Amairany Cruz ha preguntado hace 2 años

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Estoy mintiendo, bastante agotada, mareada, con la cabeza vacía y feliz después de otra sesión fetichista de frenesí enérgico y frenético con los nuevos juguetes de la sex shop. Las sábanas están retorcidas y arrugadas, alrededor y entre nosotros. Nuestros cuerpos están calientes y cubiertos de un brillo liviano mientras nos acostamos parcialmente uno sobre el otro, sin estar seguros de dónde termina uno y comienza el otro.
Mis ojos están cerrados, pero se abren para la tranquilidad de su presencia, todavía allí, todavía conmigo, sosteniéndome, acariciando intermitentemente y haciendo ruidos de amor. Siento que quiere más, más de mí y más, solo más. Yo también, a pesar de las mareas de letargo físico contra el que mi lujurioso apetito lucha. Él se acerca y me pone la mano en la garganta, los dedos se cierran alrededor de mi garganta. Su susurro gruñendo, cerca de mi oreja, ‘Quiero que te corras para mí. Como así, ahora mismo…
Reacciono, amando las reacciones involuntarias de mi cuerpo, así como mi creciente necesidad, provocando que los zarcillos de pasión que antes bajaban se prendan y estallen en llamas una vez más. Él aprieta contra mí entonces, su otra mano sosteniendo un vibrador de varita mágica en mi clítoris, sobre mi coño, bailándolo una y otra vez, luego agresivamente sosteniéndolo contra mi clítoris una vez más. La barra separadora Fetish Fantasy, facilita los movimientos de su mano  a través de mi clítoris se atrapa y el dolor solo sirve para aumentar mi apresuramiento hacia esa luz orgásmica. Adoro nuestros productos nuevos de la sex shop.
Sus dedos se cierran, como vicios, alrededor de mi garganta. Estoy a la deriva… atrapado en ese mar de necesidad, dividido entre la necesidad instintiva de respirar y sacrificar eso por él. Jadeando, farfullando cuando puedo, tomando trozos de aire cuando quiera y me lo permite, confiando en que me alimentará lo suficiente como para permanecer consciente.
Mi mente se deja libre y clara, borrando todo menos la estimulación insistente en el centro de mi necesidad de alcanzar el máximo, el orgasmo, obedecer, complacer. Él quiere esto de mí, y puedo lograrlo. Quiero esto, él mirará. Él me dice con esa voz suave, pero firme y clara, así es como será.
Siento que me derrumbo por ese borde… justo en ese punto él ahoga todo el aire y caigo en el pozo aparentemente interminable de explosiva, caótica, espina dorsal y sensación de chisporroteo que termina con los nervios.
Finalmente me recupero lo suficiente, abro los ojos. Él me ha liberado… Él sonríe. Le devuelvo la sonrisa. Esperando que vayamos lo más pronto posible por más a la sex shop.

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