El hombre del que todos se reían: un ensayo en forma de relato sobre cómo los seres humanos dejaron de ser redondos y de algunas consecuencias que se siguieron 

Cuarta entrega:

EL LIBRO DE LOS SEXOS EN LA GRAN CIUDAD

  1. Amezúa y N. Foucart

(edición y notas)

 

Resumen

Los sexólogos hacían educación sexual en la gran ciudad. Pero el tiempo del que disponían no daba más que para las cosas que llamaban urgentes. De esa forma se dejaba de lado lo importante.

Hasta que un día, decidieron crear un formato que venían ya tiempo configurando y que, siempre con las prisas y las urgencias, se había quedado retrasado. Era la asignatura de los sexos.

La asignatura de los sexos se planteaba como optativa, pero tenía el formato de una asignatura más. De esa forma, decían, todos podían hacerse una idea del sexo como valor. Y no como un foco de peligros.

Y se pusieron a ello. Lo que aquí se cuenta es este experimento y sus primeros resultados.

 

  1. Una ciudad de fantasía
  2. El destino 

El hombre del que todos se reían tenía inteligencia, buen humor y mucha fantasía.

Como todos en la ciudad, él también iba al teatro donde representaban tragedias.

Y en ellas planteaban cosas muy serias. Algunas daban pavor. Y decían que era así el destino.

  1. Al revés

Y él se reía. No es que no apreciara lo que decían los dioses y los héroes en el escenario.

Era que, mientras todos miraban al escenario, él miraba a los que miraban. Y seguía sus gestos.

Y en ellos veía cosas distintas de las que ellos veían. O las mismas, pero de otro modo.

  1. La otra forma de ver

Y veía a los dioses y a los héroes a través de lo que sentían y vivían los que formaban la ciudad.

Y eso ofrecía otra forma de entender lo que sucedía entre unos y otros. Y era muy divertido.

Y, a veces, un poco triste. Y, a veces, también lo que era triste se volvía no tan triste.

  1. Los arreglos

Y seguía de cerca la vida en la ciudad. Y veía que todos trataban de arreglarse a su manera.

Y cómo unos con otros buscaban sus vericuetos. Les había de todo tipo. Y veía que eran inteligentes.

Y con todos esos materiales el hombre del que todos se reían ofrecía algo distinto de la tragedia.

  1. El toque

Y veía que los dioses eran como los humanos. También ellos se arreglaban a su manera.

Se entendía bien con ellos. Y les traía a sus escenarios lo mismo que a los humanos.

Y estaba muy ocupado en que la vida de la ciudad resultara organizada y agradable.

  1. La otra cara del amor 

Y veía el amor de una manera distinta. Llamaba amor a las cosas que sucedían entre los seres cortados.

Entre ellos sucedían muchas cosas. Pero había una que era la más propia como seres cortados.

Y cuando escribía sobre estas cosas todos se extrañaban. El presentaba una cara chocante del amor.

  1. Era provocador

Algunos decían que era un poco impertinente. Y atrevido. Y obsceno. Y provocador.

Decían que nunca solía dejar indiferente. Y hacía reír. Y, a veces, hacía pensar hondo.

Y hablaba de cosas que nadie había pensado o que había pensado y no acertaban a expresar.

  1. Era muy peculiar

El decía que quería que la ciudad fuera más divertida. Y no le entendían lo que quería decir.

Y le veían distinto. Y muy peculiar. El que más peculiar le veía era el hombre de las preguntas.

Por eso le había invitado a su banquete para tratar del amor entre los seres cortados.

  1. Los dos nombres juntos

Y se había alegrado mucho de lo que había contado sobre el origen del amor y el sexo: Eros y Sexus.

El hombre de las preguntas nunca le había dicho en público la admiración que sentía por él.

Y estaba muy contento de que sus nombres se unieran en una obra en la que había puesto mucho empeño.

