sexualidad, sexologia, cultura, educación sexual

1. La noción de cultura sexual

Los principales gestores del proceso de modernización han solido recurrir menos a la antigua expresión “guerra de los sexos” y más a la de “convivencia entre los sexos” con el fin de ahondar más en el valor de ésta que en los riesgos históricos de aquélla, siguiendo la máxima de que los haberes son más atractivos que los déficit.

Una serie de pasos han sido dados de forma que esos supuestos enemigos —más bien ignorados amigos— han conocido acercamientos diversos, replanteamientos en distintas fases y, finalmente, un marco en el que sus debates pueden ser mantenidos por igual en un clima distendido y propio de la convivencia razonable.

Pero es obvio que surgen nuevos motivos de enfrentamiento. De la forma en la que dichos problemas sean abordados podemos decir que se está en una cultura de convivencia o de violencia, de consenso o confrontación.

2. La noción de clima sexual

Similar a la noción de cultura sexual, la noción de clima sexual da cuenta de la tonalidad de conjunto en la que se plantean las relaciones de los sexos. La conciencia de los nuevas identidades y derechos, así como las posibilidades de desarrollo de unos y de otros pueden ser considerados como sus grandes logros.

Sin renunciar a estos logros de la modernización, quedan, al lado, las actitudes de ataque o de defensa, de puesta en guardia o a la defensiva, así como las posibilidades de mutuos chantajes y ajustes de cuentas, precisamente por la mezcla de esas nuevas posibilidades con susceptibilidades antiguas. Es lo que se conoce como estado o clima de confrontación.

La hipótesis a la que conduce esta noción es que en la medida en que avance un clima de fomento de posibilidades de entendimiento entre los sexos perderá peso y protagonismo el otro de las susceptibilidades y la confrontación dentro de su marco. Fomentar una cultura sexual, así como un clima sexual sobre la base de la convivencia requiere, pues, abordar primero el foco de la convivencia y educación de los sexos antes que el de la violencia y sus variadas formas.

3. El respeto a la epistemología

Tanto la noción de cultura sexual como la de clima sexual remiten al sexo como concepto y marco de atracción y convivencia. Es éste, pues , una vez más, el que necesita ser considerado en su riqueza y dignidad por ser precisamente el que puede ofrecer los contenidos razonables propios de los sexos y, por lo tanto, la base de su distintivo.

El hecho de que el mismo concepto de sexo haya sido excluido del debate y confusamente distorsionado, así como mezclado con toda clase de elementos abyectos no es admisible en un debate razonable. No hablamos de las religiones y sus morales sino de la epistemología de los sexos y sus razones.

El debate principal no es, pues, el de la violencia y sus peligros sino el del sexo y sus beneficios para la convivencia. El protagonismo de los valores trae más beneficio que la lucha contra las miserias.

 Unas y otras vías

El hecho de ser sujetos sexuados, valor y cualidad de ambos sexos y una de las grandes adquisiciones de la Época Moderna, ha tratado de ser convertido en lastre y amenaza para los mismos sujetos. La prisa por penalizar y castigar ha tratado de cortar el gran proceso de modernización en el que las mujeres son consideradas sujetos a todos los efectos precisamente por ser, como los hombres, sujetos sexuados.

Tras el paradigma moderno, las mujeres no pueden ser ya consideradas criaturas de protección especial y, a su vez, los hombres no pueden serlo de persecución. Definir al final del siglo XX el sexo como peligro a cambio de recibir la protección de sus riesgos hace pensar en notorios retrocesos.

Tratar de convertir el sexo en pornografía y fuente de violencia es algo muy grave y que, por tanto, requiere ser pensado con detenimiento. ¿Qué ha fallado en este proceso? Respuesta: la cuestión de los conceptos; la epistemología de los sexos y su dimensión razonable. Sólo a partir de ahí puede empezar cualquier política, cualquier legislación y cualquier ética sobre los sexos.

E.Amezúa y N.Foucart (El Libro de los sexos, Bachiller, Unidad Didáctica nº 9,cp.VI)

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