PARA UNA AUTÉNTICA CULTURA SEXUAL

NUEVE PRINCIPIOS BÁSICOS:

1.- Una información básica y elemental sobre los procesos fisiológicos, psicológicos y sociales de la sexualidad humana en las distintas edades.

2.- Una información que ayude a tomar conciencia de lo que implica para cada cual la sexualidad. Lo cual. Equivale a una información educativa o formativa integral.

3.- Suministrar elementos de información para que cada cual viva la sexualidad a su manera, según sus propios criterios, del modo más personal posible dentro de los condicionantes socioculturales con los que necesariamente toda persona tiene que contar.

4.- Colaborar –de las formas variadas que existen– para que las personas, en cada edad de su vida, puedan hacerse cargo de la importancia de su sexualidad y de la ajena.

5.- No se trataría de imponer normas, que son particulares de cada persona, según su propia conciencia. Si entra el ayudar y contribuir a que esa conciencia tenga elementos informativos y formativos para que pueda ser humana, consciente y lúcida.

6.- Ayudar a quienes se encuentran en dificultades o tienen problemas para que salgan de ellos. Y sugerir soluciones convenientes para ese fin.

7.- Dar algunas ideas a los padres para que, una vez que ellos vivan su sexualidad, sean capaces de educar a sus hijos. La educación sexual no se improvisa. Se vive y se hace vivir. Pero, dado el atraso que llevamos en este punto, es necesario contar con la situación que vivimos todos.

8.- Dar también  sugerencias a los educadores y profesores de centros de enseñas para que afronten este problema con serenidad, con delicadeza y franqueza. Ellos son parte muy influyente en la vida de los niños, adolescentes y jóvenes.

9.- Iluminar, analizar, investigar, para que todos comprendamos lo que, a nivel social, estamos hoy viviendo como hecho cultural y concreto.

 

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No la nombren psicóloga, please

sexologia, sexualidad, virginia johnson

La serie Masters of Sex que están emitiendo en Canal + los lunes (ya en su segundo temporada) ha enganchado a muchos seguidores. Las críticas que leemos en la prensa son muy elogiosas. Tienen motivo.

Ya lo advertimos en su día: es una serie televisiva y no un documental de historia, pero están llenas de vida y emoción. Eso es, creo, lo que engancha. Una búsqueda de vivir el sexo de manera más acorde con los deseos y menos con las formas impuestas.

El hecho de que Estados Unidos sea un país fundamentalmente puritano, desvela ese contraste entre lo que debe ser por norma y lo que puede vivirse cuando el conocimiento se pone por delante.

Lo que vemos es ese gran contraste y esa tensión en dos jóvenes investigadores que se plantean cómo pasar de una forma a la otra. O sea, insisto, de lo que han hecho del sexo a lo que se puede hacer de él.

Pero he dicho que esto es una serie y no un documental, lo que da paso a muchas libertades y sucesos que no fueron como ahí son presentados. Hay un detalle muy curioso: En las críticas se suele presentar a Virginia Johnson que es sin lugar a dudas el alma de lo que sucede, como una psicóloga.

En ningún momento la serie la presenta con ese título. Y eso es importante en primer lugar porque no lo es. Y lo más interesante: de haber sido así seguramente nos hubiéramos quedado sin las aportaciones que Masters y Jonson hicieron.

La verdad más patente es que si Virginia Johnson fuera o hubiera sido psicóloga no hubiera habido el fenómeno Masters y Johnson. Eso sí que es un indudable. Los derroteros de las investigaciones hubieran tomado otros caminos y no los que tomaron y lo que descubrieron.

Hubiera llevado las cosas -o sea. el sexo- en la dirección que lo llevaban los psicólogos. No es éste el momento ni el lugar de extenderse en esto.

