Soy consciente de que esto que voy a afirmar puede no ser entendido. Y a pesar de ello me arriesgo, cuidando de decirlo lo mejor que pueda. Se trata de un tema muy sensible para todos como es la muerte de mujeres a manos de sus parejas y ex-parejas.

La realidad es muy dura. Y las medidas que se están aplicando no ofrecen especiales resultados. Esa es la impresión de mucha gente sino también de estudiosos que afinan en sus análisis. No voy a insistir mucho más en estos detalles. El mensaje que quiero añadir es un cambio en esas políticas y prácticas.

El planteamiento de esta otra vía es anterior al comienzo de estas estrategias que se han seguido en los últimos años. Y es este planteamiento el que toma más fuerza ante el escaso resultado de éstas.

El objetivo es el mismo: reducir o aminorar desgracias. Es la estrategia la que no es la misma. Resumir esta estrategia no es lo que me propongo en esta ocasión. Pero sus grandes líneas se basan en un planteamiento teórico en el que las diferencias entre los sexos no sólo son signo de confrontación sino de diversidad. Y en la diversidad puede darse una convivencia que no ha sido tenida en cuenta ni trabajada.

La otra gran base de esta estrategia se basa más en el conocimiento de los deseos de quienes conviven que en sus obligaciones impuestas. A estas dos estrategia no lleva una epísteme que no ha sido considerada con seriedad.

Lo diré de forma rápida mediante la formulación del sexo como un valor. Se ha usado el hecho de ser sexuados para ser negado o considerado como fuente de peligros. La afirmación del sexo como valor no es nueva. Pero en las últimas décadas la hemos trabajado con especial consideración.

Sobre estos planteamientos teóricos indicados, hay una muy práctica que es la programación de clases de educación sexual en los colegios e institutos. No me refiero a charlas, sino a un conocimiento del sexo como valor. No hace falta indicar que un valor es algo, de por sí, apetecible. Un valor no se impone, gusta y atrae.

Las experiencias llevadas a cabo desde estos planteamientos ofrecer resultados que permiten entrever otro horizonte. A los alumnos de colegios e institutos les gusta esta educación sexual. Y la idea de los sexos que ahí se plantea no es de confrontación sino de atracción.

Si digo esto respecto a esta educación sexual es porque lo hemos vivido. Las estrategias no son tanto de lucha contra estereotipos sino la oferta de otras claves que permiten acercarse más a lo que atrae. La educación sexual de la que hablamos (que es la que hemos trabajado durante las últimas décadas) consiste más en ofrecer ideas que normas.

De ese postulado o axioma se desprenden otros que conocen muy bien quienes han pasado por el Master de Sexología: educación y asesoramiento sexual. A estos me refiero.

Con estas líneas mi objetivo ha sido ofrecer un mensaje. Y éste, por usar un eslogan, podría ser resumido en que podemos disminuir esa lacra social de la violencia entre parejas o ex-parejas. No hace falta repetir que soy consciente del objetivo. Si alguien lo considera exagerado, yo no. Modestamente podemos ofrecer algo distinto.

E.Amezúa

Facebooktwittergoogle_plus

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *