25 años

25 años

El neo-dogma del neo-puritanismo neo-refinado ha llamado sexuales a las agresiones o abusos. Se ha extendido ese dogma. Nació, como es sabido, de los grupos anti-sex que en los años ochenta auparon al poder al Presidente de de los Estados Unidos Ronald Reagan. Y que, desde entonces, no ha dejado de expandirse.

Aquí en Europa decíamos entonces -y seguimos diciendo- que el sexo es un concepto y un valor. Como concepto, se estudia y se conoce; y como valor, se desarrolla. O sea, una de esas cualidades que tiene todo ser humano por el hecho básico de ser sexuado.

La educación sexual es una de las formas de ese desarrollarlo, tal vez la mejor. De esa manera se puede aprender a valorar y estimar el hecho de ser sexuados. Su principal fruto o resultado es organizarse para amarse de las muchas formas que ofrece la variedad de la misma condición humana.

Esto vendría a ser un resumen de lo que hacemos para formar a profesionales a través del Master en Sexología, educación y asesoramiento.

El neo-dogma del neo-puritanismo neo-refinado se propuso considerar el sexo como una palabra vacía que podían llenar de lo que quisieran y que han llenado de toda clase de cosas feas y odiosas, rechazables y condenables. Ya habían metido en ese palabra muchas cosas perseguibles.

Pero no habían dado con lo más odioso y repelente que es la violencia o la agresión. Cuando vieron este filón, se pusieron a explotarlo y extenderlo en fórmulas léxicas tales como, entre otras, las de agresión sexual o abuso sexual.

Y lo que es un valor de todos han querido convertirlo por ese dogma neo-puritanismo es algo más deleznable de lo que había sido. Siempre se había metido en esa palabra cosas feas, muy feas. Lo nuevo ha sido mezclar sexo y violencia. Y suprimir la Educación Sexual.

Seguimos y seguiremos, pues, desarrollando las nociones que el sexo ofrece como concepto y valor. Y para ver a los seres humanos como sujetos sexuados. Tenemos nuestras razones y documentación.

Esto es lo que nos planteamos cuando hacemos este Master de Sexología: Educación y Asesoramiento que cumple ahora 25 años en convenio con la Universidad de Alcalá en Madrid.

Ha sido y es nuestra forma de contribuir a que haya menos de eso que todos lamentamos. Se puede seguir engrosando el dogma del anti-sex. Y se pueden seguir otros planteamientos. Los resultados nos animan. [E. Amezúa].

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La sorpresa

Me sigue sorprendiendo que sorprenda una nota previa que solemos plantear en el Master de formación en Sexología. Este año ha sido más que en otras ocasiones. La sorpresa la causa una nota que dice: para hacer educación sexual no es necesario meterse en las conductas de nadie,

Meterse en las conductas es la frase que mejor resume decir a otros lo que deben hacer, lo que está bien o lo que está mal, lo que es sano o lo que no lo es. La educación sexual se ha ido llenando de normas, que es lo mismo que decir: se ha llenado de una moral reguladora de conductas.

La educación sexual no va en esa dirección. Está claro que nuestra forma de hacer educación sexual no es dando normas, sean del orden que sean. Y aquí viene lo más fino de la sorpresa: hay una fórmula para no dar normas que es centrarse en ideas.

Dar ideas, o sea, nociones y conceptos, nos recuerda mucho aquello que es bien conocido en educación: no des un pescado a quien tiene hambre; dale la idea de cómo se hace una caña de pescar. Y esto no es difícil, es incluso fácil.

Los alumnos de este año han dicho muchas veces que eso es idealista, utópico. O que se dice pronto pero es muy difícil. Cuando nos metemos en nociones y conceptos, estos no son difíciles o fáciles. Son lo que son para entender qué es el sexo.

Explicar qué es el sexo -o, a la inversa- tratar de comprenderlo es distinto a regularlo o moralizarlo. Nuestro cometido no es regular lo que se debe sino comprender de qué se trata en esta cantidad de cosas a las que sin pensarlo se suele llamar sexo.

Hay muchas preguntas que se formulan como una petición de respuestas normativas. ¿Es que se piden normas? Nuestro trabajo, antes de dar respuestas, es cambiar esas preguntas. Buscar su lado más interesante. No se piden normas. Lo que suele pedirse es cómo entender o explicar lo que sucede.

Si las re-formulamos como una petición de explicaciones, estamos en las nociones y conceptos. Y eso lleva en otra dirección que es más interesante. Lo más interesante de la educación sexual no es que dén normas sino que se ofrezcan ideas. El resto pertenece a la intimidad de cada cual.

