DINASTÍAS EXTINGUIDAS, DISPUTAS REALES E IMPERIOS EN DECADENCIA POR CULPA DE ESTA ANOMALÍA SEXUAL

Siete Casos célebres de impotencia

Siete Casos célebres de impotencia

La deplorable situación de un hombre que no lo es del todo y que debe afrontar la íntima decepción de la mujer amada, se ha dado muchas veces en la historia. Porque no hay varón que no fracase en alguna circunstancia. Pero tal incapacidad transitoria raramente provoca angustia o desesperación. Son los casos de impotencia permanente los que alcanzan siempre un alto grado de dramatismo e, inevitablemente, de notoriedad.

La Historia tiene registrados numerosos casos de impotencia. Generalmente, sus consecuencias han condicionado la realidad mundial. Vamos a reseñar siete casos históricos con relevancia.

TIBERIO

Sabemos que Tiberio, emperador romano (14-37 d. C.) fue desde su juventud un tímido sexual. En su matrimonio con Vipsania logró vencer su inhibición solo tras ocho años de vida en común. Pero en su segundo enlace, esta vez con Julia, la libertina y temperamental hija de Augusto, su timidez se acentuó y cristalizó en impotencia insuperable. Su esposa Julia lo confesó en una célebre carta a su padre, quizá pensando que así le perdonarían sus adulterios y liviandades.

SANCHO EL FUERTE

En 1231, Sancho VII el fuerte de Navarra, el héroe de las Navas de Tolosa, escribía a su colega el rey de Aragón: “No tengo hijos, ni tampoco trazas de tenerlos, ni creo los tenga en mi vida.” Y sin embargo, en sus años mozos, Sancho, que se casó dos veces, había tenido varios hijos. Pero todos habían muerto. Y ahora, se sentía absolutamente incapaz para procrear. La progresiva obesidad le había producido una precoz impotencia senil. Con él se extinguió la dinastía de Navarra y el reino pirenaico pasó a depender de los condes de Champagne.

MARTIN EL HUMANO

Similar al anterior fue el caso de Martín I el Humano, rey de Aragón y Cataluña. En julio de 1409 murió su único hijo. Martín el Joven. El rey se quedó así, a sus cincuenta años, viudo y sin heredero. Obsesionado por el problema de la sucesión, Martín I se casó de nuevo, un mes más tarde, con Margarita de Prades, bellísima y noble joven de diecinueve años. Sus esfuerzos para engendrar un heredero fracasaron, a pesar del ahínco de los esposos. El rey, demasiado obeso y en un estado de ansiedad aguda, no logró satisfacer a Margarita, que según todos los indicios salió doncella del tálamo real. Se recurrió entonces a estimulantes, ungüentos, fricciones y otros ingeniosos artificios, que tampoco dieron otro resultado que algunas movidas escenas de cama. Consecuencia de la impotencia de Martín el Humano fue otro cambio de dinastía de indudable trascendencia, que sancionaría el Compromiso de Caspe.

ENRIQUE EL IMPOTENTE

A Enrique IV el Impotente de Castilla puede aplicársele el refrán que dice: “hombre muy grandón, poco varón”. Después de trece años de matrimonio con la bellísima blanca de Navarra, ésta declaró el proceso de divorcio en 1453 “que el príncipe no la había conocido maritalmente”. La sentencia de divorcio estableció la “impotencia relativa” debida a ”ligamen o maleficio”, lo que hoy e llamaría impotencia psíquica selectiva. En otras palabras, un estado de timidez sexual invencible dominaba a enrique ante ciertas mujeres, no ante todas.

En 1455, Enrique IV se casó en segundas nupcias con Juana de Portugal. Temeroso de un nuevo fracaso, derogó la antigua costumbre de los reyes de Castilla de consumar el matrimonio en presencia de testigos. No hubo tampoco “exposición de sábanas nupciales”. De lo que en la intimidad de la pareja ocurrió, nada se sabe. Pero, cuando en 1461, Juana quedó embarazada y dio a luz a una niña, surgió la duda acerca de a quién correspondía la paternidad. Aún hoy no existe certeza absoluta. La impotencia de Enrique no era absoluta y algunas mujeres afirmaron haber tenido relaciones sexuales satisfactorias con él. Más los partidarios de la sucesión de Isabel (la Católica), hermana de Enrique, lograron imponer su parecer contrario a la legitimidad de la hija de Juana, a la que llamaron despectivamente Juana la Beltraneja. Los posteriores adulterios y la frivolidad de la reina forzaron naturalmente tal posición. Así, del hecho insuficientemente probado de la impotencia absoluta del rey dedujeron el derecho al trono de Isabel la Católica. Las consecuencias políticas y humanas de estos sucesos no necesitan ponderación.

FERNANDO EL CATOLICO

En los últimos años de Fernando el Católico encontramos un caso claro de impotencia senil. Viudo de Isabel la Católica, se casó en 1506 con su sobrina Germana de Foix, de la que tuvo un hijo barón en 1509, muerto a las pocas de nacer, Fernando continuó laborando con ardor para lograr sucesión, pero sin éxito. Recurrió entonces a cuantas pócimas erotizantes se conocían en la época. Y fue el abuso de tales estimulantes, sobre todo de las cantáridas, lo que le causó el mal del que murió en marzo de 1513 a sus sesenta y tres años.

LUIS XIII DE FRANCIA

Según los médicos que practicaron la autopsia a Luis XIII de Francia (1601-1643), este padeció en vida una grave anomalía en los testículos que le produjo impotencia permanente. La frialdad sexual del monarca había sido notoria, pero la revelación de su incapacidad absoluta dejó a Ana de Austria, su esposa, en muy mal lugar. Porque, entonces, ¿Quién fue el padre de Luis XIV? Un misterio cuya aclaración requeriría muchas páginas.

CARLOS EL HECHIZADO

A claros II de España (1661-1700), rey enfermizo y tímido, se le atribuyó también una incapacidad sexual permanente. Su primera esposa, María Luisa, confesó “que ya no era realmente virgen, pero que, por lo que se imaginaba, creía que nunca tendría hijos”. Al parecer, María Luisa aludía a la eyaculación precoz de su marido, que impedía el acoplamiento sexual de la pareja. A este defecto se añadió en el segundo matrimonio de Carlos una total aversión a su esposa, Mariana de Noeburgo, alemana dominante, fea, histérica y violenta. La misógina y la timidez convirtieron entonces al infeliz rey en un impotente psíquico prácticamente incurable. Una vez más, la incapacidad sexual del monarca provocaría el cambio de dinastía.

FIMOSIS Y DESCENDENCIA

Finalizaremos esta somera reseña de personajes históricos afectos de impotencia con dos casos más de “fimosis” o estrechez congénita del prepucio, que impide la salida del glande. A Pedro III de Rusia le hizo operar con éxito de su imperfección su misma esposa Catalina, a quien –embarazada de su amante- interesaba que su marido pudiera ser considerado hábil a todos los efectos. El matrimonio de Luis XVI de Francia y María Antonieta tardó más de seis años en consumarse, por culpa también de la fimosis del rey. Cuando al fin logró vencer el obstáculo, lamentó sinceramente no haberse puesto antes en manos de los cirujanos.

L. Alonso Tejada (1975)

Historiador

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