¿En contra o A favor?

Postal victoriana Prevención de embarazo

Poco a poco estamos ya constatando los efectos de una generación que piensa el sexo desde los genitales. El plan fue, cuando esto se implantó, cambiar la educación sexual por la salud sexual.

Este plan tiene una ventaja muy grande. Y es que no requiere pensar el sexo. Parte de que el sexo es una práctica y no una noción o un concepto. Y como práctica debe ser sana y quien lo enseñan, es la profesión sanitaria, no el profesorado de los centros.

Hasta hace unos años, la educación sexual pertenecía al Ministerio y a las Consejerías de Educación. Llevamos ya un tiempo en que eso es materia del Ministerio y las Consejerías de Salud.

De esa forma se parte de lo urgente que es la reducción de enfermedad o de patología. Y en nombre de lo urgente ha quedado relegado lo importante que es el contenido. La educación sexual se ha reducido (si es que algo queda) a la prevención sanitaria: al sexo sano.

Cuando en el Master de Sexología nos encontramos con quienes han salido de esos planes, suelen decir que han sido engañados. En nombre de la salud y la prevención, se han hecho una idea del sexo como una práctica para evitar contagios y otros peligros. Los contenidos de la educación sexual han desaparecido.

En el proceso de modernización del sexo ha costado mucho elaborar esos contenidos, esas nociones y conceptos que ayudan a entenderse como sujetos sexuados. H.D.R, 24 años, alumna del Master de Sexología (modalidad presencial) señala: “qué bien me hubieran venido estos contenidos para hacerme una idea de sexo hace unos años, cuando yo me preguntaba tantas cosas”.

“¿Cómo retomar -añade- la educación sexual y cómo salir de esta situación en la que no hay más que normas de conducta higiénico-sanitarias? Pero la coartada de lo sano no deja ver la riqueza de los contenidos. Y se parece mucho a otras coartadas”. En efecto, hay una muy conocida que dice: yo estoy a favor de la vida y en contra del aborto. ¿Hay alguien que esté a favor de la muerte? ¿Hay alguien que esté a favor de un sexo no-sano y no-saludable?

Las actitudes de estar en contra o a favor son una cosa. Pero hay otra cosa distinta que es sobre qué se está en contra o a favor. La conversión de la educación sexual en salud sexual ha traído consigo la estadística de cifras de subidas y bajadas de conductas.

Pero hay un efecto que no está en esas columnas y que reduce el sexo a una práctica y anula lo más importante. ¿Estás en contra o a favor de la educación sexual o en contra o a favor de la salud sexual? Llegados aquí, se ha suprimido que cada cual pueda pensar y hacerse una idea por sí mismo. Se ha cerrado el debate. Y tú te callas y sigues lo que te dan.

E.Amezúa

Facebooktwitter

El origen de la fórmula

El origen de la fórmulaDesde hace algunos años se ha ido imponiendo una creencia. A fuerza de hablar del abuso y la agresión y de añadir a esos substantivos el adjetivo sexual, para muchos el sexo ya se ha vuelto eso mismo, o sea, abuso y agresión. La fórmula no es nueva. ¿Cuál es el origen de esta en particular?

Cuando se hace la historia de los años ochenta siempre se encuentra uno con esa revolución conservadora bajo el nombre de Ronald Reagan. Si nos detenemos un poco más y entramos en el sexo, salen dos fuerzas a relucir. La nueva derecha política, por un lado, y el feminismo anti-sexo por otro. Fue la revolución conservadora, así llamada, usando un oximoron que es algo más que una paradoja o una contradicción.

“Para terminar con esos enloquecidos e inmorales que destruyen nuestros valores hay que inventar una estrategia más fuere que ellos”, había dicho uno de estos líderes en una conferencia programática. No temáis usar incluso el término revolución. Y se usó con ese adjetivo que nunca había sido usado para una revolución.

“Lo que importa es parar los pies a esa moral, desacreditarla como sea -había añadido- . Con una u otra lógica, con verdades o mentiras. Sabéis bien que tenemos la verdad. Y con la verdad todo vale. Lo que sea y como sea. Adelante”. Y los tanques de pensamiento y de retórica, recién creados, se pusieron en acción.

El hallazgo de estos conservadores sobre la suciedad y la maldición del sexo no era suficiente. Estos atributos estaban ya muy desacreditados. El otro del pecado, también. Hacía falta algo más fuerte y reactivo.

Los colectivos de feministas anti-sexo que se habían adherido y que luchaban por entrar en el poder, trajeron la solución que ellos no encontraban. Y, tras un proceso para hacer la fórmula más operativa y aplicable, ésta quedó mucho más clara y, sobre todo, eficaz. Se trataba de añadir al abuso y a la agresión el adjetivo sexual.

La fuerza de aquel feminismo anti-sexo fue en este momento de mucha utilidad. Sus lemas eran muy elocuentes. Por ejemplo, “La pornografía es la teoría, la violación es la práctica”. Producían lemas impactantes. No hace falta decir que a esas dos fuerzas se unieron muchas otras. La fórmula del anti-sexo era potente.