Hay quien sigue diciendo que esto no es fácil, incluso que es difícil. Y la respuesta es que no se puede hacer algo sin previamente dedicar un tiempo a entender o ver de qué se trata. Y lo difícil deja de verse difícil.

Claro que no se puede hacer esto sin tener una mínima idea de qué eso que llamamos sexo. O sea, que no es difícil cuando nos detenemos a estudiarlo. Sucede en todos los campos.

[E. Amezúa]

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¿Algo contra abusos y agresiones?

Aquella clase fue sobre la episteme sexológica. Y en el café, Vanesa me pregunta si la Sexología tenía alguna solución para combatir las agresiones sexuales. Por dentro me quedé perplejo. Sé lo difícil que es explicar o simplemente hablar de algunos temas.

Intenté ir muy despacio. Sabía que tampoco iba a explicarme. De hecho, después de un rato largo, vi que resultaba más difícil todavía.

La opción de la episteme sexológica nos lleva a una constatación: se ha relegado el plan de una educación sexual organizada, entendiendo por tal una educación de los sexos. Y en su lugar se ha situado una lucha contra tabúes, prejuicios, estereotipos, roles o papeles.

Los planteamientos son claros: la educación de los sexos, o sea la educación sexual lleva una dirección que es, como dice el mismo término, educar. Educar es poner de relieve lo valioso. Y está claro que el sexo es un valor.

En el planteamiento de lucha se ha optado por dejar de lado la educación para centrarse en la lucha. No quiero decir que no se use la palabra educación, entre otras. Lo que entiendo es que se ha relegado la educación sexual.

El hecho constatado es el descenso progresivo de acciones de educación sexual y el ascenso cada vez mayor de la lucha contra abusos y agresiones durante las últimas décadas. La episteme sexológica es una apuesta por el entendimiento y el buen trato entre los sexos.

Al afirmar esto hay quien entiende que no hacemos nada contra el abuso o la agresión o contra los malos tratos. Hacemos educación sexual, o sea, educación de los sexos. Hacemos Educación de los sexos, Asesoramiento entre los sexos y Terapia sexual, o sea de los sexos.

La episteme sexológica, o sea, la Sexología, nos dice que poner de relieve lo valioso puede atraer más que la lucha contra lo que no lo es. Llevamos con el descenso de la Educación Sexual varias décadas. Y ahora empiezan a darse cuenta, después del experimento en vivo, que hace falta más Educación Sexual.

¿Qué tenemos para combatir abusos y agresiones de los sexos? Más educación de estos. Hace tiempo pudo parecer que esto no era importante, incluso que dar más interés a lo urgente. Pues eso es lo que ofrece la Sexología, siguiendo una línea, un libro de estilo en el trato entre los sexos.

El adjetivo sexual no dice relación a genitales sino a los sexos. Después de esta racha de ir a lo urgente hay un repunte de lo importante. Así lo percibo entre una gran parte de quienes hacen nuestro Master. [E.Amezúa] 

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¿Machismo?

Esa mañana en el Master de Sexología el tema de la discusión en la clase era el paso, en la evolución de machos y hembras a hombres y mujeres. Se había hablado de la percepción del masculino y el femenino y del interés de los conceptos y sus términos para podernos entender.

Se plantearon nociones como evolución a partir del Homo Sapiens, de sus pasos en ese proceso de humanización iniciado hace miles de años ¿cuántos? Lo que sí estaba claro era ese proceso de la humanización. A veces, siguiendo a ese Homo de la especie humana, se usaba indistintamente los términos de humanización y hominización.

Pero había una cosa que sobresalía de las otras. Y era un hecho, mejor o peor llevado, pero cierto y perceptible: el paso o salto, de ser machos y hembras a ser hombres y mujeres.

Se notaban dos líneas: recurrir más a hombres y mujeres que a machos hembras — dijo alguien como una intuición— podía ser más útil que hablar tanto como se habla de machismo, aunque sea para luchar contra él. De repente surgieron algunas disonancias.

Y la discusión se acaloró hasta el punto de perder o casi olvidar el tema del que se hablaba que era ese paso o salto en la evolución de milenios que se ha producido y por el cual tal vez no se haya dejado del todo de ser machos y hembras pero lo que sí parece claro es que somos hombres y mujeres. Ese es el hecho referencial evolutivo. Y éste es el que nos lleva a pensarlo en el marco sexológico.

¿Por qué, entonces, recurrir al machismo ? Alguien también nombró el hembrismo como su homónimo paralelo. Si a los hombres se les acusa de machismo —dijo una del grupo— también a las mujeres se las puede acusar de hembrismo.

