ANTISEXUALISMO EPIDÉMICO:Del Onanismo al Satanismo*

John Money

 

1. Liberación sexual

Las dos décadas entre 1950 y 1980 ya son conocidas históricamente como la época de la Revolución Sexual. El periodo más interesante fue el de la reformulación de la moralidad de las relaciones hombre-mujer en general, así como también las relaciones erótico-sexuales.

Se puede ver la Revolución Sexual como un breve momento de liberación entre dos grandes epidemias sexuales: la primera, la sífilis (con o sin la coexistencia de la gonorrea), y el actual HIV (Virus de la Inmunodeficiencia Humana), el agente infeccioso del SIDA (Síndrome de la inmunodeficiencia adquirida). Ambas epidemias comparten la historia de un absurdo e irracional antisexualismo, que se manifiesta como secuela de la impotencia ante la incapacidad de contenerlas.

2. Sífilis y antisexualismo

Aunque hay opiniones que disienten, se considera que la Conquista de Cristóbal Colón volvió del Nuevo Mundo trayendo la espiroqueta de la sífilis al puerto de Nápoles. Es seguro que la nueva epidemia comienza en este lugar a finales del S. XV y que fue llevada al Norte por soldados franceses que estaban guarnicionados allí. La enfermedad se extendió a los países del norte que eran vecinos y fue denominada con el nombre del país en el que se originó. Fue conocida también como una enfermedad social. Aunque asociada con el vicio, la inmoralidad y las costumbres disolutas, no había una teoría adecuada que explicase la difusión del contagio.

La primera formulación de una teoría corresponde a un médico suizo, Simón André Tissot, en 1758. Tissot reconoció correctamente los síntomas de la sífilis, incluyendo la posibilidad de que un paciente sifilítico pudiera transmitir la enfermedad a su descendencia. Sin embargo, cometió un error de consecuencias transcendentales para la sexología: atribuyó los síntomas a la degeneración causada por una pérdida de semen, no sólo por medio de los vicios sociales y la promiscuidad indiscriminada, sino también por el vicio solitario de la masturbación u onanismo. El título de su libro en francés (edición de 1781) es El onanismo, disertación sobre las enfermedades producidas por el Onanismo (masturbación). En la primera edición americana (1832) es traducido por Tratado de las enfermedades producidas por el Onanismo.

La teoría de la conservación del semen, utilizada por Tissot como la base de su teoría de la degeneración por medio de la masturbación, tiene su origen en la Antigüedad de la India Ayurveda, en la medicina china y en la medicina étnica folklórica. La teoría opuesta, semen-inversión, puede tener la misma antigüedad pero está limitada a Nueva Guinea y Melanesia. Según la medicina tribal de Sambia, de Nueva Guinea (Herdt, 1981, 1984), es necesario para los adolescentes solteros alimentarse con su propio semen. Leche masculina para los jóvenes pre-puberales. Así, de esta manera, se facilitará que el esperma vuelva a ellos y que se hagan adolescentes y capaces de producir su propio semen.

La teoría medicalizada de la retención del semen de Tissot fue asociada con la teoría de la degeneración y ambas fueron alineadas con la mayoría de los descubrimientos y conceptos de la medicina de su tiempo. Para los médicos, la teoría proporciona un nuevo diagnóstico, el onanismo, al que más tarde se añadirá la espermatorrea (polución nocturna). El tratamiento de ambas por el ejercicio, aire fresco, dieta, la regulación intestinal, hábitos regulares de sueño, el control de las pasiones concupiscentes… se convierte en la mayor industria médica del Siglo XIX, llegando hasta el Siglo XX. El descubrimiento de la teoría de los gérmenes por Pasteur y Koch a comienzos de 1870 marcó el comienzo del fin de la masturbación como la causa de síntomas de la sífilis, así como de multiplicidad de otros síntomas psíquicos y físicos.

Sin embargo, en cuanto a las normas de conductas culturales, el antisexualismo inherente a la teoría de la conservación del semen se extinguió difícilmente. Recibió otro golpe en el último cuarto del Siglo XIX con la fabricación de la goma látex a finales de 1920. Condones y diafragmas dieron a ambos sexos la opción de separar el placer erótico-sexual de la procreación, pero la opción fue condenada por la ley y por los dogmas morales a lo largo del Siglo XX. Aunque el dogma cedió en cuanto a los condones, bajo el pretexto de que fueran fabricados exclusivamente como protección contra las enfermedades de transmisión sexual. Fueron reconocidos legalmente.

La premisa básica de la teoría de la degeneración, a saber, las enfermedades causadas por la pérdida de semen, ha sido socavada por la teoría de los gérmenes y la tecnología contraceptiva. Recibió un golpe mortal con el descubrimiento de la penicilina, con el subsiguiente descubrimiento de su eficacia en destruir el bacilo infeccioso de la sífilis y la gonorrea. La eficaz fabricación y comercialización de la penicilina a finales de 1940 fue la innovación tecnológica y la precursora de la emancipación sexual, que se convertiría en la marca de la revolución sexual. La revolución sexual fue contingente también con una mayor innovación en el control de la natalidad, particularmente por la aplicación de los nuevos descubrimientos en endocrinología, con la fabricación de la hormona contraceptiva: la píldora. La píldora sale por primera vez al mercado en 1960. Para las mujeres la píldora estaba menos estigmatizada moralmente que los contraceptivos vaginales, porque la píldora se ponía en la boca, no en la vagina, y no era necesaria una preparación específica para el acto del coito. Se trataba de una mediación independiente y rutinaria.

Las nuevas formulaciones de la moral en la Era de la revolución sexual afectan a los jóvenes, bajando la edad de la primera experiencia sexual. También afectaban a las mujeres adultas que se permitían experimentar relaciones sexuales múltiples durante un largo periodo de tiempo, independientemente de la procreación.

Estas nuevas formulaciones no afectaban a la inclinación de ambos. hombres y mujeres, a experimentar el deseo de vivir juntos y formar parejas de amor. Por contraste, afectaba a la fecha del matrimonio, relativa al comienzo de la relación entre hombre y mujer. El antiguo sistema pre-romano, precristiano-europeo, que consistía en el derecho de quedar embarazada –y para ello era necesario casarse–, fue revivido en una forma diferente: adultos jóvenes vivían juntos antes de hacerse cargo de las responsabilidades del matrimonio y del embarazo.

Puede ser tomado como un axioma que, en las vidas individuales y en la sociedad, cualquier forma de cambio sin reparar en las consecuencias es peligrosa y está sujeta a variables grados de desconfianza y resistencia. No es sorprendente, por consiguiente, que las nuevas éticas de la reforma sexual no fueran universalmente aceptadas, aún siendo diferentes y moralmente coherentes en sus premisas. En lugar de esto fueron objeto de una apasionada critica y penaliza-das económicamente. Fueron indiscriminadamente equiparadas con la impudicia, la promiscuidad, la depravación, la destrucción de la familia y la desintegración moral de la sociedad.

3. Sida y antisexualismo

La lección de la historia es que esa reforma es seguida inexorablemente, se podría decir, por una contrarreforma. Así ha pasado con las nuevas formulaciones morales en la Era de la Revolución Sexual que fueron seguidas por las críticas de la contrarreforma sexual y que continúan manifestándose inexorablemente, no sólo en el macrocosmos de la sociedad, sino también en el microcosmos de la sexología profesional. El antisexualismo de la era de Tissot encontró apoyo en el clima social de la epidemia bacteriana de la sífilis. El antisexualismo de nuestra era existe en el clima social de la epidemia viral del Sida, el llamado síndrome de la inmunodeficiencia. La rápida propagación de la todavía no contenida epidemia del Sida lleva consigo la propagación aún mayor de las irracionalidades y los absurdos del antisexualismo.

Una de las manifestaciones del antisexualismo más terroríficas es el importante crecimiento de las falsas acusaciones de los abusos sexuales a niños. Mientras que es una regla de la justicia que al acusado se le considere inocente hasta que se pruebe que es culpable, ser acusado de abusar sexualmente de un niño es ser considerado culpable antes de que pueda ser probado. Así, una falsa acusación de abusar sexualmente de un niño es un arma de venganza muy importante. Como quiera que este tipo de falsas acusaciones prolifera, colapsan el sistema de la justicia criminal, distrayendo la atención sobre otro tipo de delitos.

Una de las mayores irracionalidades del antisexualismo en boga es relacionar las falsas acusaciones de abusos sexuales a niños con acusaciones de satanismo. El satanismo está usurpando el lugar antiguamente ocupado por el onanismo, como la justificación del antisexualismo.

Etimológicamente, en hebreo, Satán significa adversario. Esto serviría como premonición de que la teoría del satanismo es una teoría del adversario. Es en la Ley donde existe el adversario. No en la medicina, ni en la ciencia, ni en el humanismo. La Sexología, siendo la ciencia del sexo, no es un adversario, pero como todas las ciencias obedece las leyes del consenso y de los acuerdos. Cuando fracasa esto, la sexología pierde su identidad científica, toma una identidad ideológica y doctrinal, y se transforma en una sexosofía.

Los practicantes de la sexosofía se convierten en adversarios ideológicos de aquellos a los que ostensiblemente sirven. Y lo peor es que se transforman de una manera encubierta en policías del sexo que, brindando y simulando confidencialidad, dan información confidencial al sistema de justicia criminal. O, dentro del sistema, se utiliza en programas de reeducación disciplinaria, eufemísticamente llamada terapia.

Históricamente, la Sexología ha sido reconocida como adversaria por sus padres funda-dores. A finales del S.XIX y principios del XX, estuvo ocupada no sólo en la investigación sexual, sino también en la reforma sexual. Un aspecto de la reforma, especialmente bajo Krafft-Ebing (1886-1903), fue el traslado de lo que hoy llamamos parafilias desde la jurisdicción de Justicia de lo criminal hasta la jurisdicción de la Psiquiatría forense. Se caracterizarían como una enfermedad que debe ser curada y no como un crimen que debe ser castigado. Sin embargo, el sistema de justicia no perdió su antiguo derecho de definir el escándalo sexual y someter a los culpables a juicio y castigarlos. Antes bien, recluta dentro del sistema de justicia a médicos forenses entrenados en temas sexuales, principalmente psiquiatras y psicólogos, para servir bajo su propia ideología y mantener así el statu quo (Coleman, 1990).

4. Renacimiento del satanismo

En la era de Krafft-Ebing, el statu quo no incluyó el renacimiento de la ideología de la brujería, de la posesión demoniaca o del satanismo –que habían agitado el sistema de justicia de los siglos XVI y XVII. Esta ideología había ido perdiendo credibilidad progresivamente a los ojos de la ley. Sin embargo, sí mantiene su credibilidad a los ojos de la Iglesia y en la industria de los festejos. Así, ha habido siempre una abundante fuente de materiales desde la que se ha construido en el siglo XX el renacimiento del satanismo del siglo XVI. El periodo reaccionario de los 80 proporciona una oportunidad para su renacimiento. En Inglaterra, un periodista del periódico El Independiente investiga su historia (Waterhouse, 1990) desde sus comienzos en Victoria, British Columbia.

Michelle Smith y su psiquiatra Lawrence Pazder, con el que posteriormente se casó, publican el libro Recuerdos de Michelle (1930). En él se relatan sus recuerdos de 1976, tras 200 horas de terapia: desde que tenía cuatro años, había sido víctima de abusos sexuales, físicos y emocionales, por parte de unos parroquianos del satanismo y de su propia madre. Afirmaba haber sido testigo de grotescas ceremonias de magia negra, libertinaje, asesinatos, sacrificio de niños, mutilaciones de animales… y, además, dice que bebían extraños líquidos y sangre. Fue con Pazder al Vaticano para alertar a la Iglesia de los peligros que acechan a los niños por los cultos satánicos en todo el mundo. Con su libro, ambos dirigen seminarios sobre los cultos satánicos para terapeutas expertos en abusos sexuales, trabajadores, policía y cristianos fundamentalistas. En la excitación de sus seminarios, la histeria contra los cultos satánicos prolifera. Entre 1984 y 1989 cien americanos de todos los estados fueron acusados de rituales sexuales y abuso de menores. De cincuenta casos, la mitad fue condenada con la sola evidencia de testimonios de expertos que explicaban cómo detectar los signos de trauma sexual en los niños y el testimonio de los padres y de los niños que tenían a su cuidado para testificar.