Esa derecha de Reagan ganó las elecciones en el 81 y luego, en un segundo mandato, también hasta el 89 . Aquí habría que esperar algunos años. No muchos. Tras la experiencia norteamericana, adaptar la conversión de pecados en delitos -de lo obsceno o simplemente indecente en criminal- no fue difícil. La conversión del sexo es fuente de peligro tampoco era nuevo. Era lo que había sido bajo términos como vicio, degradación, inmoralidad, obscenidad, etc.

En algunos estudios podemos contar por muchos miles el empleo de este adjetivo. Y el mayor porcentaje de uso es el asociado con los adjetivos de abuso y agresión. Es la fórmula en USA traducida e importada aquí, como en otros muchos países.

En este momento no hacemos alusión a qué sean o no lo que indican esos términos. Sólo estamos hablando de esa fórmula basada en el uso del adjetivo sexual para cambiar la imagen y la idea de sexo. Poner ese adjetivo ha dado efectos en la vida diaria. La fórmula funcionó y sigue funcionando.

Efigenio Amezúa

Facebooktwitter

Visita al CIPPSV

En mi última visita a Caracas, he tenido la oportunidad y el gusto de visitar el Centro de Investigaciones Psiquiátricas, Psicológicas y Sexológicas de Venezuela (CIPPSV) y conocer personalmente tanto a su director, el Doctor Fernando Bianco, como a buena parte del equipo de profesionales que allí trabajan: Mónica Ortiz, Hernando Restrepo, Edison Pazmiño, Octavio Hormazábal y Ernesto Rivero. De igual forma, pude trasladar en persona los saludos y mejores deseos de Efigenio Amezúa a Fernando Bianco, pues se conocieron hace ya varias décadas en una visita de éste a Madrid.

Además de hacerme una visita guiada por el centro y sus completas instalaciones (aulas de formación, consultas profesionales, centro documental, etc.), generosamente me entregaron abundante documentación, publicaciones y guías para el Instituto Incisex, que ahora formarán parte de su fondo documental.

La sorpresa fue otra. Era martes y el equipo tenía reunión de trabajo sobre casos clínicos. Amablemente me invitaron a asistir y participar, lo que hice con sumo gusto. Tras presentarme a grandes rasgos el marco teórico desde el que trabajan en el centro, nos dispusimos a pensar sobre un caso del que otros colegas les habían solicitado su opinión.

Casualmente (luego supe que no fue casual sino un gesto de cortesía) se trataba de un asunto de ambigüedad genital por hiperplasia suprarrenal congénita que, en términos sexológicos e incluso pragmáticos, podemos nombrarlo como un asunto de “identidad sexuada” pues, guste más o guste menos y aunque sexológicamente no sea razonable, el sexo de los sujetos sexuados recién nacidos todavía se decide médicamente mediante la exploración genital directa.

Como casi siempre en estas situaciones de ambigüedad genital, la consulta se formulaba como una especie de dilema sobre si era hombre o mujer y, derivado de ello, si intervenir quirúrgica y farmacológicamente o esperar.

Como siempre en estas situaciones, me venía a la cabeza constantemente una afirmación de Amezúa: cuando el árbol de los genitales no deja ver el sexo. De hecho, se diría que esta afirmación resulta demasiado concesiva cuando, con los datos que se envían en su historial clínico para decidir, se incluyen aspectos o rasgos observados microscópicamente como los cromosomas, la presencia o ausencia de determinados genes, etc. Se podría formular entonces así: “cuando los microporos de un trocito de corteza no dejan ver el bosque del sexo”.

Lógicamente, la conversación no trataba de decidir algo sino de dialogar entre profesionales de la sexología con diferentes marcos teóricos de referencia. Similares en algunos aspectos y diferentes en otros.

Abordamos cuestiones relacionadas con dónde estaba el sexo, consecuencias de una intervención desde una atribución de sexo errónea, consecuencias sociales, familiares e íntimas relacionadas con no intervenir, si era una anomalía o un hecho de sexuación como tanto otros, de la intersexualidad y el continuo de los sexos, la conveniencia de un nombre propio válido para ambos sexos, la incompatibilidad que existe entre el hecho de la diversidad y la implacable tendencia a uniformizar los genitales, etc.

También del criterio que empleamos en Incisex: entendemos que los sujetos sexuados son del sexo que sienten ser o con el que más a gusto se sienten y, por tanto, las decisiones en la etapa neonatal sobre el sexo del sujeto (tenga éste genitales ambiguos o no) constituye básicamente un ejercicio de adivinación o estimación que es susceptible de resultar erróneo. Desde nuestra perspectiva sexológica, intervenir quirúrgica y farmacológicamente en este escenario, alejado de toda certeza, es un riesgo innecesario o, mejor dicho, temerario.

Así estuvimos dialogando distendidamente durante más de una hora, tras lo cual nos despedimos con la promesa y las ganas de seguir dialogando y compartiendo espacios profesionales. Un placer, de verdad. ¡Hasta la siguiente!

Xamu Diez Arrese

Facebooktwitter