Si hoy podemos disfrutar de las aportaciones de esos innovadores es porque tuvieron el coraje que tuvieron. Virginia Johnson, lo sabíamos, fue el alma de esa aventura. Pero no como psicóloga. Felizmente no lo fue, aunque siguiendo un tópico, hoy todavía en uso, se planteó serlo.

Tal vez sea ese tópico el que hoy haga a muchos darla ese título. Pero felizmente para todos no lo fue. Ese es también una parte de su atractivo.

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Gaudeamus igitur

Ahora que empieza el curso y nuevas promociones del Master de Sexología, educación y asesoramiento sexológico, nos encontramos con un conocido tema que es el de la separación entre la militancia y el conocimiento.

No. Nosotros no somos militantes por más que, en ocasiones, nos empujen o nos metan en el activismo. Tal vez resulte duro y tajante decir esto, de entrada. Decir que no somos militantes en pro de causas hoy bien conocidas, es algo que suele caer a muchos como un jarro de agria helada.

Pero, a renglón seguido, viene lo que somos -o al menos nos sentimos-. Lo nuestro es el estudio y el conocimiento. Lo nuestro son las nociones y conceptos. Este es el campo más necesitado de la Sexología hoy.

No estamos frustrados por no ser militantes. Somos conscientes de nuestros límites -muy grandes-. Se quejan los militantes de causas bien conocidas de que estamos yendo hacia atrás. Muchas subvenciones se han recortado.

Está muy claro que no son tiempos buenos. Pero hay algo muy curioso. Y es que la voluntad de estudiar esta disciplina, con todas las dificultades que tiene, se ve este año más palpable que en épocas anteriores.

No sé a qué puede deberse esto. Tengo algunas hipótesis que ni siquiera voy a plantear aquí. Pero quiero detenerme sólo en la gran demanda que hemos recibido de solicitudes.

Esta es la novedad de este curso. Y la otra novedad es el entendimiento de esa separación de militancia y conocimiento que auguran nuevos tiempos. Todos afirman que el futuro está en el conocimiento. Es ya eslogan de uso de los nuevos tiempos.

Que otros hagan bien su trabajo en la militancia, que eso es lo suyo. Lo nuestro es el estudio y el conocimiento. No es posible se parar cosas que han solido juntarse demasiado. Pero en este caso también percibo buenas vibraciones.

Y tampoco es el momento de hacer valoraciones comparativas o juicios de valor sobre esas dos tareas diferentes. Lo que sí tengo claro es que la sexología necesita avanzar en el conocimiento.

Lo mismo que tengo clara esta otra diferencia que durante años me ha costado también más de un mal entendido. Que la Sexología necesita teoría, marco teórico y conceptual. Y sin teoría no hay ciencia.

Estas nuevas promociones vienen también con muchas ganas de esto. Por eso, a pesar de las dificultades económicas… ¡Gaudeamos igitur!

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De la Física, la Estética y la Erótica

sexologia, sexualidad, eros, erotica, afrodita

Hace ya años escribí un artículo en un conocido diario titulado De la estética y la erótica. En él contaba cómo en muchas ocasiones se confunde la belleza estética con los atractivos eróticos. O mejor dicho, se considera a alguien atractivo por el hecho de ser guapo.

Sería bastante tonto que tuviera que afirmar que no tengo nada contra la belleza. Esa belleza que con frecuencia se acompaña de un adjetivo, física. Tampoco contra otras clases. El detalle curioso que quiero destacar es que -por nuestra profesión- hemos entrado en intimidades de algunos modelos de belleza. Pero para centrarnos más en el día a día, diremos de guapos y guapas.

Si analizamos estos casos y añadimos otros, hay una conclusión que surge. Y es que los atractivos eróticos no van de la mano de esas bellezas estandarizadas o tópicas que tanto suelen ser objeto de comentarios.

Un día Zeus le preguntó a Eros qué era lo que él gestionaba: Todo el mundo sabía que Afrodita era la diosa de la belleza. Y con la belleza también sumaban sus atributos que terminaban siendo de la fecundidad, sin duda por aquello de la asociación del uso de los genitales que poco a poco han ido tomándose como sexo.

