Los grandes titulares han contribuido a ofrecer una imagen de la Sex therapy como un conjunto aleatorio de posturas, técnicas, trucos o artilugios -toda una jerga- para la práctica del sexo, ese sexo generalizado en su concepto falseado. Contrariamente a esta creencia y a esa práctica, lo más importante de las innovaciones no reside en dichas -técnicas sexuales- sino en las claves básicas que dan sentido a unas u otras estrategias, así como a las tácticas que las acompañan.

Por eso conviene que nos detengamos en algunas claves básicas que forman los pilares de la Sex therapy, sea cual sea la clase de problema en uno u otro punto del argumento general. Las tres claves que expondremos a continuación ocasionaron una auténtica revolución en los tres pilares clásicos de todo el formato terapéutico: en primer lugar sobre el objeto clínico; a continuación, sobre la etiología y el diagnóstico; y, finalmente, sobre el mismo tratamiento.

Primera clave: sobre el objeto clínico

Esta primera clave básica consiste en considerar la queja o disfunción, sea cual sea ésta dentro de las listas de uso, no como propia de uno o de otro de los dos componentes de la relación, sino como el resultado o producto de un tercer elemento, es decir, del ars amandi de la misma relación. -La unidad clínica -escriben Masters y Johnson- es la misma relación sexual- . Y ésta será, sin menoscabo de que, en su momento, se traten unos u otros aspectos concretos de uno u otro de sus componentes, el objeto central de toda observación.

No habría por qué extrañarse de esta clave cuyas repercusiones son tan extraordinarias, si bien es explicable que resulte chocante debido al esfuerzo o cambio que requiere con respecto a modelos anteriores, habituados al tratamiento de individuos frente al planteamiento de este objeto clínico nuevo formado por la relación. Sin duda se trata de un vuelco epistemológico de la entidad clínica misma. Pero es en ese marco, en esa -mesa de operaciones-, en la que las intervenciones resultan de la máxima eficacia, incluso en cuestiones que parecen ser estrictamente individuales o independientes de cada relación.

Se ha dado poco interés a esta clave expuesta por Masters y Johnson. Y esto por dos factores: por un lado, porque la misma realidad de la pareja se ha tomado en su sentido difuso y voluntarista o moral, y, por otro lado, porque junto a la Sex therapy, se han desarrollado otros formatos o enfoques que llevan el nombre de terapia de pareja, no siempre coordinados con ésta.

No obstante, si tomamos en consideración la noción de pareja como el proyecto formado por dos sujetos cuyas estructuras, vivencias, deseos y conductas se encuentran como dos sexos que son, se podrán ver las cercanías entre lo que es terapia de pareja y terapia sexual. Otra cosa es que, por sexual, se entienda la alcoba o el uso de los genitalia, es decir el locus genitalis antiguo separado de los sujetos, según la noción de sexo falseada y no lo que dice relación a lo que cada sujeto tiene de más propio en dicha relación conjunta que es el ser de uno o de otro sexo.

Segunda clave: sobre la etiología y el diagnóstico

Esta nueva clave básica de la Sex therapy concierne a los pasos previos de la etiología y diagnóstico para la definición de los distintos problemas denominados sexuales. Es lo que se conoce en el modelo médico como anamnesis. Sin duda esta clave resultó también excesivamente innovadora. Incluso, como se dijo, revolucionaria. Antes de Masters y Johnson se estaba acostumbrado a distinguir dos parámetros diagnósticos: uno de orden orgánico o biológico y otro de orden mental o psicopatológico. Tras la priorización del marco relacional como objeto clínico principal, estas causas de los problemas fueron automáticamente replanteadas. Y es que tanto los factores de la patología orgánica como los de la psicopatología que ocupaban un destacado sitio en el orden anterior pasaban a ser secundarios, no porque no fueran de interés en su momento para ser tenidos en cuenta sino porque no son los de más interés para el diagnóstico y, sobre todo, para un tratamiento centrado en las interacciones de la relación como objeto principal.