5. Satanismo en California

El botón de muestra de los enjuiciamientos en América alegando abusos sexuales a menores es el caso de McMartin Preschool en Manhattan Beach, California (sin cita, 1990). Los propietarios y profesores de esta escuela fueron acusados por la querella de una mujer, con un doble diagnóstico de alcoholismo y una aguda paranoia esquizofrénica, que murió en 1986 de una enfermedad relacionada con el alcohol. En Julio de 1983 dijo a su médico que su hijo, de dos años y medio, tenía prurito anal. Ella misma tenía una infección vaginal y es posible que hubiera podido contagiarlo. Unas semanas más tarde, telefonea a la policía local para informarles de que había observado sangre en el ano del niño y que le había escuchado decir algo sobre un hombre llamado Ray, de su escuela (a quien el niño no pudo identificar en una foto de la propia escuela). La policía pide un examen médico. El interno del hospital establece que la rojez en el área del ano tiene que ver con la sodomía, pero admite que no está muy instruido en temas de abusos sexuales. Progresivamente, la madre embellece más sus acusaciones. Le dice a la policía que el profesor Ray Buckey sostenía la cabeza de su hijo en el retrete mientras lo sodomizaba; llevando una máscara y una capa, le tapaba los ojos y la boca, le ataba las manos y le metía un tubo de aire por el ano; había hecho que el niño cabalgara desnudo sobre un caballo y él mismo se había disfrazado de bombero, payaso y Santa Claus. Dice también que los profesores de la escuela habían pinchado al niño en los ojos con unas tijeras y que le habían puesto un material extraño en los oídos, pezones y lengua; Ray le había pinchado un dedo y se lo había metido en el ano de una cabra; y la madre de Ray, Peggy Buckey, había matado a un niño e hizo que su hijo bebiera la sangre. Como adorno adicional, la madre acusa a otros de haber sodomizado a su hijo, particularmente a un marino, tres empleados de un club de salud y al propio padre del niño, del que estaba separada. También acusa a una camada de perros. Y a tres mujeres de la escuela McMartin de ser brujas y haber enterrado a su hijo en un ataúd, y de que una de ellas había matado a su propio hijo, cortándole la cabeza y sacándole los sesos.

El niño únicamente había asistido a la escuela catorce días y había sido supervisado por Ray Buckey sólo dos. La policía registra su apartamento y la escuela sin encontrar ninguna evidencia incriminatoria. Sin embargo, los doscientos padres de los preescolares enviaron a la policía una carta, advirtiéndoles de que sospechaban que sexo oral, caricias en los genitales y sodomía eran algo obligado cuando los niños estaban solos con Ray Buckey. Ningún niño reveló ninguna desconfianza o sospecha. Preocupados los padres, fueron enviados desde la Oficina del Fiscal al Instituto Internacional del Niño (CII), una institución especializada en la investigación de cualquier sospecha de abuso sexual. El médico especialista de la CII advierte a los padres que es posible que los niños del McMartin hayan- sido violados. Los niños fueron interrogados por una MSW sin título, una autodenominada experta en abusos sexuales a menores.

Usando maniquíes y muñecas anatómicamente correctas crea el escenario donde ella es la intérprete. Esta mujer aplica técnicas de entrevistas estándar, obtenidas de grabaciones de vídeos que ella misma elige para apoyar sus sugestiones y conjeturas. Ofrecerá las grabaciones de vídeo como una prueba profesional de que ha habido abuso sexual.

Provisto con las cintas, un procurador políticamente ambicioso, convoca un gran jurado que los acusa de ciento ocho cargos, implicando a cuarenta y dos niños. En el curso de seis años, la acusación gastó 15 millones de dólares en el caso y lo perdió. El jurado puso en libertad a toda la plantilla de la escuela que había sido acusada. No sólo las acusaciones habían sido falsas, sino que también habían sido fabricadas por los profesionales de la industria del abuso sexual. Estos profesionales no fueron librados de su responsabilidad por el efecto perjudicial que causaron no sólo sobre los acusados, sino también sobre los niños. Durante siete años, estos niños, con edades comprendidas entre los tres y cinco años y los once y trece, fueron presionados para construir una biografía, con el fin de determinar un posible pago por daños. Hacer un lavado de cerebro para incorporarlo a la fabricación de cada biografía es, así mismo, una forma de abuso traumático y una fuente de psicopatología. Sus consecuencias persisten para toda la vida.

6. Satanismo en New Jersey e Inglaterra

No superado por el caso de California, Maplewood, New Jersey, en el Este, tiene como escenario de su propio caso la guardería Wee Care Day Nursery (Rabinowitz, 1990). Margaret Kelly Michaels, una aspirante a actriz y estudiante de Arte Dramático en Nueva York, tenía en Maplewood un contrato de trabajo de siete meses, entre 1984-1985. Su acusación fue acelerada por la observación de un niño de cuatro años, cuando la enfermera de su pediatra le tomó la temperatura rectal. Jugando, dice que su profesora le hizo lo mismo también durante la siesta. El pediatra le dice a su madre que llame a la Agencia de Protección Infantil del estado. De allí se la remite a la Unión contra el Abuso Sexual de la provincia, que inicia una investigación. Sobre la base de unas cintas de vídeo, en la que se obtienen confesiones forzadas de veinte niños de 3 a 5 años, Michaels fue acusada de abuso sexual, violación y de agredirles con cuchillos y tenedores. En 1988, con 26 años, fue sentenciada por un jurado de New Jersey a cuarenta y siete años de prisión.

