La cadena de términos procedentes de la cultura cristiana, basados en el concepto propio de carne, acuñó un lenguaje y un estilo moral que, con ligeras variantes, se han perpetuado y sobre los que se ha adosado o pegado un pseudoconcepto de sexo que no corresponde ni con esa tradición ni con ese concepto. A esto hemos llamado el error del concepto de sexo falseado. El poco cuidado de los conceptos ha convertido en un marasmo epistemológico este campo resbaladizo cuyo denominador más resaltable podría ser el de vicio moral. Uno de los lugares en los que más vivo sigue aún lenguaje es en las sentencias judiciales relativas a los delitos sexuales: el término sexual se funde inevitablemente con expresiones tales como "ánimo lúbrico", "intención libidinosa", "deseo lujurioso", "acción fornicaria", etc. con las que se definen aspectos centrales de mayor o menor gravedad de los delitos.

 

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