Los miedos de la masturbación 

por Efigenio Amezúa Ortega

Tanto el hombre como la mujer están hechos para estar y vivir juntos. Convivir indica compartir. La masturbación ha solido verse siempre como la exclusión del otro. Y, sin embargo, vemos que muchos hombres y mujeres utilizan la masturbación en momentos y circunstancias ocasionales sin que ello diga en menos a la convivencia sexual. Más aún, los datos que hoy nos revela la sexología están indicando que la ausencia de masturbación puede ser -y es de hecho- una amenaza a la convivencia sexual equilibrada.

Somos conscientes de lo que estamos diciendo. He aquí algunos hechos: la masturbación femenina es un fenómeno de erotización que permite a la mujer tomar conciencia de su cuerpo, escucharle, conocerle, saber cómo es, qué desea…en una palabra -si queremos decirlo de una forma muy manida- saber cuál es el potencial erótico que puede compartir. Ni la sexualidad masculina ni la femenina pueden ser compartida sin antes ser conocidas. El hombre que “se retiene por respeto a su mujer” no está muy lejos de “utilizarla como cloaca de descargue”. La mujer que “se reserva para su marido” no está muy lejos, por su parte, de esperar al príncipe encantado que la despierte o al macho que la viole.

Si viéramos la sexualidad de un modo más humano, más convivencial, más nuestra, seríamos también capaces de ver que la masturbación dista mucho de ser “un acto feo, grosero y sucio”. Eso han solido pensar muchas mujeres que, después de cuatro, cinco y más años de convivencia en pareja, vienen a quejarse de “no sentir nada”. Eso mismo hemos visto en muchos hombres que padecen de eyaculación precoz o rápida.

Sería necesario decir algo muy serio y que, por ahora al menos, puede resultar chocante para algunos. Vamos a decirlo pidiendo que se piense en ello dos veces antes de juzgar. Helo aquí : se ha vivido la masturbación siempre desde un ángulo negativo. La masturbación es un hecho masivo. ¿por qué no vivirlo como corresponde a personas humanas? El valor de la sensualidad compartida radica en lo que cada persona es capaz de poner por sí misma.

Estamos muy lejos de pensar -como hace siglos- que el coito en la pareja “servía también para remedio de la concupiscencia”. Lo que aquí estamos apuntando -aunque a muchos cuesta comprenderlo- es justamente una ética sexual de la convivencia en su más hondo y básico sentido.

Vaya nuestro mejor y más sincero deseo de que el hombre y la mujer -de cualquier edad y condición- puedan vivir su cuerpo alegremente, lúcidamente, como corresponde a personas autónomas y libres, con ganas de vivir y de dar un sentido a su vida y a la de otros.

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