LOS HIJOS DE DON SANTIAGO. PASEO POR EL CASCO ANTIGUO DE NUESTRA SEXOLOGÍA

Por Efigenio Amezúa

“He visto a muchos mayores resignarse bajo el peso de la única versión de su pasado, hecho sólo de ignorancia y ñoñería. Y he indagado en ese lado que ocultaba su memoria”

 

EDITORIAL

¿”De veras fueron ellos —los anteriores— tan ignorantes? ¿Estamos tan sin tradición como se dice?

He visto a muchos mayores avergonzarse de su pasado y del pasado de los suyos, a fuerza de haber echado sobre él un nefando listado de apelativos tales como antigualla, represión, ignorancia o ñonería.

Hay otro lado en la memoria de esta historia. Es el lado de la búsqueda que, en éste, como en cualquier otro aspecto, ha tenido —¿y por qué no?— un aliciente distinto; a condición de que el presente se acerque a él, no tanto con ira o resentimiento, sino con gratitud y simpatía; incluso con la fresca ingenuidad de la aventura que precede a toda crítica.

Valga más o valga menos, el pasado está en el presente como la historia en la vida; y se nos muestra a través de nuestra manera de verle o recordarle. Pero, para ello, es indispensable conocerle.

 

INTRODUCCIÓN

Uno de los trabajos que, con más gusto, he realiza- do en los últimos años ha sido la creación del fondo histórico para la biblioteca del Instituto de Sexología, formado hasta la fecha por unos 4.000 volúmenes —todos sobre temática sexual, originales o traducidos, pero publicados en España— durante la segunda mitad del siglo XIX y el primer tercio del siglo XX, hasta la guerra civil.

Esta tarea ha supuesto para mí una actividad oxigenante, zambullido en ocasiones hasta el exceso en los problemas inmediatos de la consulta diaria o en le coordinación de los programas de formación. El progresivo contacto con ese mundo anterior —no tan lejano— me ha ido llevando a replantear algunos tópicos nuevos que han suplantado a los antiguos aunque también a ver cómo vuelven a instalarse otros.

He oído muchas veces decir que en este campo —y aquí, en España— apenas hoy estamos empezando. Afirmación que, a fuerza de repetirse, corre el riesgo de convertirse en verdad. Los sociohistoriadores insisten en que el pasado nos sigue más de cerca de lo que alegremente suponemos cuando creemos vivir al día. Pero, a fuerza de vivir únicamente de las últimas novedades, puede que se haya ido construyendo una forma de pensar que, de por sí, excluye cualquier posibilidad de acervo o patrimonio, es decir de tradición y de solera, como sentido de la orientación y referencia.

La ventaja de vivir excesivamente de lo último es estar siempre a la moda: pero su costo es la renuncia a las raíces para vivir en un continuo estreno, tal vez a un paso de la improvisación y, por qué no, del esnobismo. ¿Realmente es todo tan nuevo y sin pasado? ¿De veras fueron ellos —los anteriores— tan ignorantes? ¿Estamos tan sin tradición como se dice? ¿Y si nos diéramos un paseo por el casco antiguo de nuestra sexología?

En ocasiones apetece incluso detener el ritmo al que estamos sometidos por el vértigo de lo novedoso y dejar de lado las calles modernas, con su trasiego, para perderse en otras más rústicas y elementales que proporcionan una cierta dosis del disfrute no encontrado en el confort de lo nuevo.

Esta experiencia, que parece ser más propia de quienes ya han vivido años, me ha llevado a plantear un espejismo de tipo pedagógico especialmente vivido en el contacto con colegas del oficio. Y es que se da por sentado, con excesiva frecuencia, que los niños o jóvenes —los hijos— sólo quieren saber de lo moderno y de lo último. La experiencia nos dice que los hijos piden y buscan la historia de sus antecesores; entre otras razones, porque la necesitan para poderse situar en ella, aunque sólo sea, como es ley de vida, para rebelarse luego contra ella, yendo más allá.

Los hijos preguntan y se interesan por los sitios en que se conocieron sus padres, cómo fue, qué se decían, qué regalos se hacían, qué libros leían, qué música oían, qué ideas tenían, qué historias les contaban sus predecesores… Esas son preguntas por la historia. Pero he podido ver a muchos padres o adultos avergonzarse de su pasado y del pasado de los suyos, a fuerza de haber echado sobre él, en este campo, un nefando listado de apelativos tales como antigualla, represión, ignorancia o ñoñería.

