Analizar el lenguaje nos permite ver qué hay detrás de éste. Las expresiones “relación sexual completa”, “hacer el acto” o “hacer el amor” hacen referencia todas éllas al coito. Pero es incompleta la relación cuando no se lleva a cabo el coito?, cuando se produce la inserción del pene en la vagina hacemos “el acto sexual” o “un acto sexual”?, el amor “se hace” penetración mediante?.

* * * * *

El coito, el primer coito, se ha convertido en un ritual de iniciación al estadio adulto. Nuestros jóvenes, más que nunca, se sienten presionados a su realización. Con frecuencia lo buscan compulsivamente, para autoetiquetarse como “sexualmente adultos”. En esta carrera, transgreden a veces su propio ritmo. Y lo que es más grave, autoconvertidos en “adultos prematuros” dan por finalizada la etapa de conocimiento y experimentación del propio cuerpo y del cuerpo de su pareja.

* * * * *

El coito no exigente o “coito reservado” consiste en la inserción del pene en el interior de la vagina sin que se produzca eyaculado. Lo peculiar de este comportamiento es que no se pretende el orgasmo masculino, aunque sí puede darse el femenino. Por lo tanto siquiera requiere la erección del pene.

* * * * *

El coito interfemoral, también conocido como “coito anteportas”, consiste en la inserción del pene entre los muslos. En el coito intermamario, el pene se aloja entre los pechos femeninos. También las axilas, la conjunción en forma cóncava de las manos o los pies, los glúteos o la región poplítea (parte posterior de la rodilla) pueden convertirse en alojamientos acogedores y gratificantes para el pene.

* * * * *

En el coito interrumpido o “coitus interruptus”, sí se pretende y se procura la eyaculación masculina, pero ésta se produce en el exterior de la vagina, para lo cual se extrae el pene justo antes de que se produzca. Tradicionalmente esta conducta se ha usado como medida contraceptiva. En el mundo del “porno duro” el coitus interruptus es la conducta casi exclusiva. El fin que se persigue es que la cámara registre la veracidad del eyaculado.

COITO ERGO SUM

El término coito -del latín coitus- hace referencia al ayuntamiento o la cópula sexual. En castellano los verbos ayuntar y copular significan “juntar”, “unir”. Sin embargo, cuando se habla de coito suele hacerse referencia a una sola y exclusiva forma de unir o juntar. Esta es “penetrar”, “introducir”, “meter”.

De hecho cuando al sustantivo “coito” no se adjetiva, se sobreentiende “penetración del pene en la vagina”. Más aún, se da por hecho la erección de este pene y, -cada vez más, aunque no siempre- la humedad de esa vagina. Incluso, si cabe, se presupone a un hombre -arriba- penetrando a una mujer -abajo-.

El coito intergenital se ha convertido gracias a la larga influencia eclesiástica en la única conducta erótica legítima. Sin embargo no es justo responsabilizar de esta constricción erótica sólo a las grandes religiones monoteístas. Por ejemplo muchos tratados eróticos nada sospechosos de resultar eclesiales son una colección más o menos organizada de diferentes posturas coitales. En contraposición a ésto, algunas corrientes han tratado de satanizar esta conducta. Por ejemplo, “la penetración es una violación” fue una consigna feminista largamente repetida. Todo ello ha dado lugar a la siguiente pugna: o el coito lo es todo y es la medida misma de la erótica, o el coito es nada y ha de evitarse. En virtud de ésto propendemos o bien a un reduccionismo coitalizador de la erótica humana, o bien al prohibicionismo descoitalizador de ésta.

Sin embargo, esto es un hecho incontestable, la inserción del pene en el interior de la vagina sigue siendo la conducta sexual reina en la mayor parte de las parejas. Con frecuencia, si no es la única, sí es la principal manifestación corpórea. De esta suerte, el resto de comportamientos eróticos, se convierten o bien en “sustitutivos” o bien en “aderezadores” y “prepativos” a éste. Hasta el punto que algunas personas piensan del siguiente modo: “soy un adulto erótico en tanto que practico el coito”. Osea, “coito ergo sum”. Lo cual es, seguramente, excesivo.

Puede ser útil resituar esta conducta en el marco global de la sexualidad humana. Esta tiene tres dimensiones: la reproductiva (ser padre o madre), la recreativa (el placer, la fantasía, los juegos, etc) y la relacional (el amor, el compromiso, el interconocimiento, la intimidad, etc).

El coito es la única conducta erótica con potencial reproductor. Así pues, cuando la finalidad de la sexualidad es reproductiva, el resto de las conductas no coitales son cuanto menos ineficaces.

Desde el punto de vista recreativo el coito suele garantizar el orgasmo del hombre, pero no necesariamente el de la mujer (el clítoris está fuera de la vagina). Ahora bien, con orgasmo o sin él, el coito puede ser gratificante, placentero y divertido para ambos. A veces, conviene no olvidarlo, puede ser lesivo, agresivo o doloroso, sobre todo para la mujer.

Finalmente algunos de los requerimientos de la dimensión relacional sí pueden verse satisfechos con esta conducta, por cuanto que comparativamente con otras permite simbólicamente el sentimiento de “fusión” (“sentirte dentro de mí”, “sentirme dentro de tí”, “sentirnos un solo cuerpo”). Las personas no siempre pretendemos fundirnos con el otro, pero cuando lo deseamos, el coito nos permite una comunión corporea especialmente íntima e intensa

J.R. L.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *