Novedades sin ruido

sexologia, sexualidad, mapa hecho sexual humano

Hay una serie de nociones y conceptos que forman el marco teórico de la Sexología. Son fórmulas que resumen o nos permiten abreviar o resumir su cuerpo teórico. Por ejemplo, el hecho de ser sexuado como línea conductora, central, troncal.

La sexología no es una suma de asuntos higiénicos o sanitarios que crean problemas. Lo son. Pero si se ven sólo desde un punto de vista sanitario, la respuesta también será lo conocido.

Si la sexología usa un cuerpo teórico distinto es porque se pregunta cosas distintas y busca explicaciones distintas a cosas que otros siguen oyendo iguales y atendiendo de la misma forma que hace mucho tiempo.

Lo que hace que una disciplina sea interesante y aporte es justamente sus preguntas centrales. Y las preguntas centrales no son las infecciones de transmisión genital que están bien resueltas o por qué se tienen embarazos no deseados.

Lo interesante es por qué los sujetos son sexuados y cómo entrar hondo en este dato con toda una serie de consecuencias que se siguen de él. Entre otras, esta: por qué los deseos se producen entre sujetos sexuados y por ser sexuados.

Muchos siguen hablando de causas físicas o psíquicas o sociales y siguen orillando qué es ser sexuados y cómo esa clase esa episteme nos da explicaciones muy distintas, así como formas muy distintas de intervenir en las dificultades de las que se quejan. Pero estas palabras no sólo son distintas. Es que apuntan a realidades que no entran en esas otras de lo físico o psíquico o social. Porque se trata de una fórmula nueva que plantea todo de otra manera. Es lo propio de una disciplina.

La sexología de los últimos cien años ha llegado a un punto álgido. Que ésta se siga menos o más es otra cuestión. Pero los datos son los datos. Y entre los grandes adquisiciones de la primera y segunda generación de sexólogos está esa constatación del hecho de ser sexuados que explica muchas cosas que han tratado o tratan de explicarse por otras vías.

Poco a poco, haciendo poco ruido y las más de las veces al margen de lo que brilla, la oferta teórico- práctica de la que hoy disponemos es modestamente capaz de explicar sin necesidad de recurrir al criterio de lo normal/anormal, muchas cosas que siguen aún por esa vía de la enfermedad o la patología.

Puede que el mayor logro de estas generaciones sea, al fín, hacerse con un mapa del hecho sexual humano, sin tener que recurrir al vicio, al delito o la patología.

Algo que, de por sí, nos lleva a pensar que el recorrido hecho ha valido la pena.

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Un mensaje distinto

Soy consciente de que esto que voy a afirmar puede no ser entendido. Y a pesar de ello me arriesgo, cuidando de decirlo lo mejor que pueda. Se trata de un tema muy sensible para todos como es la muerte de mujeres a manos de sus parejas y ex-parejas.

La realidad es muy dura. Y las medidas que se están aplicando no ofrecen especiales resultados. Esa es la impresión de mucha gente sino también de estudiosos que afinan en sus análisis. No voy a insistir mucho más en estos detalles. El mensaje que quiero añadir es un cambio en esas políticas y prácticas.

El planteamiento de esta otra vía es anterior al comienzo de estas estrategias que se han seguido en los últimos años. Y es este planteamiento el que toma más fuerza ante el escaso resultado de éstas.

El objetivo es el mismo: reducir o aminorar desgracias. Es la estrategia la que no es la misma. Resumir esta estrategia no es lo que me propongo en esta ocasión. Pero sus grandes líneas se basan en un planteamiento teórico en el que las diferencias entre los sexos no sólo son signo de confrontación sino de diversidad. Y en la diversidad puede darse una convivencia que no ha sido tenida en cuenta ni trabajada.

La otra gran base de esta estrategia se basa más en el conocimiento de los deseos de quienes conviven que en sus obligaciones impuestas. A estas dos estrategia no lleva una epísteme que no ha sido considerada con seriedad.

Lo diré de forma rápida mediante la formulación del sexo como un valor. Se ha usado el hecho de ser sexuados para ser negado o considerado como fuente de peligros. La afirmación del sexo como valor no es nueva. Pero en las últimas décadas la hemos trabajado con especial consideración.

Sobre estos planteamientos teóricos indicados, hay una muy práctica que es la programación de clases de educación sexual en los colegios e institutos. No me refiero a charlas, sino a un conocimiento del sexo como valor. No hace falta indicar que un valor es algo, de por sí, apetecible. Un valor no se impone, gusta y atrae.

Las experiencias llevadas a cabo desde estos planteamientos ofrecer resultados que permiten entrever otro horizonte. A los alumnos de colegios e institutos les gusta esta educación sexual. Y la idea de los sexos que ahí se plantea no es de confrontación sino de atracción.

Si digo esto respecto a esta educación sexual es porque lo hemos vivido. Las estrategias no son tanto de lucha contra estereotipos sino la oferta de otras claves que permiten acercarse más a lo que atrae. La educación sexual de la que hablamos (que es la que hemos trabajado durante las últimas décadas) consiste más en ofrecer ideas que normas.

De ese postulado o axioma se desprenden otros que conocen muy bien quienes han pasado por el Master de Sexología: educación y asesoramiento sexual. A estos me refiero.

Con estas líneas mi objetivo ha sido ofrecer un mensaje. Y éste, por usar un eslogan, podría ser resumido en que podemos disminuir esa lacra social de la violencia entre parejas o ex-parejas. No hace falta repetir que soy consciente del objetivo. Si alguien lo considera exagerado, yo no. Modestamente podemos ofrecer algo distinto.

E.Amezúa

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Deseos en época de Derechos

deseo , derechos, sexualidad, sexología, educación sexual

Felicitamos sin reservas la época de los derechos. Hemos podido hablar de floración de derechos a todos los niveles. Pero… (Pero o sin embargo son conjunciones adversativas) pero nuestro trabajo necesita ir aún más adelante sobre una dimensión humana que, en la historia, sólo ha merecido rechazos.

Los derechos son derechos. Los deseos son las sensaciones y afectos, emociones y sentimientos que viven los individuos y que con mucha frecuencia no sólo han sido estigmatizados como vicios sino perseguidos sin contemplación.

Ni siquiera vamos a invocar aquí lo que podría ser el derecho a desear, uniendo derechos con deseos. Lo que plantean los deseos es algo que, en muchas ocasiones no siguen la misma lógica de los derechos. Si los derechos suelen ser claros y rectos, los deseos siguen más bien líneas curvas y sinuosas.

No se puede hablar de atracción o de seducción en líneas rectas. Tampoco se puede resolver en un “tienes derecho a seducir”. O “tienes la obligación de dejarte seducir”

Dicho de otra forma: los derechos siguen la vía de la Ley mientras que los deseos, a su vez, siguen la lógica de Eros.

Por cierto, en la historia, Eros ha sido contrapuesto con mucha frecuencia a unas leyes por una serie de motivos. Y en la actualidad hay otros motivos para mantener o incrementar esa situación.

No quisiera detenerme en detalles. Sólo afirmar cómo las leyes actuales se dedican más a perseguir muchas manifestación de los deseos eróticos. Cómo la ley envía sus agentes a la mismísima esfera de la intimidad. Cómo convierte indicios en pruebas a través de una rebuscada manera de “vigilar y castigar”.

La expresión es de Foucault y recuerdo muy bien su detención en una y otra palabra cuando las pronunciaba en sus clases para explicar la multiplicación de los discursos sobre el sexo como forma de estar presente y controlar hasta las situaciones más mínimas e insospechadas.

Si en épocas anteriores la represión había sido clara -seguía Foucault diciendo- en nuestros días se ha hecho secreta y espectral, asfixiante como el castillo de Kafka. El ejemplo más claro podría ser la persecución por todos los medios de formas que el poder no puede tolerar. No me refiero a formas peculiares sino a la simple seducción que es el ritual más sencillo de la reciprocidad de los deseos.

Hay muchas organizaciones en pro de los derechos. Hay pocos colectivos que se hagan presente por su estudio de los deseos. Hay mucho discurso sobre la persecución de la violencia y sus formas. Y en muchas ocasiones esas formas se sitúan encima de los deseos, tomando estos como formas de abuso o de agresión.

Los derechos ya tienen quien les escriba. Los deseos siguen sin tener quien los estudie, si no es para erradicarlos o anularnos. Como si por definición fueran inductores de delito. Nos alegramos de celebrar la fiesta de los derechos de las últimas décadas. Pero no se vive sólo de derechos. Se vive, sobre todo, de deseos. Y podría suceder que, a fuerza de ir todos rectos, terminemos por olvidarnos de las curvas.

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La noción de espera erotizada

sexología, erotismo, seducción, sexualidad

“Quiero todo y lo quiero todo ya”. Esa suele ser la formulación de un lema que indica prisa y apresuramiento. Y que no conoce la noción de espera ni la de espaciación o merodeo.

La lógica de Eros es todo lo contrario a esa lógica de querer todo ya. La lógica de Eros -el erotismo- se detiene y merodea. Juega, disfruta, se regodea. Y vuelve de nuevo. Y de nuevo se detiene y vuelve.

“No te quites toda la ropa que me gusta verte así”.. “No vayas tan deprisa, que quiero saborear esto poco a poco”. Son frases que suenan para indicar simplemente esa lógica de los deseos. Al contrario, más que de deseos, muchos hablan de pasión. Y de pulsión o furia. Y luego de control. Curiosamente a la pasión, el deseo suele moverse por segmentos. No pierde la línea, la recorre paso a paso.

Eros es un daimon que va y viene. A veces irrumpe, pero esa irrupción es solo una forma de aviso de que él está ahí. Pero sus formas son lentas y de fondo. Eros no es precipitado, no es apresurado.

La seducción nace y crece lentamente. Y el placer de esa lentitud reside precisamente es ese arte. El arte de amar no opera a golpes sino gota a gota. Decir esto en la Era de la Prisa y del consumo compulsivo puede resultar algo extraño. Pero es que Eros -el erotismo- no es un producto de consumo sino otra cosa distinta.

El erotismo no es producto del mercado sino de los deseos. Claro que el mercado usa los deseos para transformarlos en productos. Pero eso es otra noción muy distinta que los ansiosos comerciales ponen en el lugar propio de la otra.

El mercado se mueve por esloganes agresivos. El erotismo se fabrica -se cuece a fuego lento. Se suele dar por hecho que, como estamos en la Era de la Prisa, ese otro erotismo tiene que adaptarse a esto. Pero no está nada claro que eso pueda probarse. Tener que adaptarse es una norma. Pero los deseos no suelen seguir normas, tienen su propia lógica. Y la siguen.

La noción de espera erotizada o la erotización de la espera es una de los más clásicos axiomas de la Sexología dentro de la seducción y el encuentro de sexos. Ha habido muchos intentos de ir contra ella, de eliminarla, de confundirla con normas morales o legales, con creencias.

Pero sigue ahí, fresca y atractiva. Las interpretaciones que se hace de ella, según modas o épocas, ha dado pié a toda clase de comentarios. ¿Qué tiene esa noción que tanta materia ofrece? Tiene una cosa que no tienen otras nociones: que está hecha de la materia más fresca, los deseos eróticos.

(Esta nota está dedicada a M-L. V. que me recordó que yo había planteado esta noción en una obra escrita hace ya tiempo. “Es en Teoría de los sexos: la letra pequeña de la Sexología -dijo-. En la parte dedicada a la Erótica”. No he logrado encontrarlo. Y en lugar de buscar más, he escrito esto que espero que coincida. Gracias).

[E. Amezúa].

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¿Sexo y violencia?

sexo y violencia

Al hablar tanto de agresiones sexuales y de abusos sexuales se suele dar por hecho un hecho que sexo y violencia, sexo y abuso, sexo y agresión son dos conceptos fundidos y que van juntos. La aplicación del adjetivo sexual a tantas cosas que huelen o saben a patología -decíamos hace ya mucho tiempo- se tiene la impresión de que el sexo es un familiar más de las anomalías.

Y mucho antes, decíamos también que al usar el adjetivo sexual para hablar de vicios y deshonestidades, se tendía a mezclar el sexo con esa cadena semántica fue durante siglos “los pecados contra el sexto mandamiento”. Este sexto mandamiento, habitual en la moral tradicional, decía: “no fornicar”. Era la noción que explicada a los niños equivalía a “no hacer cosas feas y malas” o no caer en pecados de lujuria.

Se diría que todo esto ha quedado ya muy lejos. Y que esas cosas feas y vergonzosas, por definición, se han acumulado en ese vocablo tan de uso como es el adjetivo sexual, ese comodín que la moda ha convertido no sólo en un cajón de sastre en el que todo se revuelve sino en algo de otro orden.

A falta de otras epistemologías, hay una que suele ocuparlo todo que la moral. Cuando decimos moral queremos decir lo que la misma palabra indica: los usos y las mores.

Hace varias décadas, concretamente en 1982, unos grupos norteamericanos, conocidos como anti-sex pusieron en circulación una estrategia global, basada precisamente en el uso del sexo para ir contra el sexo.

Y la táctica más importante que emplearon fue la de fundir en una sola familia de significado esas ramas, de hecho tan distintas.

Cuando analizamos estas distintas ramas o familias de significado y sentido vemos que, por decirlo muy rápido, son mundos muy distintos. Se trata de dos conceptos que tienen muy poco que ver unos con otros. La táctica de estos grupos consistió en hacer uno de todos ellos.

El uso del lenguaje fue clave como técnica en esta operación. El análisis detenidos da el efecto de expresiones, de fórmulas léxicas, de formulaciones semánticas, etc. Todo ello resulta complejo en el análisis. Pero el resultado final ha sido muy eficaz. A tres décadas de esta operación, la unión -o fusión, incluso- de sexo y violencia era una realidad habitual en el bagaje común para explicar situaciones.

El adjetivo sexual ha sido su trasmisor. Hablamos de una operación, una estrategia y unas tácticas porque lo que dicen los análisis de este fenómeno es que ese fue el objetivo y que éste fue logrado. No es que, en sí, el sexo y la violencia vayan juntos. Es que se les ha hecho ir juntos porque así convenía al objetivo planteado. No hace falta recordar que el objetivo que se habían planteado -por decirlo de forma muy rápida- había sido llenar al sexo de toda clase de contenido impresentable.

E. Amezúa

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Preservativos con ideas

Bosch- Jardin de las delicias

Por supuesto que la educación sexual no se ha planteado nunca -al menos entre nosotros- como un dilema. Nos gusta mucho más la y griega que une y suma que la “o” que separa y excluye. Por eso siempre hemos planteado todos los métodos anti-conceptivos. Todos. Pero, justo por eso, también hemos indicado junto a la lista de estos conocidos anti-conceptivos, otra lista que es la de los a-conceptivos.

Pasan los años y seguimos con esa sorpresa. A quienes siguen el Curso breve de sexualidad les suele sorprender mucho esta idea. Están habituados a oír hablar de anti-conceptivos o a regirse sólo por estos. Y la sorpresa está en los a-conceptivos.

Se suele seguir con la creencia, muy honda, muy arraigada, de que el sexo es lo que se hace con los genitales. Pero el sexo no son los genitales. El sexo no es un sinónimo de genital. El sexo tiene su propio contenido y muchos conceptos y nociones.

Cuando sólo se usa la idea de que el sexo son los genitales, se suele pensar mucho en la penetración. Es entonces cuando vienen a cuento los anti-conceptivos. Si nos detenemos un poco en la palabra misma y en su noción, anti quiere decir que evita la posible consecuencia de una eyaculación en la vagina.

Los a-conceptivos son un poco diferentes. No son anti. Sino previos o distintos del anti. Y su noción nos lleva a pensar en un conjunto de cosas que se hacen para gusto y placer, aparte de la penetración.

Desde los clásicos llamamos a ese conjunto de cosas ars amandi o amatoria. Fue Ovidio en el año 1 de nuestra era, el que acuñó esa fórmula o expresión, esa noción. El amarse de los humanos (la amatoria o ars amandi) no es el copular para reproducirse, tal como sucede en todas las especies. La humana tiene este distintivo: que hace el amor para amarse. Y por eso, la penetración no es necesaria.

El dato fue confirmado en laboratorio cuando Masters y Johnson lo observaron en su célebre obra de 1966. Esa creencia del protagonismo de la penetración, hoy extendida de tantas formas, no corresponde con los deseos sino con la inducción de la costumbre, reforzada por otras muchas cosas.

La lista de a-conceptivos es, pues, de una utilidad previa y más básica que la lista de los anti-conceptivos. Sólo consiste en un cambio de clic que nos dice que la penetración es sólo un punto más del ars amandi. Pero ni es el único, ni, de lejos, el más apetecible. Por supuesto que ambas listas se pueden combinar. Pero algunas ventajas van aún más lejos. Los a-conceptivos no cuestan dinero, no tienen fecha de caducidad. Y no los muerde ni los pincha el gato(!).

Por eso, junto a la lista de anti-conceptivos, seguimos ofreciendo la lista de a-conceptivos que es un conjunto de gestos o actos que pueden ser más estimulantes y deseados que la manida penetración. Esto resulta una sorpresa, cuando es confundido con jergas o lenguajes viejos o trasnochados. Los clásicos no pasan nunca de moda. Y siempre nos sorprenden.

(E.Amezúa)

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¿En contra o A favor?

Postal victoriana Prevención de embarazo

Poco a poco estamos ya constatando los efectos de una generación que piensa el sexo desde los genitales. El plan fue, cuando esto se implantó, cambiar la educación sexual por la salud sexual.

Este plan tiene una ventaja muy grande. Y es que no requiere pensar el sexo. Parte de que el sexo es una práctica y no una noción o un concepto. Y como práctica debe ser sana y quien lo enseñan, es la profesión sanitaria, no el profesorado de los centros.

Hasta hace unos años, la educación sexual pertenecía al Ministerio y a las Consejerías de Educación. Llevamos ya un tiempo en que eso es materia del Ministerio y las Consejerías de Salud.

De esa forma se parte de lo urgente que es la reducción de enfermedad o de patología. Y en nombre de lo urgente ha quedado relegado lo importante que es el contenido. La educación sexual se ha reducido (si es que algo queda) a la prevención sanitaria: al sexo sano.

Cuando en el Master de Sexología nos encontramos con quienes han salido de esos planes, suelen decir que han sido engañados. En nombre de la salud y la prevención, se han hecho una idea del sexo como una práctica para evitar contagios y otros peligros. Los contenidos de la educación sexual han desaparecido.

En el proceso de modernización del sexo ha costado mucho elaborar esos contenidos, esas nociones y conceptos que ayudan a entenderse como sujetos sexuados. H.D.R, 24 años, alumna del Master de Sexología (modalidad presencial) señala: “qué bien me hubieran venido estos contenidos para hacerme una idea de sexo hace unos años, cuando yo me preguntaba tantas cosas”.

“¿Cómo retomar -añade- la educación sexual y cómo salir de esta situación en la que no hay más que normas de conducta higiénico-sanitarias? Pero la coartada de lo sano no deja ver la riqueza de los contenidos. Y se parece mucho a otras coartadas”. En efecto, hay una muy conocida que dice: yo estoy a favor de la vida y en contra del aborto. ¿Hay alguien que esté a favor de la muerte? ¿Hay alguien que esté a favor de un sexo no-sano y no-saludable?