Alguien recondujo la discusión y la llevó al eje que era el tema que se trataba. Tal vez —al hablar tanto de machos y de machismo— nos olvidemos que no somos ya machos o hembras sino hombres y mujeres. O mujeres y hombres, si se prefiere.

A fuerza de hablar tanto de él —se oyó otra voz—, se deja de plantear cómo somos o podemos ser las mujeres y los hombres de hoy. Y eso es más interesante. La explotación del machismo empieza a resultar un poco aburrida. Incluso a dejar de lado lo más interesante.

Y volvimos al eje del planteamiento. Y al concepto de ser sexuados que es lo propio de esos seres humanos y de su humanización. [E. Amezúa] 

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Sobre la episteme

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La episteme equivale al super tema. Es el tema más importante que permite aclararnos sobre de qué hablamos cuando hablamos de sexo: hablamos de la idea que nos hacemos de los sexos.

La episteme de los sexos tiene su base en la idea de los sexos. Y ésta surgió en la Época de la Ilustración y la razón. Pensar y desarrollar la idea de los sexos es plantear y hacer razonable el hecho de que los sexos se atraen y desarrollarla para plantearla de forma razonable y viable en los sujetos.

Razonable no es sólo racional: los sexos se atraen y se desean. Y por ello desean convivir: llegar a acuerdos; que son formas de relación distintas a las de dominación o sometimiento mediante las distintas formas de agresión o violencia que es hacer la guerra entre ellos.

Episteme no es un término de uso común por ser expresamente reservado a la teoría de la ciencia, pero es necesario para situar la base de lo que se trata en la idea de los sexos. La epistemología de los sexos es la base para saber de qué hablamos y poder entendernos en el marco de la disciplina.

Se han tratado de justificar distintas actitudes y conductas de los sexos. Pero un paso previo es saber a qué llamamos sexual para poder entenderse. El sexo no es un adosado para el ejercicio de una función. Es una estructura de la existencia sobre la que se sustenta la dimensión de la condición humana que es, por definición, sexuada.

E.Amezúa “El sexo, historia de una idea” en Revista Española de Sexología, nº  115-116.

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Sexo, sexual y “lo sexual”

…  Participé como ponente y oyente en un Congreso en el que los términos sexo, sexual ysexualidad se repetían tanto que, con un colega, hice el experimento de contar el número de veces y el sentido que se les atribuía. La cifra total fue de 912, aunque es preciso anotar que el contenido del primer día no entró en el cómputo. Un análisis somero daba como resultado que era aplicado como sinónimo de coito (sexual = coital) o referido a él. En ocasiones, guardando este sentido, se añadían o acentuaban aspectos tales como “con amor”, “con sentimientos”, “con afectos”, así como intimidad, novios, pareja o matrimonio. En otros, por el enfoque más etológico o sociobiológico de los ponentes, se insistía en la lordosis, la excitación, la monta o el apareamiento. La cópula, en definitiva. En otros casos, tratándose de humanos, se adosaban circunstancias o expresiones tales como “en cuestiones de la cama” o “en los asuntos de alcoba”, etc., que en lenguaje experto se han convertido de forma convencional en sinónimo de conducta sexual, traducido de la sexual behaviour de referencia obligada y de la que nos ocuparemos más adelante .

La conclusión, pues, del análisis de esas 912 apuntaciones es que, dado el significado mayoritariamente atribuido a los términos sexo y sexualambos podrían haber sido suprimidos y haberse hablado claramente de genital o coital. Lo que podría indicar dos cosas: primera, la falta de una conceptualización precisa; y segunda, la escasa conciencia de su necesidad. ¿Se puede ser científico sin precisar los conceptos? (J. Money ha hablado de Scientific word garbage = términos científicos basura en Sexología . Una observación más, que no sería ya necesario repetir: la vigencia y persistencia dellocus genitalis sobre el conjunto de la realidad sexual.

Lo que ha sucedido con sexo sexual podría aplicarse a lo sexual, utilizado como un numinoso abiectuso misterioso absconditus, epistemológicamente grumoso y vago, como substancia supurada por intersticios extraños, ajenos al conocimiento y al lenguaje articulado. Nada más chocante, por no decir patético, que precisamente la cualidad que define masculinos y femeninos siga nombrada con el recurso a ese neutro y entrecomillado “lo”. “Lo sexual está por todas partes, errante y sin residencia fija”, escribió Deguy . Se parece bastante a la idea que ciertos sectores tienen de su disciplina, la Sexología, a la que bajo la excusa de decir que es multidisciplinar, termina por ser convertida en un campo difuso y diluido en el que se entra y del que se sale sin importar que se ha entrado o se ha salido.

