El origen de la fórmulaDesde hace algunos años se ha ido imponiendo una creencia. A fuerza de hablar del abuso y la agresión y de añadir a esos substantivos el adjetivo sexual, para muchos el sexo ya se ha vuelto eso mismo, o sea, abuso y agresión. La fórmula no es nueva. ¿Cuál es el origen de esta en particular?

Cuando se hace la historia de los años ochenta siempre se encuentra uno con esa revolución conservadora bajo el nombre de Ronald Reagan. Si nos detenemos un poco más y entramos en el sexo, salen dos fuerzas a relucir. La nueva derecha política, por un lado, y el feminismo anti-sexo por otro. Fue la revolución conservadora, así llamada, usando un oximoron que es algo más que una paradoja o una contradicción.

“Para terminar con esos enloquecidos e inmorales que destruyen nuestros valores hay que inventar una estrategia más fuere que ellos”, había dicho uno de estos líderes en una conferencia programática. No temáis usar incluso el término revolución. Y se usó con ese adjetivo que nunca había sido usado para una revolución.

“Lo que importa es parar los pies a esa moral, desacreditarla como sea -había añadido- . Con una u otra lógica, con verdades o mentiras. Sabéis bien que tenemos la verdad. Y con la verdad todo vale. Lo que sea y como sea. Adelante”. Y los tanques de pensamiento y de retórica, recién creados, se pusieron en acción.

El hallazgo de estos conservadores sobre la suciedad y la maldición del sexo no era suficiente. Estos atributos estaban ya muy desacreditados. El otro del pecado, también. Hacía falta algo más fuerte y reactivo.

Los colectivos de feministas anti-sexo que se habían adherido y que luchaban por entrar en el poder, trajeron la solución que ellos no encontraban. Y, tras un proceso para hacer la fórmula más operativa y aplicable, ésta quedó mucho más clara y, sobre todo, eficaz. Se trataba de añadir al abuso y a la agresión el adjetivo sexual.

La fuerza de aquel feminismo anti-sexo fue en este momento de mucha utilidad. Sus lemas eran muy elocuentes. Por ejemplo, “La pornografía es la teoría, la violación es la práctica”. Producían lemas impactantes. No hace falta decir que a esas dos fuerzas se unieron muchas otras. La fórmula del anti-sexo era potente.

Esa derecha de Reagan ganó las elecciones en el 81 y luego, en un segundo mandato, también hasta el 89 . Aquí habría que esperar algunos años. No muchos. Tras la experiencia norteamericana, adaptar la conversión de pecados en delitos -de lo obsceno o simplemente indecente en criminal- no fue difícil. La conversión del sexo es fuente de peligro tampoco era nuevo. Era lo que había sido bajo términos como vicio, degradación, inmoralidad, obscenidad, etc.

En algunos estudios podemos contar por muchos miles el empleo de este adjetivo. Y el mayor porcentaje de uso es el asociado con los adjetivos de abuso y agresión. Es la fórmula en USA traducida e importada aquí, como en otros muchos países.

En este momento no hacemos alusión a qué sean o no lo que indican esos términos. Sólo estamos hablando de esa fórmula basada en el uso del adjetivo sexual para cambiar la imagen y la idea de sexo. Poner ese adjetivo ha dado efectos en la vida diaria. La fórmula funcionó y sigue funcionando.

Efigenio Amezúa

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