Hay una larga lista de nociones que se alborotan y terminan asociando muchas cosas en esos atractivos que llevaban a la procreación como hoy llevan al placer y a todo se llama caóticamente sexo. De ahí que Afrodita (o Venus) siga yendo de la mano de Eros sin que se sepa muy bien qué pista éste o qué es lo que gestiona. Según una versión, la respuesta que le dio Eros a Zeus a su pregunta fue: “La Erótica no es ni la Estética ni la Física. Y yo lo que gestiono es precisamente la Erótica”.

Resulta muy curiosa este respuesta porque más de dos mil y pico año después seguimos aún con ese embrollo de no saber quién es Eros y qué es lo que, como dios o como concepto, -según el término que queramos elegir- cae bajo su competencia.

Si dejamos de hablar de dioses y hablamos desde conceptos, hay un contenido que parece claro cuando se trata de belleza física. También lo está cuando se trata de Estética. Pero parece que no importa mucho lo que es competencia de Eros, es decir, la erótica.

Y sin embargo -lo sabemos- en la vida de cada día (o sea, fuera del satinado o los píxeles) no es la física lo que atrae, ni el vigor, por más que lo parezca. Ni esa belleza que se lleva cantidades de Euros en millones. El secreto de Eros está en que sin ser fuerte o típicamente guapos hay quienes crean unas complicidades de atractivos muy apañados.

No tiene nombre grande ni comercial. Y sin embargo, esos apaños suelen ser lo que más gusta a muchos. El número uno en la escala de deseos, la letra alfa. Y dan ganas de decir algo que es mejor no decirlo en alto para que cada cual lo diga como quiera en su intimidad.

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Novedades sin ruido

sexologia, sexualidad, mapa hecho sexual humano

Hay una serie de nociones y conceptos que forman el marco teórico de la Sexología. Son fórmulas que resumen o nos permiten abreviar o resumir su cuerpo teórico. Por ejemplo, el hecho de ser sexuado como línea conductora, central, troncal.

La sexología no es una suma de asuntos higiénicos o sanitarios que crean problemas. Lo son. Pero si se ven sólo desde un punto de vista sanitario, la respuesta también será lo conocido.

Si la sexología usa un cuerpo teórico distinto es porque se pregunta cosas distintas y busca explicaciones distintas a cosas que otros siguen oyendo iguales y atendiendo de la misma forma que hace mucho tiempo.

Lo que hace que una disciplina sea interesante y aporte es justamente sus preguntas centrales. Y las preguntas centrales no son las infecciones de transmisión genital que están bien resueltas o por qué se tienen embarazos no deseados.

Lo interesante es por qué los sujetos son sexuados y cómo entrar hondo en este dato con toda una serie de consecuencias que se siguen de él. Entre otras, esta: por qué los deseos se producen entre sujetos sexuados y por ser sexuados.

Muchos siguen hablando de causas físicas o psíquicas o sociales y siguen orillando qué es ser sexuados y cómo esa clase esa episteme nos da explicaciones muy distintas, así como formas muy distintas de intervenir en las dificultades de las que se quejan. Pero estas palabras no sólo son distintas. Es que apuntan a realidades que no entran en esas otras de lo físico o psíquico o social. Porque se trata de una fórmula nueva que plantea todo de otra manera. Es lo propio de una disciplina.

La sexología de los últimos cien años ha llegado a un punto álgido. Que ésta se siga menos o más es otra cuestión. Pero los datos son los datos. Y entre los grandes adquisiciones de la primera y segunda generación de sexólogos está esa constatación del hecho de ser sexuados que explica muchas cosas que han tratado o tratan de explicarse por otras vías.

Poco a poco, haciendo poco ruido y las más de las veces al margen de lo que brilla, la oferta teórico- práctica de la que hoy disponemos es modestamente capaz de explicar sin necesidad de recurrir al criterio de lo normal/anormal, muchas cosas que siguen aún por esa vía de la enfermedad o la patología.

Puede que el mayor logro de estas generaciones sea, al fín, hacerse con un mapa del hecho sexual humano, sin tener que recurrir al vicio, al delito o la patología.

Algo que, de por sí, nos lleva a pensar que el recorrido hecho ha valido la pena.

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Un mensaje distinto

Soy consciente de que esto que voy a afirmar puede no ser entendido. Y a pesar de ello me arriesgo, cuidando de decirlo lo mejor que pueda. Se trata de un tema muy sensible para todos como es la muerte de mujeres a manos de sus parejas y ex-parejas.

La realidad es muy dura. Y las medidas que se están aplicando no ofrecen especiales resultados. Esa es la impresión de mucha gente sino también de estudiosos que afinan en sus análisis. No voy a insistir mucho más en estos detalles. El mensaje que quiero añadir es un cambio en esas políticas y prácticas.

El planteamiento de esta otra vía es anterior al comienzo de estas estrategias que se han seguido en los últimos años. Y es este planteamiento el que toma más fuerza ante el escaso resultado de éstas.

El objetivo es el mismo: reducir o aminorar desgracias. Es la estrategia la que no es la misma. Resumir esta estrategia no es lo que me propongo en esta ocasión. Pero sus grandes líneas se basan en un planteamiento teórico en el que las diferencias entre los sexos no sólo son signo de confrontación sino de diversidad. Y en la diversidad puede darse una convivencia que no ha sido tenida en cuenta ni trabajada.

La otra gran base de esta estrategia se basa más en el conocimiento de los deseos de quienes conviven que en sus obligaciones impuestas. A estas dos estrategia no lleva una epísteme que no ha sido considerada con seriedad.

Lo diré de forma rápida mediante la formulación del sexo como un valor. Se ha usado el hecho de ser sexuados para ser negado o considerado como fuente de peligros. La afirmación del sexo como valor no es nueva. Pero en las últimas décadas la hemos trabajado con especial consideración.

Sobre estos planteamientos teóricos indicados, hay una muy práctica que es la programación de clases de educación sexual en los colegios e institutos. No me refiero a charlas, sino a un conocimiento del sexo como valor. No hace falta indicar que un valor es algo, de por sí, apetecible. Un valor no se impone, gusta y atrae.

Las experiencias llevadas a cabo desde estos planteamientos ofrecer resultados que permiten entrever otro horizonte. A los alumnos de colegios e institutos les gusta esta educación sexual. Y la idea de los sexos que ahí se plantea no es de confrontación sino de atracción.

Si digo esto respecto a esta educación sexual es porque lo hemos vivido. Las estrategias no son tanto de lucha contra estereotipos sino la oferta de otras claves que permiten acercarse más a lo que atrae. La educación sexual de la que hablamos (que es la que hemos trabajado durante las últimas décadas) consiste más en ofrecer ideas que normas.

De ese postulado o axioma se desprenden otros que conocen muy bien quienes han pasado por el Master de Sexología: educación y asesoramiento sexual. A estos me refiero.

Con estas líneas mi objetivo ha sido ofrecer un mensaje. Y éste, por usar un eslogan, podría ser resumido en que podemos disminuir esa lacra social de la violencia entre parejas o ex-parejas. No hace falta repetir que soy consciente del objetivo. Si alguien lo considera exagerado, yo no. Modestamente podemos ofrecer algo distinto.

E.Amezúa

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Deseos en época de Derechos

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Felicitamos sin reservas la época de los derechos. Hemos podido hablar de floración de derechos a todos los niveles. Pero… (Pero o sin embargo son conjunciones adversativas) pero nuestro trabajo necesita ir aún más adelante sobre una dimensión humana que, en la historia, sólo ha merecido rechazos.

