Desafortunada y dislocadora fórmula introducida sin duda con más buena voluntad que conocimiento para acentuar que "en educación sexual deben incluirse los afectos o la afectividad y no debe ser sólo sexual". Dando por asumido que sexual es el concepto falseado de sexo y el derivado del antiguo modelo del locus genitalis se refuerzan ambos aún más dejando de lado el paradigma sexual moderno que es el marco desde el cual la educación sexual ha podido recibir su sentido como educación de los sexos. La fórmula, pues, "educación afectivo-sexual" resulta de efectos perversos, por no decir, claramente reaccionarios

 

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