Hay otro lado en la memoria de esta historia. Es el lado de la búsqueda que, en éste, como en cualquier otro aspecto, ha tenido —¿Y por qué no?— un aliciente distinto; a condición de que el presente se acerque a él no tanto con ira o resentimiento sino con gratitud y simpatía; incluso con la ingenuidad de la aventura fresca que precede a toda crítica. Valga más o valga menos, el pasado está en el presente y se nos muestra a través de nuestra manera de verle o recordarle. Pero, para ello, es indispensable conocerle.

En otras obras he tratado de hacer balance de ese otro lado del pasado y de responder a preguntas que, a partir de él, resultan hoy ineludibles ante retos pendientes del presente y el futuro en este campo. Pero ésta ha pretendido ser más tranquila y sosegada. Pongamos que se trata de un simple paseo por ese casco antiguo de nuestra sexología, la de nuestros padres y abuelos.

También en otras obras he incluido otros países. En ésta he querido que el paseo sea más cercano y familiar, limitado a la geografía de aquí: la que empieza con los jóvenes de la generación apadrinada por el Maestro Cajal. Por ello la obra lleva por título Los hijos de Don Santiago. Ellos, como científicos e intelectuales, médicos, juristas o pedagogos trataron de pensar la sexualidad para entenderla y explicarla; también para intervenir en ella llevando las ideas a la práctica. Una historia que parece lejana y, no obstante, está ahí, a la vuelta del primer recuerdo.

INDICE

INTRODUCCIÓN 9

PRIMERA PARTE:

Hace apenas treinta años, se cumplían otros treinta de los años treinta

CAPITULO I: Kinsey y Marañón: el encuentro de Madrid 14

CAPITULO II: El aperitivo del siglo XIX 19

CAPITULO III: La entrada en el siglo XX: Los hijos de Don Santiago 29

SEGUNDA PARTE:

Algunos nombres y apellidos

CAPITULO IV: El Dr. Juarros o “las cosas de Don César” 39

CAPITULO V: Saldaña y su tratado de sexología 47

CAPITULO VI: Hildegart, el extraño caso de “la virgen roja” 55

CAPITULO VII: La otra vida de Félix Martí Ibáñez 65

CAPITULO VIII: Don Jaime Torrubiano. Una voz distinta en el seno de la Iglesia

TERCERA PARTE:

Ideas, grupos y ambientes

CAPITULO IX: La gran reforma sexual 85

CAPITULO X: “El Real Decreto Pornográfico” y su resaca 93

CAPITULO XI: De “la ola verde” a “la marcha triunfal del sexo” 101

CAPITULO XII: Dos grupos, dos revistas, entre la precaución y la audacia 109

CAPITULO XIII: La Información Sexual en los kioscos 115

CAPITULO XIV: 1933: La casi madurez de un proyecto 123

CUARTA PARTE:

Marañón o la fuerza de una idea

CAPITULO XV: “Una audacia de muchacho” 133

CAPITULO XVI: El largo proceso de la diferenciación sexual 141

CAPITULO XVII: 1928 : El año de la intersexualidad 149

CAPITULO XVIII: 1930 : La nueva teoría de la sexualidad 157

CAPITULO XIX: El mundo visto como masculino y femenino: Los caracteres sexuales 163

CAPITULO XX: El tiempo de “La reforma sexual” 171

CAPITULO XXI: La nueva relación entre los sexos 181

CAPITULO XXII: La homosexualidad: Un debate a varias bandas 189

CAPITULO XXIII: El historiador de vidas marcadas por el sexo 197

CAPITULO XXIV: París, 1937 : Revisión en el exilio 209

CAPITULO XXV: “Don Juan y yo”: ¿Un simple ajuste de cuentas? 217

CAPITULO XXVI: La silenciosa despedida 225

QUINTA PARTE:

Años treinta, sesenta, noventa: encuentros y desencuentros al final del siglo XX

CAPITULO XXVII: Marañón en el debate de hoy 239

CAPITULO XXVIII:Ultimas novedades 251

CAPITULO XXIX: Algunas consecuencias 257

CAPITULO XXX: La tenacidad de una idea 263

Nota sobre la Bibliografía General 273

 

Nota sobre la Bibliografía General

Con la intención de aligerar el texto he preferido evitar las citas bibliográficas o documentales a pie de página y limitarme a las referencias imprescindibles que se encuentran todas en su interior.

