En los años setenta del siglo XX algunos sectores de los movimientos del Sexist language (lenguaje sexista) acuñaron la fórmula de lenguaje sexista para indicar la serie de discriminaciones y vejaciones inferidas a las mujeres desde la misma estructura del habla como indicativo de la vida general. A partir se ahí emprendieron acciones directas y concretas de lucha para su erradicación.

Una de estas acciones fue la lucha contra su uso mediante la imposición del lenguaje de género. De ahí la organización por parte de estos movimientos de la llamada práctica o censura generista cuyo objetivo fue la supresión del sexo y su sustitución por el género en los textos escritos o hablados. La materialización de estas campañas llevó a incorporar dentro de una gran parte de condiciones de admisión de textos escritos la cláusula siguiente: "Esta publicación está sometida al sexist language ("All manuscripts are subjets to editing for sexist language"). Uno de los resultados más visibles fue la caída del término sexo (identificado como discriminador, biológico, patriarcal, etc.) y la vertiginosa subida del género, sinónimo de feminismo, derechos de la mujer y antidiscriminación o discriminación positiva.

El crecimiento de este fenómeno durante los años ochenta condujo a plantear el paso del efecto político al sistema epistemológico. De ahí la organización de Estudios de género como sinónimos de Estudios de mujer o feministas. Otras manifestaciones más visibles han sido el uso de ella/él, los/las, la/el, madres/padres, alumnas/alumnos, ciudadanas/ciudadanos, etc.

En otro orden de cosas el término sexismo se ha extendido por muy diversos campos (laboral, docente, etc.) como figura sancionable por diferentes normativas frente al machismo de un uso anterior. Erradicar el sexismo ha generado otros derivados como el heterosexismo, etc. El balance de estas medidas se encuentra hoy en un gran descenso o, al menos, tras los logros sociales conseguidos, en un estado de revisión, especialmente por los métodos coactivos utilizados, lo que ha producido inevitables efectos perversos (v.post-feminismo) y sobre todo por la fragilidad epistemológica de sus bases científicas frente al exceso de acción política. (v. feminismo razonable). A este sistema organizado es al que conoce como práctica del género o generista. Y en este proceso algunos autores (entre nosotros J. Fernández) han planteado la organización de una generología. Por otra parte la vinculación del sexist language y el sexismo, así como éste con otros como xenofobia y racismo, heterosexismo, etc. ha llevado a un estilo cada vez más acentuado de sospecha y persecución en todos los sectores de la sociedad.

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