El abuso sexual a menores, como una práctica del satanismo, no es una prerrogativa americana, como queda en evidencia en el informe Waterhouse (1990). Este informe fue presentado en la 4ª Conferencia Internacional sobre el incesto y los problemas originados por éste, celebrada en Londres, en Agosto de 1990. Sue Hutchison, de Londres, se autoproclama víctima de abuso durante 16 años en un ritual de satanistas. Les aconseja a los delegados que se pongan en contacto con personas que hayan sido objeto de abusos satánicos. En 50 casos se informó sobre canibalismo. Se afirmaba que fetos humanos habían sido asesinados y comidos por miembros de círculos sexuales satánicos y que bebés prematuros habían sido sacrificados. Los niños habrían sido colgados por los pies y suspendidos sobre sierras eléctricas. Los abusos sexuales incluían violación, sodomización y bestialismo. Norman Vaughton, un psicoterapeuta de Nottingham, habla a los delegados de una estimación 10.000 sacrificios humanos en América, muchos de ellos de fetos que fueron engendrados especialmente para el sacrificio.

7. La industria del abuso sexual

Muchas de las violentas alegaciones de satanismo podrían ser fácilmente repudiadas, no como una teoría del abuso sexual a menores, sino como la fantasmagoría de una mente enferma. Sin embargo, lo que no puede ser descartado, es la existencia de una perfecta industria basada en el abuso sexual y dedicada férreamente a incluir el abuso sexual a menores en la definición legal de la edad de la infancia, definida en Estados Unidos como el período comprendido entre el nacimiento y los 18 años. Las acusaciones de sospecha de abusos satánicos son el extremo. Los cargos no satánicos de sospecha de abuso sexual, vejaciones e incestos son los más abundantes. No está en discusión la existencia de abusos, como queda claro, por ejemplo en Williams y Money (1980), sino la sospecha o acusaciones no probadas de ellos.

La industria del abuso sexual se ha desarrollado bajo la influencia de los arquitectos de la contrarreforma sexual y se pone a su servicio como un agente de la contrarreforma. Será tarea de los futuros historiadores el determinar el grado en el que la contrarreforma sexual ha sido orquestada por un liderazgo antisexual, organizado por las Agencias de religión y gobierno, en la ley y por los políticos. Se puede dar por seguro que esto no ha sucedido por casualidad. Sin embargo, cuanto más fuerte es la marea, mayor es el número de cómplices arrastrados por ella.

Antiguamente, la industria del abuso sexual seguía un camino soterrado, que no encontraba resistencia en los trabajadores. En prospectiva, los trabajadores siguieron la corriente de los cheques de pago, como las gaviotas siguen el camino equivocado. En su mayor parte, habían sido preparados para el trabajo social. O bien en psicología, para ejercer como consejeros o para otros servicios de la salud pública. La mayoría no tenía un conocimiento de los principios básicos de la historia de la sexología. Sus servicios fueron requeridos predominantemente en casos no auténticos de abuso sexual, sino de sospecha de abuso sexual y en infundadas acusaciones de divorcio y custodia de los hijos. En muchos casos la única evidencia de abuso sexual fue arrancada a los niños por ellos mismos (Coleman, 1984, Besharov, 1985).

Casi veladamente, aunque sea falso, se acepta el dogma de la industria del abuso sexual de que los niños nunca mienten sobre el sexo. Un corolario, también falso, es que las fantasías de los niños son incapaces de pseudología fantástica. Con el camino aclarado así, para darles ostensiblemente acceso directo a la verdad absoluta, a través de jóvenes y niños, los trabajadores de la industria sexual tuvieron las manos libres para desarrollar sus inquisitoriales métodos de interrogación (Coleman, 1990). El catálogo de indicios de comportamiento de abuso sexual se tomó prestado del catálogo de indicios de masturbación del S. XIX (Money, 1985).

Los trabajadores de la industria del abuso sexual están acomodados respetablemente en la comunidad profesional como miembros de las sociedades profesionales. Ni siquiera la credibilidad de lo científico o lo ético de sus prácticas ha sido examinada por estas sociedades. La Sexología profesional ha sido y continua siendo culpable en este aspecto. Por no hacer nada, la sexología aprueba de hecho el antisexualismo, que será su propia némesis, del mismo modo que la aprobación de la eugenesia social se convierte en la némesis de la sexología bajo Hitler.