(tomado de “Teoría de los sexos” E.Amezúa)

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Sexológico, de nuevo

Ahora que, por enésima vez, empezamos el Master de Sexología, vuelven otra vez a plantearse las cosas de comienzo. Ya son muchos los que se toman en serio ese adjetivo que no es sexual sino sexológico.

Porque no, no es lo mismo. Es un pequeño detalle. Hemos hablado de esto en otras ocasiones. Para muchos sexual hace pensar en genitales.

¿Y por qué y quién ha cambiado el genital por el sexual? Todo esto lo damos ya por hecho. Quiero decir sabido, conocido. La cuestión principal plantea otro paso. Es aquí donde entra el adjetivo sexológico.

Hasta hace poco ha sido de escaso uso. La causa principal está en su reducción a genital. Su contenido de valía reside en su significado, el suyo. Qué quiere decir?

Cuando se toma en serio la sexología como estudio del hecho sexual humano, o sea de los sexos, se va tirando de un hilo -el hilo de Ariadna, ese- y nos va llevando a salir de un laberinto del que parecía que no era posible.

Es entonces cuando empezamos a ver muchas cosas que suceden precisamente entre los sexos. Al estudio de todas estas cosas las llamamos contenido sexológico. Es mucho.

Durante mucho tiempo se lo han repartido entre una serie de disciplinas o profesiones. Digo repartido. A unos cachos o trozos de este contenido les han llamado aspectos médicos.

A otros, psicológicos, otros sociales. Todos conocen hoy el llamado modelo bio-psico-social. Pero muy pocos se ocupan de ver cómo se hizo ese engendro y para qué.

Pero no es este ni momento de criticar otros modelos ni vale la pena detenerse en ello. La operación de vaciado de los contenidos sexológicos (es decir, de las muchas y muy variadas cosas que suceden entre los sexos) tiene un hilo conductor original y sorprendente. Diré también explicativo de muchas cosas sencillas de entender.

Pero el hecho de no mirar o ver (estudiar) a los sexos por separado hace perder esas explicaciones de muchas de sus conductas, problemas y desdichas.

Al contrario, desde esa óptica sexológica mucho de esto se ve de una manera muy distinta.

Pueden decirme que es una cuestión del punto de mira o de la perspectiva. Pues claro. Lo mismo que se ve distinto desde un telescopio o un microscopio.

Lo que estudiamos es lo que vemos. Pues claro. Eso es exactamente lo interesante de la mirada sexológica.

E.Amezúa

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PARA UNA AUTÉNTICA CULTURA SEXUAL

NUEVE PRINCIPIOS BÁSICOS:

1.- Una información básica y elemental sobre los procesos fisiológicos, psicológicos y sociales de la sexualidad humana en las distintas edades.

2.- Una información que ayude a tomar conciencia de lo que implica para cada cual la sexualidad. Lo cual. Equivale a una información educativa o formativa integral.

3.- Suministrar elementos de información para que cada cual viva la sexualidad a su manera, según sus propios criterios, del modo más personal posible dentro de los condicionantes socioculturales con los que necesariamente toda persona tiene que contar.

4.- Colaborar –de las formas variadas que existen– para que las personas, en cada edad de su vida, puedan hacerse cargo de la importancia de su sexualidad y de la ajena.

5.- No se trataría de imponer normas, que son particulares de cada persona, según su propia conciencia. Si entra el ayudar y contribuir a que esa conciencia tenga elementos informativos y formativos para que pueda ser humana, consciente y lúcida.

6.- Ayudar a quienes se encuentran en dificultades o tienen problemas para que salgan de ellos. Y sugerir soluciones convenientes para ese fin.

7.- Dar algunas ideas a los padres para que, una vez que ellos vivan su sexualidad, sean capaces de educar a sus hijos. La educación sexual no se improvisa. Se vive y se hace vivir. Pero, dado el atraso que llevamos en este punto, es necesario contar con la situación que vivimos todos.

8.- Dar también  sugerencias a los educadores y profesores de centros de enseñas para que afronten este problema con serenidad, con delicadeza y franqueza. Ellos son parte muy influyente en la vida de los niños, adolescentes y jóvenes.

9.- Iluminar, analizar, investigar, para que todos comprendamos lo que, a nivel social, estamos hoy viviendo como hecho cultural y concreto.

 

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No la nombren psicóloga, please

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La serie Masters of Sex que están emitiendo en Canal + los lunes (ya en su segundo temporada) ha enganchado a muchos seguidores. Las críticas que leemos en la prensa son muy elogiosas. Tienen motivo.

