Antigua expresión utilizada para indicar la disputa o lucha especialmente en su carácter eterno o intemporal, es decir, sin tiempo, y por definición. O esencialista, como también es conocido este planteamiento del problema por tener, en sí, pocas posibilidades de solución, tal como ha sido planteado. Aunque sus versiones han variado, esta manera de pensar sigue extendida. Frente a ella, sin embargo, ha avanzado una forma histórica —o, si se prefiere, historicista— de ver la situación mediante el establecimiento de reglas de juego negociables, por ser razonables. Es el que se inicia con el primer gran feminismo de la Ilustración, más conocido como debate en torno a la Cuestión sexual.

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