LAS DOS GRANDES FUERZAS VITALES

Sexualidad y trabajo

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A lo largo de las distintas etapas por las que pasa una pareja en sus años de vida en común, encontramos dos constantes, que son como quicios sobre los cuales gira la vida: la sexualidad y el trabajo.

La sexualidad es la razón suprema por la que una pareja hacen su vida junta. No creemos que sea necesario a estas alturas decir lo que entendemos por sexualidad y que no es, ni mucho menos, lo que ha solido pensarse. Cuando falla esta piedra angular, la pareja amenaza ruina y se desmorona. Lo mismo que cuando falla el trabajo. Y entendemos por trabajo no solamente un puesto de chupatintas en cualquier rincón, sino la realización personal en una acción.

No tiene por qué extrañar que muchas parejas vivan crisis y problemas. La sexualidad y el trabajo –tal y como lo estamos entendiendo- fallan con mucha frecuencia. Cuando fallan del todo es el desastre, cuando fallan levemente es la crisis o el acopio de dificultades. Dada la poca importancia que suele darse a estos dos factores –en su sentido más hondo- muchas parejas se vuelven nerviosas «porque no saben qué les pasa». Y, sin embargo, conocemos que, por un lado u otro, todos los conflictos y problemas pueden ser enfocados y resueltos desde ahí.

La socioeconomía influye en la vida de la pareja y ésta influye en aquella. Ambas llevan a cabo la realización de aspiraciones y de deseos. Ambas llevan a cabo dimensiones de valores y de trascendencia. La vida se ve de muy distinto modo cuando estas cosas van bien que cuando van mal. El «espíritu» –y sus valores- se ven y se viven también de muy diversa forma. Nunca nos casaremos de insistir sobre esto.

Hay etapas en la vida de la pareja en que todo empieza y hay otras en que todo declina. Entre ambas tenemos que situar las otras, en las que todo se encuentra en crisis o en cambios. Cada pareja puede muy bien pensar esto con detenimiento, y estamos seguros de que pueden llegar a ver sus «sus problemas» de una forma más comprensible. Es inútil buscar fantasmas causantes de la desdicha conyugal. Es inútil y evasivo. No es el destino, sino la vida. Y la vida está hecha de todo esto, girando sobre esos dos goznes claves.

La ilusión de los comienzos hace que muchas cosas marchen sobre ruedas. La desilusión posterior da con bastantes contrastes. Las decepciones en la realización personal y en la realización conyugal son pivotes importantes. A medida que pasan los años, podemos ver cómo el carácter se agria y la convivencia se resiente. Si miramos al fondo de las anécdotas, nos damos cuenta de que en esa pareja faltan dimensiones de categorías, enfoques realistas y realizaciones que han ido acumulando frustraciones. Vemos en otras parejas cómo la alegría de vivir viene de la conjunción de estos elementos.

Algunas parejas viven mucho de las frustraciones compensadas con anécdotas gratificantes. En ciertas etapas de la vida, estas frustraciones aumentan y las gratificaciones disminuyen más visiblemente. De ahí la importancia de una filosofía del vivir, de un enfoque que la vida y de una capacidad de compartir esa vida en pareja. Con estos ingredientes una pareja puede ir muy bien pase lo que pase. Esas dos personas se ayudarán mutuamente a pasar dificultades. Pero ambos necesitan tener –como decimos- un enfoque realista y una buena filosofía del vivir. A esto puede llamarse madurez personal y garantía de felicidad conyugal, perdurable, etapa tras etapa.

 

Efigenio Amezúa (Sexólogo)

Convivencia Sexual (1978)

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