Las actitudes de estar en contra o a favor son una cosa. Pero hay otra cosa distinta que es sobre qué se está en contra o a favor. La conversión de la educación sexual en salud sexual ha traído consigo la estadística de cifras de subidas y bajadas de conductas.

Pero hay un efecto que no está en esas columnas y que reduce el sexo a una práctica y anula lo más importante. ¿Estás en contra o a favor de la educación sexual o en contra o a favor de la salud sexual? Llegados aquí, se ha suprimido que cada cual pueda pensar y hacerse una idea por sí mismo. Se ha cerrado el debate. Y tú te callas y sigues lo que te dan.

E.Amezúa

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El origen de la fórmula

El origen de la fórmulaDesde hace algunos años se ha ido imponiendo una creencia. A fuerza de hablar del abuso y la agresión y de añadir a esos substantivos el adjetivo sexual, para muchos el sexo ya se ha vuelto eso mismo, o sea, abuso y agresión. La fórmula no es nueva. ¿Cuál es el origen de esta en particular?

Cuando se hace la historia de los años ochenta siempre se encuentra uno con esa revolución conservadora bajo el nombre de Ronald Reagan. Si nos detenemos un poco más y entramos en el sexo, salen dos fuerzas a relucir. La nueva derecha política, por un lado, y el feminismo anti-sexo por otro. Fue la revolución conservadora, así llamada, usando un oximoron que es algo más que una paradoja o una contradicción.

“Para terminar con esos enloquecidos e inmorales que destruyen nuestros valores hay que inventar una estrategia más fuere que ellos”, había dicho uno de estos líderes en una conferencia programática. No temáis usar incluso el término revolución. Y se usó con ese adjetivo que nunca había sido usado para una revolución.

“Lo que importa es parar los pies a esa moral, desacreditarla como sea -había añadido- . Con una u otra lógica, con verdades o mentiras. Sabéis bien que tenemos la verdad. Y con la verdad todo vale. Lo que sea y como sea. Adelante”. Y los tanques de pensamiento y de retórica, recién creados, se pusieron en acción.

El hallazgo de estos conservadores sobre la suciedad y la maldición del sexo no era suficiente. Estos atributos estaban ya muy desacreditados. El otro del pecado, también. Hacía falta algo más fuerte y reactivo.

Los colectivos de feministas anti-sexo que se habían adherido y que luchaban por entrar en el poder, trajeron la solución que ellos no encontraban. Y, tras un proceso para hacer la fórmula más operativa y aplicable, ésta quedó mucho más clara y, sobre todo, eficaz. Se trataba de añadir al abuso y a la agresión el adjetivo sexual.

La fuerza de aquel feminismo anti-sexo fue en este momento de mucha utilidad. Sus lemas eran muy elocuentes. Por ejemplo, “La pornografía es la teoría, la violación es la práctica”. Producían lemas impactantes. No hace falta decir que a esas dos fuerzas se unieron muchas otras. La fórmula del anti-sexo era potente.

Esa derecha de Reagan ganó las elecciones en el 81 y luego, en un segundo mandato, también hasta el 89 . Aquí habría que esperar algunos años. No muchos. Tras la experiencia norteamericana, adaptar la conversión de pecados en delitos -de lo obsceno o simplemente indecente en criminal- no fue difícil. La conversión del sexo es fuente de peligro tampoco era nuevo. Era lo que había sido bajo términos como vicio, degradación, inmoralidad, obscenidad, etc.

En algunos estudios podemos contar por muchos miles el empleo de este adjetivo. Y el mayor porcentaje de uso es el asociado con los adjetivos de abuso y agresión. Es la fórmula en USA traducida e importada aquí, como en otros muchos países.

En este momento no hacemos alusión a qué sean o no lo que indican esos términos. Sólo estamos hablando de esa fórmula basada en el uso del adjetivo sexual para cambiar la imagen y la idea de sexo. Poner ese adjetivo ha dado efectos en la vida diaria. La fórmula funcionó y sigue funcionando.

