La masturbación femenina

En el recorrido de las distintas etapas de la vida de una mujer

por Efigenio Amezúa Ortega

 

El hecho de la masturbación femenina es —lo mismo que la masculina—  viejo como el mundo. Sin embargo, la modalidad femenina reside en una represión que ha llegado a veces a circunstancias de espanto y de terror. La base de esta represión ha radicado en ver a la mujer como generadora de la vida, y en muy pocos casos como sujeto capaz de disfrute  y de satisfacción. Hoy empezamos a darnos cuenta de la injusticia  que esto significaba, aparte de la ignorancia supina  en torno a la sexualidad femenina. Hoy ya podemos decir con claridad que la mujer —igual que el hombre—  se masturba, aunque el fenómeno choque con un gigantesco tabú, duradero todavía, muy vivo aún.

 

En la infancia

El término de masturbación suele tener una predisposición, incluso en su forma de resentimientos muy negativos. Por eso, en muchos casos   —y en especial en la infancia— podría hablarse de juegos eróticos variados, en los que la niña toca sus zonas erógenas, sus órganos genitales, introduce objetos en su vagina, se acaricia ella misma o, hablando con sus juguetes, se divierte intercambiando con ellos sus deseos de bienestar y gusto, su placer, a veces difuso, a veces más concentrado.

Diversos observadores de la sexualidad infantil han relatado  gestos que coinciden con lo que podemos llamar en toda propiedad caricias, autoestimulaciones, excitación y orgasmo. La falta de información general  —por causa del silencio en torno a este tema— lleva a una ignorancia  muy común. Por otra parte, muchas personas se sienten molestas cuando se habla de la masturbación infantil, y muy en especial de la masturbación infantil femenina. En tales casos cabe preguntarse si los prejuicios contra la masturbación, en general, no impiden ver estas cosas con la bondad —léase inocencia si se prefiere— propia de todas las actuaciones infantiles.

Se parte con mucha frecuencia de la maldad de la masturbación, y por eso no se tolera que se hable de la masturbación infantil, porque  viene a ser —para muchos— como una profanación. Nuestra sugerencia concreta aquí es muy clara: mírese la masturbación como un juego, como una actividad lúdica y bonita, y podrá verse a una niña masturbándose sin pensar en que hace “cosas feas”. La mentalidad torcida  y desviada de los mayores  tuerce muchos comportamientos eróticos infantiles mediante su interpretación “maliciosa”.

 

Un ejemplo

Se trata de una niña de dos años y medio. Está jugando a ser mamá. Su  mamá  le ha dicho cómo ha nacido ella. Lo que pretende  con su juego, en este caso, es meter a su muñeco en su vientre para luego  tener un niño crecido como ha hecho —a su entender— su madre. Las explicaciones que le dio su madre fueron entendidas por ella a su manera. De ahí  que ella  toque en su vulva y en su vagina. Eso le agrada. Nota que le gusta, y sigue. Como  todo hecho agradable, tiende a su repetición; también esta niña sigue con sus juegos. Es una forma precoz de masturbación.

Andando el tiempo, esta niña descubrirá un placer mayor y seguirá jugando con su cuerpo, lúdicamente, bonitamente, mientras los mayores den  a estos juegos  un calificativo maligno, diciendo  que “eso es malo” y que “eso no se hace”. Ella no comprende por qué. Y asocia lo malo —dicho  así de corto y claro— a su sexo y a otras actividades que de él derivan. El mayor ha puesto aquí su etiqueta de maldad en donde hubiera podido ver él mismo un gesto simpático  y bonito. Esto  no es más  que un ejemplo. Como éste hay muchos.

 

En la adolescencia

Suele creerse que las chicas tardan  más tiempo que los chicos en descubrir el placer que proporciona el propio cuerpo. En cierto modo es verdad, y hay razón para pensarlo. Los chicos tienen sus órganos genitales fuera ya a la vista. Las chicas los tienen escondidos y dentro. “Clítoris” quiere decir, en su origen, “escondido”. A pesar de esto, hay hechos que demuestran la precocidad de muchas chicas, tanto en su infancia como en su pubertad y adolescencia.

Sucede a veces que una chica se masturba sin saber que a eso  que ella hace se da el nombre de masturbación. Hay muchos casos así. Como ejemplo podemos recordar uno muy célebre, contado por Havelock Ellis: Era una señora muy pía y muy buena, que hacía muchas cosas buenas en su vida. Era inglesa. Un buen día, ante la escaramuza de los avances de la llamada revolución sexual (¡ya en aquellos tiempos!), organizó ella misma una manifestación a favor de la castidad y la pureza femeninas. Pero cuál no fue su desconcierto cuando, ella misma, leyendo un libro de educación sexual, se percató que ella  —¡ella!— se había masturbado y aún seguía masturbándose desde que tenía nueve años…

A pesar de estos hechos, la forma más común de descubrir el placer propio en la mujer tiene lugar en la adolescencia y en la juventud. En mujeres de otros tiempos su represión y su falta de información no les permitía ni siquiera conocer y reconocer que podían disfrutar con su cuerpo. Ni siquiera —como es bien sabido— en las relaciones sexuales más lícitas canónicas dentro del matrimonio. En nuestros días el cuerpo ha sido revalorizado, no es detestado y odiado; es cuidado y mimado incluso. Conociendo el cuerpo, se conocen también sus potencialidades eróticas.

 

Juventud y edad adulta

Muchas mujeres descubren sus posibilidades eróticas entre los veinticinco y treinta y cinco años. A veces a través de experiencias nefastas con su pareja. A veces la eyaculación precoz o apresurada del hombre lleva a éste a las caricias gratificantes sobre la mujer. Muchas mujeres descubren así que ellas mismas pueden sentir placer acariciándose.

En otros casos se trata de prácticas de masturbación propia por descubrimiento personal. Como en el caso de aquella chica que, ante el nerviosismo de un examen escrito, apretaba  sus piernas con ansiedad. La tensión la llevó a sentir un gran placer extraño, que ella mismo no sabía  lo que era. Se trataba del orgasmo. O en otros casos, como, por ejemplo, éste: depilándose  con toda su emoción de puber, por pasar de niña a mujer, fue movida a curiosidad de tocar  sus labios mayores y la entrada de la vagina. Por casualidad tocó su clítoris, cosa que ella ignoraba. Aquello fue agradable. Y así siguió…

En otros casos se trata de la lectura  de un libro sobre educación sexual. Muchas mujeres ignoran cómo son sus órganos genitales. Piensan  que “ahí debajo  no hay más que una cavidad para el pene”. La información sobre cómo son realmente los órganos genitales femeninos han llevado a muchas a una verdadera revelación. Y de ahí han pasado a una práctica de masturbación un poco tardía o retrasada.

 

Madurez y ancianidad

En la edad madura son muchas las mujeres que viven la masturbación como práctica  frecuente. ¿Qué número de mujeres o qué porcentaje de las mismas se masturba  y con qué frecuencia? Sería muy iluso  tratar de responder con cifras exactas a esta pregunta. Existen encuestas parciales, que pueden dar una idea de los hechos.  Podemos comprobar en las mismas que antes de la pubertad practicaron la masturbación alrededor de un 22 % de las niñas; hasta la edad de  20 años , más de un 75% y hasta los 54, más del 80%.

Igualmente podemos comprobar que a medida que avanza la edad, avanza también la práctica de la masturbación. No es, pues, revelar ningún secreto no profanar ninguna intimidad constatar el hecho de que la mujer madura y la mujer entrada en años practica la masturbación.  El pudor a hablar de esto suele mantener a muchos en el error. Una vez más lo decimos: los hechos son los hechos.

Por otra parte, nadie tiene por qué extrañarse de la práctica de la masturbación en la mujer madura o mayor, dado que —al menos hasta nuestros días— ha sido  su único modo posible de gratificación sexual, en muchos casos sin tener que sufrir los descalabros de la ley, como es el caso del adulterio. O los ataques de la crítica, en el caso de la viuda que no se conforma con su soledad… Reconocer estos hechos nos lleva a una visión más humana y equilibrada de esta práctica sexual al alcance de cualquiera.

 


Las formas de masturbación

Las modalidades de la masturbación femenina son más variadas y ricas que las usuales y comunes empleadas por el sexo masculino.

La mayoría de las mujeres que la practican lo hacen habitualmente con excitación del clítoris y vestíbulo. El dedo medio frota el clítoris con su pulpejo, y al final del acto, desciende ligeramente, excitando el clítoris con su parte media, y los alrededores del meato urinario y vestíbulo, mientras los dedos segundo y cuarto oprimen los labios.

En las que conocen el coito suele haber movimientos pélvicos menos acusados.

Aunque éste es, pudiéramos decir, la forma patrón, el número de variantes es muy elevado.

Algunas mujeres obtiene el placer con el talón del un pie, otras han inventado más de 30 variantes.

La masturbación por contracciones rítmicas de los muslos, con exclusión de todo contacto manual, es practicada por otras, aunque son bastantes las mujeres que, conociendo el método, lo emplean incidentalmente para masturbarse de manera inadvertida, bien ante otras personas o en lugares públicos, y otras, como complemento  simultáneo de la masturbación digital.

Un porcentaje poco elevado es capaz de conseguir orgasmo ocasionalmente, con exclusión de todo estímulo físico, y es en este grupo donde algunas mujeres no relacionan  sus experiencias placenteras como puramente sexuales, titulándolas de amor puro, éxtasis  religioso, calma de nervios, etc.

Hay mujeres que realizan presiones mamarias antecedentes o simultáneas a la masturbación, y algunas alcanzan su mayor satisfacción realizando el acto  ante el espejo, total o parcialmente desnudas.

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