Dada la línea de uso en los diagnósticos, Masters y Johnson siguieron también con ella señalando esas causas o factores cuando éstos resultaban claros y directos, aunque en porcentajes bajos. -Se estima -escriben en un balance de 1987- que entre un 10 y un 20 por 100 de estos problemas tienen una causa preponderantemente orgánica… En otro 15 por 100 estos factores orgánicos contribuyen a que se produzcan los trastornos aun cuando no constituyan la causa única o directa- . Por eso es siempre conveniente un reconocimiento en el que sean detectados estos factores como es el caso de la diabetes o el alcolismo especialmente en las dificultades relativas a la erección. O el de las lesiones o trastornos neurológicos, las infecciones genitales, las deficiencias hormonales, o los problemas vasculares. Es también el caso de la toma de algunos fármacos, como los reguladores de la tensión arterial, anfetaminas, sedantes o estupefacientes que, como es sabido, pueden constituir diversas disfunciones.

En algunos problemas más específicamente masculinos, no obstante, como la eyaculación precoz o la aneyaculación, es muy raro encontrar este tipo de factores en su génesis. En las disfunciones femeninas la rareza de las causas orgánicas es todavía mayor, con excepción de algunas dispareunias que el reconocimiento ginecológico puede detectar. Suelen señalarse, entre otros, la ingestión de algunos fármacos productores de sequedades vaginales, así como ciertas infecciones genitales o estados carenciales de estrógenos.

Baile de cifras

 

Más difícil todavía ha resultado el establecimiento de una relación de causa-efecto entre los llamados factores psicopatológicos y las dificultades sexuales al no disponer de verificaciones empíricas por más que un tópico haya generado el uso tan en voga de pensar que si no hay causas orgánicas de muchos problemas deberá haberlas de otro estilo y ésas han dado en nombrarse con el prefijo psico, al que luego le ha sido añadido el sufijo socio o la no menos ambigua fórmula psico-sexual.

A partir de ahí, según la procedencia médica o psicológica de los distintos estudios puede asistirse a los conocidos bailes de cifras sobre el porcentaje que se lleva cada clase de causa en los problemas sexuales. Unos dirán: el 85 % es de origen orgánico frente al 15 % de origen psicológico; otros dirán: el 70 % es de origen orgánico, frente al 30 % de origen psicológico; otros: el 40 % es orgánico, frente al 60 % psicológico; o el 20 % de origen orgánico frente al 80 % psicológico. Y así sucesivamente. Hemos podido ver tal cúmulo de combinaciones que resulta imposible darlas todas, tal es el abanico de opiniones divergentes en torno a esos parámetros.

Entre la clase de los llamados factores psicológicos se suelen apuntar los propios del desarrollo en sus distintas fases o etapas como son los trastornos generales de la infancia, la adolescencia, juventud, etc. dentro de los cuales algún percance o acontecimiento podría haber contribuido a crear este o el otro problema sexual concreto del que se trate en cada caso. Es sabido, no obstante, que los mismos o parecidos fenómenos no afectan a todos por igual, de donde es fácil concluir la relativa y dudosa causalidad psicológica de tales factores, a no ser que por psicológico se entienda todo, lo que termina en el contrasentido de no saber a qué se denomina sexual, cosa que no es, por cierto, nada banal y por la que habría que empezar.

El marco del ars amandi

De ahí que, frente al protagonismo de esa doble división de causas en el diagnóstico diferencial, Masters y Johnson no dudaran en afirmar en uno de sus Escritos mayores: -La más abundante etiología de los problemas sexuales, más que de origen médico o psicopatológico, procede de las carencias educativas y de la ignorancia de la función sexual- . En las relaciones de los sexos no se trata, pues, tanto de diferenciar entre factores orgánicos y mentales, como todavía se discute en ocasiones, sino del encuentro entre uno y otro sexo con unos u otros factores. Por ello, sin menoscabo de que, a efectos del estudio y de la casuística, muchos factores sean de interés para la aplicación de unos u otros recursos -y todos deben ser estudiados- el eje conductor tanto del diagnóstico como del tratamiento seguirá siendo la relación, es decir, el ars amandi en cuyo marco esas dificultades se producen y se viven.