Efigenio Amezúa

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Visita al CIPPSV

En mi última visita a Caracas, he tenido la oportunidad y el gusto de visitar el Centro de Investigaciones Psiquiátricas, Psicológicas y Sexológicas de Venezuela (CIPPSV) y conocer personalmente tanto a su director, el Doctor Fernando Bianco, como a buena parte del equipo de profesionales que allí trabajan: Mónica Ortiz, Hernando Restrepo, Edison Pazmiño, Octavio Hormazábal y Ernesto Rivero. De igual forma, pude trasladar en persona los saludos y mejores deseos de Efigenio Amezúa a Fernando Bianco, pues se conocieron hace ya varias décadas en una visita de éste a Madrid.

Además de hacerme una visita guiada por el centro y sus completas instalaciones (aulas de formación, consultas profesionales, centro documental, etc.), generosamente me entregaron abundante documentación, publicaciones y guías para el Instituto Incisex, que ahora formarán parte de su fondo documental.

La sorpresa fue otra. Era martes y el equipo tenía reunión de trabajo sobre casos clínicos. Amablemente me invitaron a asistir y participar, lo que hice con sumo gusto. Tras presentarme a grandes rasgos el marco teórico desde el que trabajan en el centro, nos dispusimos a pensar sobre un caso del que otros colegas les habían solicitado su opinión.

Casualmente (luego supe que no fue casual sino un gesto de cortesía) se trataba de un asunto de ambigüedad genital por hiperplasia suprarrenal congénita que, en términos sexológicos e incluso pragmáticos, podemos nombrarlo como un asunto de “identidad sexuada” pues, guste más o guste menos y aunque sexológicamente no sea razonable, el sexo de los sujetos sexuados recién nacidos todavía se decide médicamente mediante la exploración genital directa.

Como casi siempre en estas situaciones de ambigüedad genital, la consulta se formulaba como una especie de dilema sobre si era hombre o mujer y, derivado de ello, si intervenir quirúrgica y farmacológicamente o esperar.

Como siempre en estas situaciones, me venía a la cabeza constantemente una afirmación de Amezúa: cuando el árbol de los genitales no deja ver el sexo. De hecho, se diría que esta afirmación resulta demasiado concesiva cuando, con los datos que se envían en su historial clínico para decidir, se incluyen aspectos o rasgos observados microscópicamente como los cromosomas, la presencia o ausencia de determinados genes, etc. Se podría formular entonces así: “cuando los microporos de un trocito de corteza no dejan ver el bosque del sexo”.

Lógicamente, la conversación no trataba de decidir algo sino de dialogar entre profesionales de la sexología con diferentes marcos teóricos de referencia. Similares en algunos aspectos y diferentes en otros.

Abordamos cuestiones relacionadas con dónde estaba el sexo, consecuencias de una intervención desde una atribución de sexo errónea, consecuencias sociales, familiares e íntimas relacionadas con no intervenir, si era una anomalía o un hecho de sexuación como tanto otros, de la intersexualidad y el continuo de los sexos, la conveniencia de un nombre propio válido para ambos sexos, la incompatibilidad que existe entre el hecho de la diversidad y la implacable tendencia a uniformizar los genitales, etc.

También del criterio que empleamos en Incisex: entendemos que los sujetos sexuados son del sexo que sienten ser o con el que más a gusto se sienten y, por tanto, las decisiones en la etapa neonatal sobre el sexo del sujeto (tenga éste genitales ambiguos o no) constituye básicamente un ejercicio de adivinación o estimación que es susceptible de resultar erróneo. Desde nuestra perspectiva sexológica, intervenir quirúrgica y farmacológicamente en este escenario, alejado de toda certeza, es un riesgo innecesario o, mejor dicho, temerario.

Así estuvimos dialogando distendidamente durante más de una hora, tras lo cual nos despedimos con la promesa y las ganas de seguir dialogando y compartiendo espacios profesionales. Un placer, de verdad. ¡Hasta la siguiente!

Xamu Diez Arrese

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