Mientras que en el S. XVIII la doctrina antisexual del onanismo comienza en Europa y emigra a América, en el S. XX la emigración de la doctrina del abuso sexual del satanismo ha seguido otro camino. No es que América haya exportado su antisexualismo, sino, más bien, que los otros países han ido siendo preparados para el antisexualismo, por los mismos cambios tecnológicos y demográficos que primeramente habían preparado el camino del antisexualismo en América.

8. Peligros del antisexualismo

Los peligros del antisexualismo en América no se restringen al satanismo y abuso a menores. Otra clase de peligros acecha a la Sexología americana, identificados en el siguiente catálogo selectivo:

-Censura explícita en materia de educación sexual y cursos, incluyendo especialmente aquellos dedicados a la autoprotección contra el Sida, independientemente de la edad. Incluso para adultos, en el caso de homosexuales.

-Instrumentación oficial en los medios y en la prensa de una cruzada contra la pornografía, basada en el dogma ideológico explícito de que la representación de los genitales y el comportamiento erótico explota a las mujeres y perjudica a los niños.

-Extensión legislativa en 1984, aumentando el periodo de la infancia de 16 a 18 años, y prohibición de mostrar los genitales en cualquier medio de comunicación a cualquier persona que tenga menos de 18 años, incluyendo obras de arte y fotos en las que aparezca un menor desnudo bañándose.

-En casos de pedofilia, trampas y arrestos oficiales realizados por agentes disfrazados y utilizando cebos.

-Discriminación administrativa y judicial contra lesbianas y gays. Por ejemplo, para hacer el servicio militar, en Aduanas y, hasta muy recientemente, para otorgar permisos de entrada en Estados Unidos.

-Restricción selectiva, tanto dentro del país como en el extranjero, a la tecnología contraceptiva o abortiva para regular la densidad de la población o el número de miembros de una familia.

-Indiscriminada y estática patologización de los embarazos en las adolescentes y de la maternidad o paternidad en padres solteros.

-Estática inflación de la incidencia de casos llamados de violación o abuso sexual, extendiendo las definiciones de violación y abuso sexual, para incluir respectivamente violaciones por familiares y toques deshonestos.

-Adopción de una terminología judicial criminológica dentro del vocabulario clínico, ostensiblemente no judicial. Por ejemplo, víctima, sobreviviente, vejaciones, ofensa, ofender y reincidencia.

-Fabricación y tratamiento de una nueva enfermedad, la adicción sexual, contrapartida de la espermatorrea del S.XIX.

-Proscripción de categorías seleccionadas en la investigación sexual, oficialmente justificada y rayando la ilegalidad (e.g., sexualidad infantil); invasión, aislamiento (e.g.,un nuevo informe Kinsey); y sensibilidad personal (historias de la clínica sexológica).

La conclusión más tajante que se extrae de este inventario es que la Sexología Científica está en peligro de ser tragada y consumida en las fauces del monstruo del antisexualismo epidémico, del que el satanismo y el abuso sexual a menores son sólo dos de sus componentes. La vulnerabilidad de la sexología es que ésta exista, no como una ciencia definida y coherente, sino fragmentada y dispersa entre las ciencias biológicas, médicas y sociales. Está peligrosamente dividida entre antiguos valores de naturaleza versus educación, nuevamente conceptualizados como biológico versus social.

Escasea el trabajo sobre vocabulario de términos y conceptos, así como un diagnóstico gnoseológico internacional con consensos teóricos imprescindibles. De ello resulta la poca preocupación teórica de muchos profesionales de su campo. Existen pocos institutos universitarios que garanticen una graduación con peso social relevante. Por ello es muy importante el fomento y la protección de programas de formación en Sexología con seriedad y rigor. Todo ello conduce y es fruto de la carencia de programas de acción política global. A todos estos déficits es preciso añadir la ausencia de fuentes seguras de financiación.

Mi pesimismo se vería suavizado si todos los delegados de este 10° Congreso Mundial de Sexología volvieran a sus países con la resolución de estar más atentos de lo que han estado sus colegas norteamericanos en la defensa de la integridad teórica y de la práctica profesional de la Sexología como disciplina exigente y rigurosa. Ello podría contribuir a neutralizar esa corriente de antisexualismo epidémico que avanza.

* Redactado para el 10° Congreso Mundial de Sexología. Amsterdam, Junio, 18-22, 1991. Copyright John Money, 1/23/91.

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