Ya lo advertimos en su día: es una serie televisiva y no un documental de historia, pero están llenas de vida y emoción. Eso es, creo, lo que engancha. Una búsqueda de vivir el sexo de manera más acorde con los deseos y menos con las formas impuestas.

El hecho de que Estados Unidos sea un país fundamentalmente puritano, desvela ese contraste entre lo que debe ser por norma y lo que puede vivirse cuando el conocimiento se pone por delante.

Lo que vemos es ese gran contraste y esa tensión en dos jóvenes investigadores que se plantean cómo pasar de una forma a la otra. O sea, insisto, de lo que han hecho del sexo a lo que se puede hacer de él.

Pero he dicho que esto es una serie y no un documental, lo que da paso a muchas libertades y sucesos que no fueron como ahí son presentados. Hay un detalle muy curioso: En las críticas se suele presentar a Virginia Johnson que es sin lugar a dudas el alma de lo que sucede, como una psicóloga.

En ningún momento la serie la presenta con ese título. Y eso es importante en primer lugar porque no lo es. Y lo más interesante: de haber sido así seguramente nos hubiéramos quedado sin las aportaciones que Masters y Jonson hicieron.

La verdad más patente es que si Virginia Johnson fuera o hubiera sido psicóloga no hubiera habido el fenómeno Masters y Johnson. Eso sí que es un indudable. Los derroteros de las investigaciones hubieran tomado otros caminos y no los que tomaron y lo que descubrieron.

Hubiera llevado las cosas -o sea. el sexo- en la dirección que lo llevaban los psicólogos. No es éste el momento ni el lugar de extenderse en esto.

Si hoy podemos disfrutar de las aportaciones de esos innovadores es porque tuvieron el coraje que tuvieron. Virginia Johnson, lo sabíamos, fue el alma de esa aventura. Pero no como psicóloga. Felizmente no lo fue, aunque siguiendo un tópico, hoy todavía en uso, se planteó serlo.

Tal vez sea ese tópico el que hoy haga a muchos darla ese título. Pero felizmente para todos no lo fue. Ese es también una parte de su atractivo.

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Gaudeamus igitur

Ahora que empieza el curso y nuevas promociones del Master de Sexología, educación y asesoramiento sexológico, nos encontramos con un conocido tema que es el de la separación entre la militancia y el conocimiento.

No. Nosotros no somos militantes por más que, en ocasiones, nos empujen o nos metan en el activismo. Tal vez resulte duro y tajante decir esto, de entrada. Decir que no somos militantes en pro de causas hoy bien conocidas, es algo que suele caer a muchos como un jarro de agria helada.

Pero, a renglón seguido, viene lo que somos -o al menos nos sentimos-. Lo nuestro es el estudio y el conocimiento. Lo nuestro son las nociones y conceptos. Este es el campo más necesitado de la Sexología hoy.

No estamos frustrados por no ser militantes. Somos conscientes de nuestros límites -muy grandes-. Se quejan los militantes de causas bien conocidas de que estamos yendo hacia atrás. Muchas subvenciones se han recortado.

Está muy claro que no son tiempos buenos. Pero hay algo muy curioso. Y es que la voluntad de estudiar esta disciplina, con todas las dificultades que tiene, se ve este año más palpable que en épocas anteriores.

No sé a qué puede deberse esto. Tengo algunas hipótesis que ni siquiera voy a plantear aquí. Pero quiero detenerme sólo en la gran demanda que hemos recibido de solicitudes.

Esta es la novedad de este curso. Y la otra novedad es el entendimiento de esa separación de militancia y conocimiento que auguran nuevos tiempos. Todos afirman que el futuro está en el conocimiento. Es ya eslogan de uso de los nuevos tiempos.

Que otros hagan bien su trabajo en la militancia, que eso es lo suyo. Lo nuestro es el estudio y el conocimiento. No es posible se parar cosas que han solido juntarse demasiado. Pero en este caso también percibo buenas vibraciones.

Y tampoco es el momento de hacer valoraciones comparativas o juicios de valor sobre esas dos tareas diferentes. Lo que sí tengo claro es que la sexología necesita avanzar en el conocimiento.

Lo mismo que tengo clara esta otra diferencia que durante años me ha costado también más de un mal entendido. Que la Sexología necesita teoría, marco teórico y conceptual. Y sin teoría no hay ciencia.

Estas nuevas promociones vienen también con muchas ganas de esto. Por eso, a pesar de las dificultades económicas… ¡Gaudeamos igitur!

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