Originariamente, en la cultura griega —"porneia"— significaba el intercambio comercial o la compraventa de la lo relativo a Eros. En la actualidad decir pornografía equivale a un producto comercial, generalmente de gran escala, destinado a la explotación de necesidades y peculiaridades propias del factor sexual. Un antiguo debate entre la pornografía y el erotismo solía recurrir al mal gusto y el buen gusto estético para diferenciar ambos conceptos. Era, sin duda, una forma de camuflaje. Hoy el producto pornográfico tiene sus redes de producción y distribución y se entiende más bien desde criterios comerciales y de uso y consumo. Ante esta extensión, y ante la erotización general, no se plantea ya un enfrentamiento entre ambos conceptos ni, por lo tanto, el problema de sus delimitaciones.

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