Los derechos son derechos. Los deseos son las sensaciones y afectos, emociones y sentimientos que viven los individuos y que con mucha frecuencia no sólo han sido estigmatizados como vicios sino perseguidos sin contemplación.

Ni siquiera vamos a invocar aquí lo que podría ser el derecho a desear, uniendo derechos con deseos. Lo que plantean los deseos es algo que, en muchas ocasiones no siguen la misma lógica de los derechos. Si los derechos suelen ser claros y rectos, los deseos siguen más bien líneas curvas y sinuosas.

No se puede hablar de atracción o de seducción en líneas rectas. Tampoco se puede resolver en un “tienes derecho a seducir”. O “tienes la obligación de dejarte seducir”

Dicho de otra forma: los derechos siguen la vía de la Ley mientras que los deseos, a su vez, siguen la lógica de Eros.

Por cierto, en la historia, Eros ha sido contrapuesto con mucha frecuencia a unas leyes por una serie de motivos. Y en la actualidad hay otros motivos para mantener o incrementar esa situación.

No quisiera detenerme en detalles. Sólo afirmar cómo las leyes actuales se dedican más a perseguir muchas manifestación de los deseos eróticos. Cómo la ley envía sus agentes a la mismísima esfera de la intimidad. Cómo convierte indicios en pruebas a través de una rebuscada manera de “vigilar y castigar”.

La expresión es de Foucault y recuerdo muy bien su detención en una y otra palabra cuando las pronunciaba en sus clases para explicar la multiplicación de los discursos sobre el sexo como forma de estar presente y controlar hasta las situaciones más mínimas e insospechadas.

Si en épocas anteriores la represión había sido clara -seguía Foucault diciendo- en nuestros días se ha hecho secreta y espectral, asfixiante como el castillo de Kafka. El ejemplo más claro podría ser la persecución por todos los medios de formas que el poder no puede tolerar. No me refiero a formas peculiares sino a la simple seducción que es el ritual más sencillo de la reciprocidad de los deseos.

Hay muchas organizaciones en pro de los derechos. Hay pocos colectivos que se hagan presente por su estudio de los deseos. Hay mucho discurso sobre la persecución de la violencia y sus formas. Y en muchas ocasiones esas formas se sitúan encima de los deseos, tomando estos como formas de abuso o de agresión.

Los derechos ya tienen quien les escriba. Los deseos siguen sin tener quien los estudie, si no es para erradicarlos o anularnos. Como si por definición fueran inductores de delito. Nos alegramos de celebrar la fiesta de los derechos de las últimas décadas. Pero no se vive sólo de derechos. Se vive, sobre todo, de deseos. Y podría suceder que, a fuerza de ir todos rectos, terminemos por olvidarnos de las curvas.

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La noción de espera erotizada

sexología, erotismo, seducción, sexualidad

“Quiero todo y lo quiero todo ya”. Esa suele ser la formulación de un lema que indica prisa y apresuramiento. Y que no conoce la noción de espera ni la de espaciación o merodeo.

La lógica de Eros es todo lo contrario a esa lógica de querer todo ya. La lógica de Eros -el erotismo- se detiene y merodea. Juega, disfruta, se regodea. Y vuelve de nuevo. Y de nuevo se detiene y vuelve.

“No te quites toda la ropa que me gusta verte así”.. “No vayas tan deprisa, que quiero saborear esto poco a poco”. Son frases que suenan para indicar simplemente esa lógica de los deseos. Al contrario, más que de deseos, muchos hablan de pasión. Y de pulsión o furia. Y luego de control. Curiosamente a la pasión, el deseo suele moverse por segmentos. No pierde la línea, la recorre paso a paso.

Eros es un daimon que va y viene. A veces irrumpe, pero esa irrupción es solo una forma de aviso de que él está ahí. Pero sus formas son lentas y de fondo. Eros no es precipitado, no es apresurado.

