la Capilla Sixtina, enteramente desnudos, sin el ligero velo que posteriormente un púdico pintor (desde entonces apodado «il Braghettone» les puso por encargo del Papa.

Nada menos que el Aretino, reconocido pornógrafo de moda, osó acusar de obsceno al gran fresco de la Sixtina: «Cuando los escultores de la antigüedad hacían una estatua, no digo ya de una Diana, sino de una Venus desnuda, se las arreglaban de forma que una de sus manos de ésta tapase sus partes sexuales, las cuales nunca se dejaban ver del público. Aun considerando por separado el arte y la fe, hay que reconocer que no es propio representar así las vergüenzas de los mártires y de las vírgenes; al menos, podían taparse sus partes con la mano.»

Es curioso que Miguel Angel, que fue acusado de homosexual, demuestre un sentido erótico más sano y equilibrado que todos sus enemigos, no solamente que el púdico Braghettone, sino que el mismísimo Aretino.

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