La mayoría de las correspondientes a las tres primeras partes proceden del Repertorio de obras de carácter científico-divulgativo sobre temática sexual aparecidas en España durante la segunda mitad del siglo XIX y primera mitad del XX (E. Amezúa, Cien Años de temática sexual en España: 1850-1950. Repertorio y análisis, número 48, monográfico, Revista de Sexología, In.Ci.Sex., Madrid, 1991). Los volúmenes no publicados se encuentran en el Fondo Histórico de la Biblioteca del Instituto de Sexología.

Con referencia a la parte dedicada a la obra de Marañón, he utilizado, para primeros contactos, las obras siguientes:

Francisco Javier Almodovar y Enrique Warleta, Marañón o una vida fecunda, Espasa-Calpe, Madrid, 1952.

J.Alvarez Sierra, El Hipócrates de la medicina española. Biografía del Dr. Marañón, Impr. Samarán, Madrid, 1960.

Enrique Barco Teruel, Elogio y nostalgia de G.Marañón, Editorial Barna, Barcelona, 1961.

Manuel Izquierdo, Marañón: médico, escritor e historiador, Ediciones Cid, Madrid, 1965.

Vicente Pozuelo Escudero, Marañón y su obra en la medicina (reflexiones de un discípulo), Prensa Castellana, Madrid 1965.

Pedro Laín Entralgo, Gregorio Marañón: vida, obra y persona, Ed. Espasa-Calpe, Madrid, 1969 y volumen I de Obras Completas, Espasa-Calpe, Madrid, 1975.

Marino Gómez Santos, Vida de Gregorio Marañón, Taurus, Madrid, 1971; nueva edición Plaza y Janés, Barcelona, 1987.

Luis S.Granjel, Gregorio Marañón. Su vida y su obra. Ed. Guadarrama, Madrid, 1960.

Varios Autores, Marañón: actualidad anticipada, Eudema, Madrid, 1988.

Con relación a la bibliografía general de Marañón, una gran parte se encuentra recogida en los 10 volúmenes que forman sus Obras Completas (Ed. Espasa-Calpe, Madrid, 1966; reimpresión:1975).

No obstante, en dicha edición, sólo se recogen las últimas redacciones y, obviamente, no han podido dar cabida a lo que correspondería a una edición crítica. Por ello, siguiendo la idea que aquí nos ha guiado, que ha sido ahondar en su obra siguiendo el ritmo cronológico de su producción, hemos recurrido a fondos de carácter documental, utilizando los mismos textos tal y como fueron apareciendo año tras año, aunque, para facilitar consultas, hemos hecho, en lo posible, las referencias a las Obras Completas.

Para ello nos hemos servido de los Repertorios, cuya elaboración ha tenido varias fases: La primera y principal apareció en Veinticinco años de labor: Historia y bibliografía de la obra del Prof. Marañónelaborada por sus discípulos del Instituto de Patología Médica del hospital de Madrid (Espasa- Calpe, Madrid, 1935).

Sobre ella se han ido construyendo otros repertorios revisados y ampliados. Marino Gómez Santos, en su Vida de Gregorio Marañón (Taurus, Madrid, 1971), ofreció la más completa hasta la fecha. Alejandra Ferrándiz, en su ya citada tesis doctoral, La psicología de Gregorio Marañón (U.C.M., Madrid, 1982), reelaboró y amplió la anterior versión cercana a las 2000 referencias. La Fundación Marañón sigue completando y amplian- do dichos repertorios, camino de una edición crítica. A ello hemos añadido el nuestro propio por tratarse, en este caso, de un estudio sectorial, relativo a su obra sexológica. A este respecto, quiero expresar mi gratitud al Gremio Profesional de Libreros Anticuarios por su colaboración en la búsqueda de primeras ediciones y reediciones de textos que hoy obviamente ofrecen dificultades especiales.

Y, finalmente, en cuanto a la última parte sobre Encuentros y desencuentros al final del siglo XX, algunas de las obras de referencia en el debate pueden consultarse en una obra anterior (E. Amezúa,Sexología: cuestiones de fondo y forma. La otra cara del sexo. Revista de Sexología, nº extra doble, 49-50, Madrid, 1991).

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