Lo que se conoce como diagnóstico sexual en el sentido más claro es en definitiva el de la situación de cada sexo con el otro o, si se prefiere de cada sujeto en tanto que sujeto sexuado. Eso y no otra cosa quiere decir sexual y no el relativo al ejercicio de sus genitalia.

Todavía más: el ars amandi de cada sujeto, como desembocadura pragmática o visible de su dimensión sexual, es el que lo refleja y resume. Se trata, pues, de las interacciones de los sujetos sexuados como tales sujetos sexuados con otros sujetos sexuados.

Primar este eje conductor que constituye el hecho de los sexos y su ars amandi por encima de los otros factores constituye el núcleo de esta segunda clave básica, o del diagnóstico, en la Sex therapy. No hace falta insistir en que no se trata de negar o de no considerar otros factores, sino de considerar este eje por encima de los otros. Más exacto sería decir: a éstos girando en torno a él. Es, como vimos, el quicio del factor sexual. Desde este punto de vista, el recurso tan en uso al conocido esquema bio-psico-social necesita una revisión. Y sobre ello volveremos.

Tercera clave: sobre el tratamiento

La tercera clave reside en el hecho de que el tratamiento de la Sex therapy tiene lugar siempre centrado en la relación sexual. Todas las estrategias, tácticas , técnicas o recursos son aplicados a uno u otro de sus componentes en el marco de dicha relación. Más exactamente: es la relación la que recibe el tratamiento, aunque en ocasiones pueda dar la impresión de que se dirige a sus componentes. Es importante destacar que esta clave no debe confundirse con la diversidad de recursos específicos para cada uno de los problemas o para algunos de esos problemas en sus distintas fases del proceso terapéutico.

La novedad de esta clave de tratamiento sigue resultando muy desconcertante en algunos sectores que, de forma vestigial, priorizan todavía los llamados factores orgánicos o psicológicos sobre el mismo ars amandi. En efecto, en la Sex therapy, aunque se den estos factores, el marco del tratamiento será siempre el del ars amandi, sin menoscabo de que, como es obvio, se traten esos factores específicos con los recursos específicos en su debido momento. Dicho de una forma más clara: el marco global es más importante que cualquiera de sus factores porque incluso esos factores operan de otra forma en un marco general que fuera de él.

Ello requiere no solamente adaptar algunos de los detalles o aplicar algunas de sus técnicas sino fundamentalmente no perder de vista la principal clave que permite la aplicación organizada y secuencial de todo su conjunto. La base de esta clave reside en el principio de que, así como las dificultades se crean o aparecen en el curso de una relación, así también son más fácilmente detectables y abordables en ella.

Hay algo más: el concepto de sexo -el factor sexual- sólo puede ser entendido como una estructura relacional desde la sexuación de cada sexo. No se trata, pues, de una ocasional medida voluntariosa o de colaboración entre los miembros de la pareja –que la pareja colabore…–, sino de una clave básica de epistemología y conceptos, lo mismo para el conocimiento teórico de los fenómenos que para el tratamiento de sus problemas. Las implicaciones que se derivan de esta clave básica, así como sus aparentes complicaciones y complejidades no suelen superar a sus aportaciones, por lo que, aunque algunos elementos hayan sido modificados con el tiempo, este principio ha seguido cada día más firme y consolidado . Se ha criticado a Masters y Johnson en este punto por tener, se ha dicho, una idea previa de la pareja. Pero no se trata de pareja sino de relación de los sexos. Curiosamente no se sabe muy bien cuál es su idea de pareja si no es la que cada relación tiene de sí misma que es, en definitiva, la que crea o no crea unos u otros problemas. Y de ahí que, más que una idea abstracta de la pareja, se trate del ars amandi concreto y propio de cada relación: el que crean los mismos sujetos sexuados que la forman.

(Tomado de E.Amezúa, La Letra pequeña de la Sex therapy, Revista Española de Sexología, monografía nº 99-100. Publicaciones de los Estudios de Postgrado de Sexología, Madrid, 2000.)

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