La seducción nace y crece lentamente. Y el placer de esa lentitud reside precisamente es ese arte. El arte de amar no opera a golpes sino gota a gota. Decir esto en la Era de la Prisa y del consumo compulsivo puede resultar algo extraño. Pero es que Eros -el erotismo- no es un producto de consumo sino otra cosa distinta.

El erotismo no es producto del mercado sino de los deseos. Claro que el mercado usa los deseos para transformarlos en productos. Pero eso es otra noción muy distinta que los ansiosos comerciales ponen en el lugar propio de la otra.

El mercado se mueve por esloganes agresivos. El erotismo se fabrica -se cuece a fuego lento. Se suele dar por hecho que, como estamos en la Era de la Prisa, ese otro erotismo tiene que adaptarse a esto. Pero no está nada claro que eso pueda probarse. Tener que adaptarse es una norma. Pero los deseos no suelen seguir normas, tienen su propia lógica. Y la siguen.

La noción de espera erotizada o la erotización de la espera es una de los más clásicos axiomas de la Sexología dentro de la seducción y el encuentro de sexos. Ha habido muchos intentos de ir contra ella, de eliminarla, de confundirla con normas morales o legales, con creencias.

Pero sigue ahí, fresca y atractiva. Las interpretaciones que se hace de ella, según modas o épocas, ha dado pié a toda clase de comentarios. ¿Qué tiene esa noción que tanta materia ofrece? Tiene una cosa que no tienen otras nociones: que está hecha de la materia más fresca, los deseos eróticos.

(Esta nota está dedicada a M-L. V. que me recordó que yo había planteado esta noción en una obra escrita hace ya tiempo. “Es en Teoría de los sexos: la letra pequeña de la Sexología -dijo-. En la parte dedicada a la Erótica”. No he logrado encontrarlo. Y en lugar de buscar más, he escrito esto que espero que coincida. Gracias).

[E. Amezúa].

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¿Sexo y violencia?

sexo y violencia

Al hablar tanto de agresiones sexuales y de abusos sexuales se suele dar por hecho un hecho que sexo y violencia, sexo y abuso, sexo y agresión son dos conceptos fundidos y que van juntos. La aplicación del adjetivo sexual a tantas cosas que huelen o saben a patología -decíamos hace ya mucho tiempo- se tiene la impresión de que el sexo es un familiar más de las anomalías.

Y mucho antes, decíamos también que al usar el adjetivo sexual para hablar de vicios y deshonestidades, se tendía a mezclar el sexo con esa cadena semántica fue durante siglos “los pecados contra el sexto mandamiento”. Este sexto mandamiento, habitual en la moral tradicional, decía: “no fornicar”. Era la noción que explicada a los niños equivalía a “no hacer cosas feas y malas” o no caer en pecados de lujuria.

Se diría que todo esto ha quedado ya muy lejos. Y que esas cosas feas y vergonzosas, por definición, se han acumulado en ese vocablo tan de uso como es el adjetivo sexual, ese comodín que la moda ha convertido no sólo en un cajón de sastre en el que todo se revuelve sino en algo de otro orden.

A falta de otras epistemologías, hay una que suele ocuparlo todo que la moral. Cuando decimos moral queremos decir lo que la misma palabra indica: los usos y las mores.

Hace varias décadas, concretamente en 1982, unos grupos norteamericanos, conocidos como anti-sex pusieron en circulación una estrategia global, basada precisamente en el uso del sexo para ir contra el sexo.

Y la táctica más importante que emplearon fue la de fundir en una sola familia de significado esas ramas, de hecho tan distintas.

Cuando analizamos estas distintas ramas o familias de significado y sentido vemos que, por decirlo muy rápido, son mundos muy distintos. Se trata de dos conceptos que tienen muy poco que ver unos con otros. La táctica de estos grupos consistió en hacer uno de todos ellos.