  1. La piedra en el lago

¿Qué iban a pensar los que leyeran esa obra? Sin duda iba a dar mucho que hablar.

Lo más seguro es que iban a tomarlo como una broma. En todo caso no era una broma cualquiera.

Y el hombre de las preguntas estaba muy contento. Había tirado la piedra y removido las aguas.

  1. Siglos, ¡Milenios!

Por cierto. Habían pasado siglos, ¡milenios!, y aquellas aguas seguían removidas.

La pequeña academia del hombre de las preguntas se había convertido en una gran Academia.

Y seguían buscando una respuesta a la pregunta sobre qué era el amor. Y no se ponían de acuerdo.

  1. La gran ciudad

¡Habían pasado tantas cosas con la pregunta del amor y la respuesta del sexo!

¡Y habían sucedido tantos cambios en la ciudad! Esta había sido de una forma. Y luego de otras.

¿Y cómo era ahora la ciudad? ¿Cómo eran ahora la polis y la urbe y la city, todas juntas?

  1. Las redes

Todos decían que ahora la ciudad era muy grande. Enorme. Inmensa. Desbordante.

Algunos decían que era planetaria. Y global. Lo que más destacaban era que había muchas redes.

Era una ciudad de redes. Y todos podían comunicarse con todos a golpe de un simple clic.

  1. El ratón

Para ir a los espectáculos o al ágora o para encontrarse unos con otros no necesitaban moverse.

Resultaba chocante este ir y venir por la gran ciudad y sus redes a lomos de un ratón.

Era como en las historias que contaba el hombre del que todos se reían. Y que hacían reír a todos.

  1. Era fantástico

Algunos recordaban a Eros en la pequeña ciudad del ars amandi a lomos de un cangrejo de mar.

Eran historias fantásticas como la historia de los seres cortados. Todo era muy sorprendente.

Y todos se habían acostumbrado y ya no se extrañaban. Pero eso no quitaba que era fantástico.

  1. Lo más fantástico

Y lo más fantástico era que todos eran seres cortados. O sea, mitades, unos de otros.

Esto seguía igual en la gran ciudad. Los anteriores se habían muerto y ahora había otros.

Y todos eran mitades unos de otros. Algunos lo reconocían. Y otros decían que eso era una ficción.

  1. Con la prisa

En la gran ciudad tenían que resolver muchas cosas que llamaban necesidades comunes.

Pero, más pronto o más tarde, todos se encontraban con el sexo y el amor en el camino.

Y con la prisa se olvidaban de que eso era por ser cortados y mitades unos de otros.

  1. Las explicaciones

Muchos no caían en la cuenta de que eso era el sexo y el amor. Y decían que eso era un cuento.

O una fábula ingenua. Y buscaban explicaciones más serias que llamaban científicas.

Y ninguna explicación era capaz de ofrecer lo que ofrecía la idea de los seres cortados.

  1. El espectro

En la gran ciudad global y planetaria muchas cosas recordaban la vida de la polis.

Y otras, a la urbe. Y había también cosas que procedían de la city. Entre otras, el espectro.

Llamaban espectro a una sombra vaga y difusa que aparecía por muchos sitios.

  1. La arrogancia

El espectro no dejaba entender que todos eran seres cortados y necesitados. Y frágiles.

El espectro se presentaba soberbio y desafiante Y engreído. El espectro era arrogante.

Y producía desasosiego. Y miedo. Y muchos, al verlo, se sobrecogían. Y se asustaban.

 

INDICE GENERAL

 

  1. Una ciudad de fantasía 6
  2. El plan B: la asignatura 17

III. El mapa 27

  1. Las excursiones 39
  2. Las primeras rutas 51
  3. Las rutas siguientes 63

VII. Un orden y otro orden 75

VIII. Algunos puntos sensibles 87

  1. Otros puntos sensibles 99
  2. El juego de los iconos 111
  3. La gama de las edades 123

XII. El regalo y su secreto 135

Notas y comentarios 147

Indice analítico 211

 

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