Aunque utilizado por algún autor de forma esporádica, la introducción de ese término en los DSM (Diagnostical Santatistical Manual de la Asociación Psiquiátrica Americana) constituyó un descubrimiento de los años ochenta del siglo XX para reemplazar la mala reputación social de las aberraciones sexuales. Es, sin embargo, reconocido que el efecto de ese cambio constituyó una operación de imagen más que un replanteamiento de los conceptos en el acerbo general. De ahí la denominación de trampa con la que algunos conocen ese término o expresión en la órbita de la ola de la política correcta.

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