El uso del lenguaje fue clave como técnica en esta operación. El análisis detenidos da el efecto de expresiones, de fórmulas léxicas, de formulaciones semánticas, etc. Todo ello resulta complejo en el análisis. Pero el resultado final ha sido muy eficaz. A tres décadas de esta operación, la unión -o fusión, incluso- de sexo y violencia era una realidad habitual en el bagaje común para explicar situaciones.

El adjetivo sexual ha sido su trasmisor. Hablamos de una operación, una estrategia y unas tácticas porque lo que dicen los análisis de este fenómeno es que ese fue el objetivo y que éste fue logrado. No es que, en sí, el sexo y la violencia vayan juntos. Es que se les ha hecho ir juntos porque así convenía al objetivo planteado. No hace falta recordar que el objetivo que se habían planteado -por decirlo de forma muy rápida- había sido llenar al sexo de toda clase de contenido impresentable.

E. Amezúa

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Preservativos con ideas

Bosch- Jardin de las delicias

Por supuesto que la educación sexual no se ha planteado nunca -al menos entre nosotros- como un dilema. Nos gusta mucho más la y griega que une y suma que la “o” que separa y excluye. Por eso siempre hemos planteado todos los métodos anti-conceptivos. Todos. Pero, justo por eso, también hemos indicado junto a la lista de estos conocidos anti-conceptivos, otra lista que es la de los a-conceptivos.

Pasan los años y seguimos con esa sorpresa. A quienes siguen el Curso breve de sexualidad les suele sorprender mucho esta idea. Están habituados a oír hablar de anti-conceptivos o a regirse sólo por estos. Y la sorpresa está en los a-conceptivos.

Se suele seguir con la creencia, muy honda, muy arraigada, de que el sexo es lo que se hace con los genitales. Pero el sexo no son los genitales. El sexo no es un sinónimo de genital. El sexo tiene su propio contenido y muchos conceptos y nociones.

Cuando sólo se usa la idea de que el sexo son los genitales, se suele pensar mucho en la penetración. Es entonces cuando vienen a cuento los anti-conceptivos. Si nos detenemos un poco en la palabra misma y en su noción, anti quiere decir que evita la posible consecuencia de una eyaculación en la vagina.

Los a-conceptivos son un poco diferentes. No son anti. Sino previos o distintos del anti. Y su noción nos lleva a pensar en un conjunto de cosas que se hacen para gusto y placer, aparte de la penetración.

Desde los clásicos llamamos a ese conjunto de cosas ars amandi o amatoria. Fue Ovidio en el año 1 de nuestra era, el que acuñó esa fórmula o expresión, esa noción. El amarse de los humanos (la amatoria o ars amandi) no es el copular para reproducirse, tal como sucede en todas las especies. La humana tiene este distintivo: que hace el amor para amarse. Y por eso, la penetración no es necesaria.

El dato fue confirmado en laboratorio cuando Masters y Johnson lo observaron en su célebre obra de 1966. Esa creencia del protagonismo de la penetración, hoy extendida de tantas formas, no corresponde con los deseos sino con la inducción de la costumbre, reforzada por otras muchas cosas.

La lista de a-conceptivos es, pues, de una utilidad previa y más básica que la lista de los anti-conceptivos. Sólo consiste en un cambio de clic que nos dice que la penetración es sólo un punto más del ars amandi. Pero ni es el único, ni, de lejos, el más apetecible. Por supuesto que ambas listas se pueden combinar. Pero algunas ventajas van aún más lejos. Los a-conceptivos no cuestan dinero, no tienen fecha de caducidad. Y no los muerde ni los pincha el gato(!).

Por eso, junto a la lista de anti-conceptivos, seguimos ofreciendo la lista de a-conceptivos que es un conjunto de gestos o actos que pueden ser más estimulantes y deseados que la manida penetración. Esto resulta una sorpresa, cuando es confundido con jergas o lenguajes viejos o trasnochados. Los clásicos no pasan nunca de moda. Y siempre nos sorprenden.

(E.Amezúa)

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