Saber vivir el erotismo

Saber vivir el erotismo

Una clave nueva: Cultivar el atractivo erótico. Un hombre y una mujer -hemos dicho muchas veces desde estas mismas páginas- son personas sexuadas y no pueden no serlo. Ser sexuado es tener una capacidad que, explotada y cultivada, da la vivencia y la dimensión erótica. Saber cultivar esta dimensión y saber manifestarla y percibirla en reciprocidad es saber seducir, atraer y agradar. No es ningún crimen ser agradable. Solamente una filosofía maniquea o jansenista ha sido capaz de condenar la vida y sus dones. No es ningún vicio ser consciente de los dones y valores que se tienen. Solamente una mentalidad roma puede oponerse al cultivo de estos valores.

Erotizar la vida y erotizar el cuerpo, erotizar los sentidos y la relación humana solamente ha podido ser maldecido por una religión desconfiada y desconfiante de los encantos que tienen las personas. Se ha ensalzado hasta las nubes los valores del espíritu. Pues ahí está un valor de espíritu: el sentido erótico. Lo mismo que el sentido estético, lo mismo que el sentido de la bondad humana, la solidaridad, la gratitud. Ahí está, pues, el sentido de la erótica humana. ¿O es que la erótica puede ser reducida -por usar la frase célebre- a copular como bestias?

EL VALOR DE ENTENDERSE HOMBRE-MUJER

No se ha presentado nunca una visión coherente y humana, digna -si es humana tiene que ser digna- del hombre y la mujer.

La formación y el cultivo de la erótica entran en nuestra vida lo mismo que en otros tiempos entró la formación del espíritu cívico o patriótico. Hay que reconocer el gran valor que tiene en la vida el entendimiento del hombre y la mujer. Superado las etapas preventivas, luchadoras y de defensas coercitivas, viene el reconocimiento de este valor, de este nuevo sentido. ¿Cómo será entonces el modo o los modos de seducción?

RECONOCERSE AMBOS ATRACTIVOS

El hombre y la mujer serán capaces de reconocer que ambos son atractivos el uno para el otro. Y podrán reconocerlo sin sentirse culpables de ello. Para los criterios de una humanidad más cultivada y más humana es una realidad. No vamos a jugar aquí a ser profetas. Pero lo que sí es cierto es que, a medida que la sexualidad va siendo más personalizada y coherente con la vida de cada cual, se van descubriendo estos matices que en otro tiempo podrían parecer extraños. Es necesario decir que el hombre y la mujer -como sujetos de convivencia- son atractivos el uno para el otro. Cada cual será quien descubre los suyos como cada cual es quien da sentido humano a esta capacidad hermosa de la convivencia. No queremos con esto hacer concesiones a una libertad sexual publicitaria o callejera. Queremos simplemente invitar a una delicadeza humana digna de todo cultivo.

E.Amezúa

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